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COMO NO SER FELIZ EN ALASKA (CAMBIESE POR ANDORRA)


Eran las 7 de la mañana cuando salimos camino de Andorra, Mito se había pasado dos semanas maldiciendo mi idea de llevarlo a esquiar y yo me había sentido altamente decepcionada por lo incapaz que es de disimular cuando algo le desagrada, la sinceridad está altamente valorada, lo ha dicho Wilde y cualquiera con un poco de sentido común, mentimos, mentimos continuamente, mis pacientes mienten, confirmo la teoría del Dr.House, así que no entiendo porque Mito insiste en ser sincero cuando le preguntó sobre cosas en las que quiero que mienta.

Mi amiga Angustias también se sumó a la aventura, decía que tenía pendiente ese sueño en su lista de cosas por hacer, el año pasado fue montar en bicicleta y ahora le quedará aprender a nadar, tiene pánico porque se cayó con 4 años en una piscina y casi se ahoga.

Salimos tarde, Angustias llegó tarde y todo pareció precipitarse desde ese momento, el GPS nos llevó a un lugar que no era, cuando conseguimos encontrar la pista de esquí, que creíamos que era la acertada,  eran las once y media y teníamos contratada una clase particular a las 11, la chica que nos dio el forfait nos explicó que arriba encontraríamos a la monitora, así que subimos al teleférico y disfrutamos del paisaje, pero en la escuela nos dijeron que no era allí, teníamos que conducir otra media hora … Mito pareció refunfuñar y enlentecer el tiempo para no tener que caerse sobre la nieve una vez tras otra y yo me enfadé, me enfadé mucho, diciéndome a mí misma que le faltaba espíritu, a pesar de que por complacerme en eso de no perder tiempo conducía con los pies descalzos para no perder minutos pasando por la tienda de alquiler a recoger nuestros zapatos. Llegamos a la otra estación cuando apenas quedaban diez minutos de la clase que habíamos contratado y a los pies de una pequeña montaña reposaba la cabaña de la escuela, así que me lance cuesta abajo con los esquís mientras Angustias y Mito intentaban bajar andando.  Expliqué nuestra perdida y lo que nos había costado llegar hasta allí, mientras la chica poco interesada me miraba condescendiente y me sugería pagar por otra clase, le dije que esperaría a Mito y Angustias y entre los 3 decidiríamos, pero el tiempo pasó, primero diez minutos, luego veinte, treinta, cuarenta, y ninguno de los dos parecía dispuesto a aparecer. Corrí a la montaña y no los vi y mis peores temores empezaron a alimentarse, me maldije por haberme adelantado, ni siquiera tenía cobertura en el móvil, estaba en otro país, y el corazón se aceleraba con cada minuto que pasaba.

Me senté frente a la chica de recepción y empecé a pensar, a pensar mucho, en que aquel había sido un día terrible, que todo había empezado mal y acababa mal, y sólo tenía ganas de llorar y me sentía sola, como cada vez que mi madre me había dejado esperando largas horas porque se había olvidado de recogerme.  Sólo podía pensar que lo mío había sido una mala idea, una malísima idea.

Volví a envolverme en el anorak y caminé a trompicones con las botas, y de repente vi a Angustias buscándome que me sonrió de oreja a oreja y se me lanzó a los brazos, me explicaba que la profesora les había hecho diez minutos de clase, la había encontrado bajando,  estaba emocionada, veía la nieve y estaba feliz, verborreica  sólo tenía ganas de contarle a su familia que por fin estaba allí, y yo lloraba rabiosa. Me dijo que Mito estaba preocupado, que creía que me había marchado, y yo me preguntaba a mí misma como me podía presuponer tan mal carácter. Maldije el día y le dije a Mito que había sido uno de los peores de mi vida y entonces me miró muy serio y me dijo: “entonces realmente has tenido mucha suerte en la vida.”


Me quede pensando en Angustias y como había conseguido ser feliz aunque sólo fuera por lanzarse dos veces por una pista de debutantes, todo le había encantado; y en Mito, y lo que me había dicho acerca de mi suerte. Realmente fui yo la culpable de hacer de aquel día un día triste, por negarme a ver lo bueno, por ser catastrofista, por querer que todo fuera de acuerdo a mis expectativas, por no querer siempre de forma incondicional,  lo único que me exime de mi misma es que sigo intentándolo, sigo aprendiendo a mejorar mis defectos: cada día, cada minuto y cada segundo, aunque en algunas cosas la piedra siempre está en el camino. 

Comentarios

Claire ha dicho que…
A mi en muchas ocasiones me pasa lo mismo que a ti. Las expectativas que nos hacemos son la ruina de todo. La frase de Mito sobre tu suerte en la vida me ha gustado mucho. Cuando nos hundamos por cosas que realmente no tienen importancia deberíamos recordarlo.
Besos y feliz finde!!
Pilar V ha dicho que…
Me resulta sencillo ponerme en tus botas, pero es cierto, hay que aprender a dejarse llevar, a disfrutar de lo que se presenta por muy diferente que sea a lo que habías preparado, pero no es sencillo.
Un beso
Rebeca ha dicho que…
CLARIE creo que deberíamos ser menos expectantes con la realidad. De la frase de Mito me quedo en que cada vez que me pongo negativa me hace sonreír.

PILAR V. parece que a todos nos hace cojear el mismo mal, queremos que las cosas sean perfectas y las cosas tienen su propio ritmo, forma y manifestación, y nuestra capacidad de adptarnos es la que nos ayuda a ser más o menos felices.

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