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UNA BODA DE MÁS


He estado en desconexión voluntaria durante 3 semanas, aunque hablar de desconexión en nuestros tiempos es casi un imposible. Mientras me sentaba en una terraza dejándome calentar por el sol en un país muy muy lejano, de cuyo nombre siempre querré acordarme, no paraba de ojear el correo con miedo a que las cosas evolucionaran tan rápido que me hubiera perdido el tren.  Creo que me estoy volviendo una adicta al trabajo y en parte eso me hace sentir culpable y me satisface. Lo que siempre hablamos de las contradicciones que se encierran en cada uno de nosotros, personalidades múltiples que actúan en un momento determinado pero que otro día ni aparecerán.

Reflexioné mucho sobre mis problemas, hay quien rompe con todo para empezar de nuevo, se marcha a otros países, pero yo he comprobado y he escrito muchas veces, que vayas donde vayas tu maleta vendrá contigo, las soluciones no esperarán en la siguiente parada, sólo tus acciones intencionadas podrán conseguir calmar al corazón y adiestrar a la razón para ser más eficaz y más sana. Lo otro son sólo distracciones.

Pensé en la amistad en cómo se diluye muchas veces sin más, y en el concepto de los Amarillos de Albert Espinosa, por suerte, he tenido muchos y todos vinieron un tiempo, me enseñaron y ya no están, y cuando trato de recuperar aquello sé que no tiene ningún sentido, la vida te proporciona lo que hace falta en cada momento.

Hace mucho tiempo empecé a salir con gente nueva, después de unos cuantos bailes, mojitos y risas, las salidas se convirtieron en una rutina pero mi sinceridad me llevó a decir que nuestra relación era extraña porque en realidad nada nos unía, no éramos amigas (no basado en el concepto que yo tengo) pero la soledad que sentíamos nos había provocado un lazo de conveniencia en el que todos nos beneficiamos. Beatriz me miró sorprendida y me dijo: “olvídate, ya somos amigas.” Será como el Principito y su rosa o su zorra, unos cuantos días de encuentros y ya resultan especiales, ya no son ni cualquier rosa ni cualquier zorra.

El tiempo pasó, más o menos 7 años, y la vida fue cambiando progresivamente y yo me comprometí con Mito y con toda la ilusión del mundo creé invitaciones para aquellas amigas de causalidad, aunque Angustias que también estaba en aquel grupo se convirtió en una real y me felicitó mil veces y empezó a buscar vestidos y zapatos como loca para la ocasión y planificó cosas y me dijo que me quería mucho, tanto como yo a ella,  pero fue diferente cuando la tarjetita cayó en manos de Beatriz, su cara me transmitió el mensaje pero durante semanas fue incapaz de decirme que no quería venir hasta que a través de Angustias, me llegó el mensaje y yo le escribí para librarla de la pesadilla. 

Le dije que no se preocupara, que la había invitado porque pensaba que después de tantos años era lo justo pero que no tenía ningún compromiso conmigo, pero algo se rompió, o tal vez algo me devolvió a la realidad, no es que me importe especialmente, pero aquella frase del pasado que me había dicho me había hecho creer en la falsa ilusión de que éramos amigas, y al pasar los años y ver que algo que era importante para mí fuera de una fiesta en un estúpido bar era un incordio para ella , me dejo claro que yo tenía razón, que mi instinto no se equivocaba y que a veces somos incapaces de librarlos de relaciones tóxicas, no sólo pasa con las parejas, pasa con la gente, las mantenemos sin sentido en nuestra vida, esperando conseguir quizás algo especial.

Luego pienso en las Amarillos, y que quizás Beatriz haya sido uno de ellos,  pues me ha enseñado que las personas egoístas se quedan solas y que la amistad como el amor tiene muchos matices y que a veces lo llamamos amistad cuando queremos decir conveniencia o miedo a la soledad.  


Comentarios

La Chica del Té ha dicho que…
Hola de nuevo!
Es un gusto volver a leerte. Pues sí, muy buena reflexión, a veces llamamos amistad a cosas muy vacías. También lo comentaba yo en una entrada: amigos para salir de copas, amigos para tomar unas cañas, amigos para "tal o cual"... Pero vamos, que amigos, pues no son. Simplemente son personas con las que circunstancialmente compartes tu tiempo, pero para poder llamarse amistad hay que compartir más cosas. Tiene que haber, como bien dices, "amor" (y eso ya es más difícil que ocurra).
Lo bueno es que, aunque te haya pasado esto, parece que no ha sido una desilusión muy grande para ti, porque inconscientemente ya sabías lo que había.
Por cierto! Vaya blog más fashion que te has marcado jajaj.
Un saludo muy grande!
Rebeca ha dicho que…
CHICA DEL TÉ todo el mérito fashion es de blogger, creo que tocaba ponerse un poco primaveral.
Pues más de acuerdo no podemos estar, a veces llamamos amigos a cosas muy variadas pero que no lo son, quizás habría que hablar seriamente con la REal Academía de la Lengua y que se invente más palabras, no sé podría ser algo así como: mi limasoledades, mi risipandi mis faranduleros... , y tienes razón, no es decepción lo que siento si no confirmación de lo que ya sabia.

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