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AÑOS LUZ



Es curioso como a medida que uno crece y acumula años los sueños parecen más inalcanzables, es como si el tiempo se hubiera comprimido de golpe y entonces por mucha prisa que te dieras estuvieran más y más lejanos, algo así como esas estrellas que parecen cercanas cuando los ojos se vuelven hacia al azul celeste pero que en realidad están a millones de años luz,  quieres recorrer millones pero tú ni siquiera tienes un año luz.

Las vacaciones de Navidad me dejaron en una especie de crisis existencial, los momentos en que uno tiene tiempo de pararse resultan terribles porque no tienes más remedio que escucharte y a veces lo que escuchas no es lo que querías oír, como si en ti convivieran varios yos y cada uno tuviera una opinión contradictoria, hay yos que se imponen y  mantienen a los yos discordantes en un rincón, pero a veces los yos dominantes descansan y entonces esos yos más reales, más disconformes, menos a gusto, empiezan a gritar.

Siempre he tenido una animo un tanto bipolar, nada que roce lo patológico, pero a veces me gusta sumergirme en la melancolía, ver las hojas de los árboles caer y un cielo iluminado de gris ceniza con una extraña neblina que me nubla los ojos y me hace ver todo más lento, más en pausa, en definitiva más triste. Dos días antes de volver a trabajar, no fui capaz de levantarme de la cama, me quedé tumbada contemplando el mundo a través de mi tableta, mientras Mito me miraba como si fuera una actitud de lo más normal el refugiarse debajo de dos mantas y esperar a que el mundo se detuviera. Volver me parecía algo terrible, sumergirme otra vez en el día a día, en una cabeza loca y yo sin energía.  Se me caían los lagrimones sin saber bien bien el por qué.

No sé muy bien cómo he llegado aquí, ni cómo se ha ido construyendo mi vida, dicen que todo depende de las decisiones que tomamos, pero a veces esas decisiones no son más que casualidades.

Vi sin parar doramas, una palabra recién aprendida que me encanta, en realidad no son más que series coreanas y japonesas.  En una de ellas una chica se pasaba toda la vida enamorada de un chico que era un genio, ni siquiera necesitaba estudiar para sacar matrículas de honor. Él nunca le dio muchas esperanzas, pero al final, las circunstancias y la vida, hizo que acabaron los dos enamorados, ella mucho más que él, hasta el punto que aprovechando sus capacidades él se hace médico y ella impulsada por querer ayudarle en todo, enfermera. Me pareció tan típico que me hirió. Y recordé cuando era joven y quería estudiar medicina y mi desastrosa actitud hacia la selectividad sólo por el hecho de que siempre en la vida todo me había salido bien, y luego pensé en que ahora sería imposible, que no soy como ese genio, que estudio sin parar a todas horas y a penas recuerdo un 1%, y me sentí mediocre y mayor. Uno siempre quiere hacer las cosas lo mejor posible, sobre todo si trabajas con personas. Pensé en como una chispa tan minúscula como una serie tonta de amor romántico había encendido una hoguera dentro de mí y me había transportado a decisiones del pasado y a la perdida de la confianza en mí misma.


Después volvió la rutina y los yos coherentes y dominantes volvieron a meter a los otros yos en el rincón y mi ánimo volvió a salir a flote, aunque la sombra de esos años luz que se me escapan sigue presente. Es extraño que a veces el miedo no dependa de lo que nos asusten los  otros si no de nosotros mismos, a veces me angustia más que se me pierda el tiempo que estar aprovechándolo. 

Comentarios

PENSADORA ha dicho que…
¡Hurra por la crisis de la mediana edad!

A mí me pasa algo parecido toooodas las navidades.... te voy a ofrecer mi frase favorita para estos casos "nunca es tarde para nada". No sé de dónde la saqué, pero un día la leí y/o escuché en alguna parte y desde que cumplí los cuarenta es mi inspiración.

Te diré también que hay un concepto que utilizan mucho los cristianos: RESIGNACIÓN. Y aunque no soy religiosa, lo utilizo porque la realidad es que nos hacemos mayores y con ello disminuyen algunas capacidades, pero otras aumentan, sólo hay que buscarlas.

Disfruta de la rutina Rebeca, es la mejor protección, pero para nada dejes de hacer aquello que te apetezca... el esfuerzo valdrá la pena.

Y por último (que pesada estoy hoy): tienes derecho a descansar días enteros y a llorar mares si te apetece. Como cualquier humana.

¡Salud!
Rebeca ha dicho que…
tienes razón Pens, es sólo que a veces parece que todo pase demasiado rápido, pero habrá que tirar de resignación. Creo que todos nos esforzamos por disfrutar, y esos parones, también necesarios que tú defines como derecho, supongo que nos sirven para darnos un toque de atención, para ver si de alguna manera aún podemos hacer mejor las cosas o cambiar decisiones.
Muchas gracias

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