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HOY ESTÁS RADIANTE


A veces las cosas no son de otro planeta son mucho más terrenales. En ese momento me enfado conmigo misma y lo único que desearía es vivir en una realidad paralela, invento fantasías, mundos aparte en que las cosas son fáciles, sencillas y todo fluye.

Me pregunto si soy como esa señora que visitaba esta mañana, a veces se enfada conmigo cuando ve que miro con impaciencia el reloj después de estar allí más de media hora, no entiende que no es la única a la que atender, que voy con prisas, que entiendo su soledad pero no me puedo convertir en una amiga de tardes de conversaciones o de mediodías de intercambios de palabras.

No hace mucho me dijo: “ya te lo encontrarás, ya veo que tú eres de esas que abandonas a sus mayores, pero te harán lo mismo, ya veo que no quieres escucharme, vete, vete.”, y todo eso con tanta rabia, que me hizo preguntarme porque tenía que soportar ese tipo de reacciones, ella no me conoce, probablemente yo tengo mucho más  información de su vida: sé lo que come, como respira, duerme e incluso aunque suene extraño como y cuando va al lavabo. Y también conozco el lado más profundo, sus relaciones y su depresión crónica.

Hoy me ha abierto la puerta con una sonrisa, tenía uno de esos días buenos, me ha dicho: “por fin está aquí la niña.” Niña de casi 40 años he pensado, pero dejemos que a los 90 me sigan viendo juvenil. Luego zalamera me ha dicho que estaba guapa, antes de entretenerme con más de media hora de conversación vacía. Ella misma se sincera y reconoce que si me hubiera abierto la puerta ayer, la cosa hubiera sido distinta, un péndulo en su cerebro insistía en ir de un lado para otro haciéndole sentir una ansiedad que conoce, conoce profundamente, supongo que en esos momentos lo que se manifiesta es la rabia. Casi se me echa llorar en el portal  mientras trataba de despedirme, y aun así, hoy me ha dado las gracias, hoy no era día de enfadarse conmigo, si no de quererme.


Pues así debo ser yo: días de gloria y de pena, los de pena los empiezo a disimular cada vez más, los de gloria parecen ser los que siempre se manifiestan. Pero cuando vuelve esa pena me siento extraña, muy extraña, incapaz de pensar, de razonar, de pensar, de valorar lo que tengo y por suerte, por mucha suerte, es un ratito, justo el ratito en que abro los ojos, vuelve otro día y siento diferente. Aunque ella no lo crea, la entiendo mucho más de lo que piensa. 

Comentarios

Pilar V ha dicho que…
Hoy me han tocado muy cerca tus palabras, quizás porque el péndulo se detiene más de la cuenta en el lado oscuro.

Un beso
La Chica del Té ha dicho que…
Ese péndulo... sí, le conozco. Todos le conocemos, yo creo.
Todos estamos hechos de la misma pasta; es bien sabido y oído que todo el mundo tiene sus días "buenos" y sus días "malos". El problema es que cuando se entra depresión, parece que todo se vuelve irreversiblemente gris.
En algún otro post he leído que eres enfermera; entiendo que no es vuestro trabajo estar de cháchara con los pacientes. Pero es una realidad como un templo que hay un vacío muy grande que está ahí, y que muchas veces es llenado por voluntarios que visitan a pacientes (bien sea de residencias, pacientes oncológicos, o pacientes que en general llevan mucho tiempo hospitalizados... bueno, tú lo sabrás mejor que yo), o bien por algún profesional sanitario que, sin ser su trabajo, escucha y empatiza, aunque solo sea durante unos minutos.
Qué difícil es encontrar un equilibrio en todas estas situaciones. Pienso que en unos aspectos nuestra sociedad está evolucionadísima, y en otros aspectos nos vamos deshumanizando poco a poco. Nos tenemos que adaptar a un modelo nuevo y desconocido, a una mayor esperanza de vida, a cada vez más personas con discapacidad... En fin, ¡qué te voy a contar que tú no sepas!
Buena reflexión!
Rebeca ha dicho que…
PILAR V. es difícil mover el péndulo, pero nunca deben faltar las fuerzas para intentar estar mejor, mejor y mejor o al menos que los malos días sean menos malos y más llevaderos.

CHICA DEL TÉ, sí "es una realidad como un templo", muchas veces lo hablo con mis compañeros, desde que cada vez hay más ateos y la gente no se confiesa, necesitan un lugar donde hacerlo, muchas veces ese lugar en la consulta, lo que menos le interesa a la gente es que le tomes la tensión, lo que más aliviar lo que llevan dentro, y los escuchamos, y aunque sólo tenemos diez minutos por persona muchas veces se convierten en media hora, aún a costa del enfado de los que están esperando. Y a ella la escucho también, en ocasiones he estado una hora allí, pero nunca le parece suficiente y en los días malos no me trata bien, y trato de tirar de la empatía para minimizar las cosas, pero a la gente se le olvida que detrás del profesional también hay personas, con días mejores y peores, con sus propios problemas, y que a veces no es por ellos, es por nosotros que ese día no puedes escuchar lo suficiente. La solución de mi "pendulera" ha sido contratar una señora por las tardes a parte de la que tiene por las mañanas, para tener alguien con quien hablar, es triste pero al final ha tenido que comprar compañía. Vivimos una época en la que teniendo de todo nos sentimos más vacíos que nunca, las religiones le daban un sentido a la vida, aunque también hayan hecho mucho daño, la filosofía se ha apartado de nosotros y todo nos parece un mero paso para no llegar a nada y crece: la ansiedad, la soledad, la depresión...problemas ante los cuales aún andamos buscando la solución.
Perfida Canalla ha dicho que…

Es muy difícil no enfadarse cuando estás solo y las personas parecen tener una vida intensa que te recuerda lo que tuviste (o pudiste tener y se te paso).
Yo creo que de mayor también seré un poco cascarrabias ¿no?

Por cierto soy Pérfida
Un saludo coleguita
Rebeca ha dicho que…
PERFIDA no creo que en este caso sea eso, aunque también, a veces nos da rabia que los demás sean felices y nosotros no. Ella tiene vaivenes de animo que el prozac no cura desde hace muchos años. Creo que lo más difícil en medicina es curar el animo porque no depende de la fuerza externa si no de la propia fuerza interna de cada uno. Conozco un montón de maduritos de más de 70 años que para nada son cascarrabias, al revés, me tienen robadito el corazón, je,je. Así que no te adelantes, no todos acabaremos protestando por todo y pensando que ya nada tiene sentido.

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