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CADENAS QUE SÍ/NO QUEREMOS ROMPER


"Nos conocimos hace muchos años ya. Demasiados. Al principio he de reconocer que me dabas miedo, de hecho, mis primeros contactos contigo fueron muy tímidos y con un cierto sentimiento de estar haciendo algo prohibido. Poco a poco fuimos estrechando nuestra relación hasta volvernos inseparables. Hemos vivido muchos momentos juntos, más de la mitad de mi vida la he compartido contigo. Has estado presente en los acontecimientos más importantes, y cuando has faltado, te he buscado desesperadamente. Pero creo que ha llegado el momento de decirnos adiós. Por una parte con tristeza, sé que me va a costar rehacer mi vida sin ti: Tomar un simple café sin tu compañía, buscarte en los malos momentos, disfrutar de una buena comida sin tu presencia, tomar una cerveza y no tenerte entre las manos, salir del trabajo, tras varias horas sin verte, y prescindir de ti.
Pero me he dado cuenta de que tu "amistad" conlleva muchos peligros, quizás los años me han dado la madurez y las perspectiva necesaria para ser consciente de esos peligros que antes relativizaba. Así que a partir de ahora, porque quiero disfrutar de quienes me quieren muchos años y que ellos disfruten de mí, tengo que decirte adiós y espero que para siempre.”
Reflexionaba sobre estas palabras con ojos como platos, convencida de que algún amante de aquellos que no merece la pena encontrar se habían cruzado en la vida de aquella pobre mujer, a la que leyendo las frases se le atragantaban los sonidos y necesitaba hacer pausas para convencerse de que la decisión era firme. Incluso yo misma notaba los ojos empapados por el sentimiento que parecía desprenderse de semejante despedida. La realidad era otra, un amor más letal, pero sin cuerpo ni personalidad.

Me llevé las manos a la ropa y acaricié mi tarjeta identificativa, el uniforme me demostraba que el contexto no hablaba de desamores, o tal vez sí, la gestora del grupo lo había llamado un mal amigo, algunos habían pasado con él más años que con sus parejas y parecía que la tristeza les inundaba al ver que se acababa. Aprendemos a darle un valor irrenunciable a cosas que son capaces de perjudicarnos y creemos que la felicidad no es posible fuera de ellas. Pensaréis que exagero pero los discursos de aquel grupo y sus creencias me confirmaron que era así: consideraban que no fumar era aburrido, como sí los no fumadores estuvieran condenados a la más terrible de las tristezas. El tabaco incapaz de hacer nada por sí mismo, se había convertido en el eje de sus vidas hasta el punto de escribirle una carta de despedida en la que estallaban sentimientos que se podrían equiparar al duelo por alguien muy querido. Respeto las adiciones de cada uno, pero me sorprenden las excusas elaboradas que creamos para justificarnos, y esas necesititis que Santandreu tanto subraya, necesititis que sin quererlo a veces nos llevan al abismo. 

Comentarios

Pilar V ha dicho que…
Las adicciones no son sencillas de superar, por ridículas que puedan parecer a quien no las padece, raros somos....
Rebeca ha dicho que…
no, a mí no me parece sencillo superar ninguna adicción, tal vez no me he explicado suficientemente bien, lo que quería resaltar es que acabamos incluso personalizando y tratando esa adicción como un mal amigo que nos ha acompañado en las penas y las alegrías.
si creyera que es fácil no nos esforzaríamos sin para en buscar métodos que ayuden a cambiar hábitos a las personas.
Bettie Orte ha dicho que…
Hola Rebeca!!!! Hace mucho que no escribo y ya va siendo hora de volver a plasmar mis emociones y pensamientos aquí, en mi blog.

Un abrazo, guapa!

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