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QUERIDO WILDE, IRREVERENTE OSCAR



Wilde, Wilde, Wilde…quitemos una “e” y serías tan salvaje como siempre te he imaginado, a pesar de morir solo y pobre, tu grandeza literaria fue capaz de poner las cosas en su sitio.

He recordado tu “De profundis” y los desplantes de Lord Alfred Douglas Bosie que a pesar de su mediocridad para la poesía, se atrevió a bromear de tu epístola con “In Excelsis”. Nunca entendemos los amores de los demás, y este tuyo, que te hizo perdonar, a pesar de que la conclusión de la nota: “A Oscar Wilde que alardea de sodomita” fuera tu encarcelamiento en Reading, ha sido aún menos comprensible para mí, pero es que la incoherencia  vista por las miradas externas, nada tiene que ver con el sentimiento que nos transporta y nos hace vibrar a pesar de lo perjudicial que sepamos que resulta para nosotros. Cada uno conoce su historia, esa es la conclusión.

Yo que busco la felicidad y reniego de los enredos con la tristeza, me quedo con las argumentaciones de tu carta en la que poco importan los placeres materiales, unas letras que analizan el significado del dolor, donde reconoces que el hombre se encuentra de verás a sí mismo cuando cae de rodillas y confiesa sus pecados. Y es que debe ser verdad eso de que debemos caer hasta el fondo para volver a remontar, renovados y mejores, gran cambio el que sufrió mi autor más irónico, el que me ha hecho estallar con las risas interpretando: La importancia de llamarse Ernesto o el Abanico de lady Windermere.

Sabes Oscar, en el 2016 todo hubiera sido distinto, Bosie y tú os habrías besado bajo una farola, te habría roto el corazón y habrías ido en busca de otro dandy más interesante, pero entonces la vida no te hubiera dado la oportunidad de caer de rodillas y confesar tus pecados, aunque ahora me escandalice que ser homosexual fuera tu único delito, quizás eso te ha convertido en mejor persona.


De 1900 a 2016 ¿De verdad cambiaron tanto nuestras culturas, nuestros valores y nuestras preguntas sobre el sentido de la vida?

Comentarios

Pilar V ha dicho que…
Es interesante tu pregunta de cierre, es cierto que sobre algunas cosas en algunos lugares de la tierra la visión ha cambiado hasta el extremo de que sea muy difícil comprender la cerrazón del pasado. El desplazamiento de la religión como fiel de la balanza nos permite una libertad que era impensable hace realmente poco tiempo.

Ahora no sé si compartir la afirmación de que es preciso el crisol del dolor y la pérdida para alcanzar la mejor versión de uno mismo, me gusta pensar que la realidad es que hay quien es capaz de tocar fondo para subir más alto, casi hasta donde hubiese llegado sin la condena al infierno, pero quizás tengas razón y una vida sin pérdida impediría esa fuerza imprescindible para ir un poco más allá.
Un saludo
Rebeca Raya ha dicho que…
Es cierto que ciertos ejes han dejado de dominar nuestra vida, pero las inquietudes del ser humano, a pesar de las diferencias de siglos, siguen siendo las mismas.
Sobre la segunda parte, quizás sea mi experiencia personal la que me hace pensar, como a Oscar Wilde, que las experiencias más duras son las que más nos enseñan porque nos obligan a encontrar a otro "uno mismo" para sobrevivir.
Rebeca Raya ha dicho que…
Es cierto que ciertos ejes han dejado de dominar nuestra vida, pero las inquietudes del ser humano, a pesar de las diferencias de siglos, siguen siendo las mismas.
Sobre la segunda parte, quizás sea mi experiencia personal la que me hace pensar, como a Oscar Wilde, que las experiencias más duras son las que más nos enseñan porque nos obligan a encontrar a otro "uno mismo" para sobrevivir.
Palmoba ha dicho que…
Me inclino a pensar como Rebeca Rayda....hay ejes que ya no dominan nuestras vidas...pero no nos engañemos, los siguen dominando otros.
Y si tambien creo que las experiencias mas duras, como a Wilde, aunque hay que padecerlas y sentirlas son las que nos enseñas a encontrarnos a nosotros, a nuestros limites y a ampliarlos tambien, a ser mas fuerte y sobrevivivir. Para seguir viviendo.
Rebeca ha dicho que…
Creo que al final estamos condenados a replantearnos continuamente nuestros valores. Medirlo todo en términos de bien y mal, ha limitado nuestras visiones y a hecho que establezcamos generalidades que no siempre son adecuadas.
En el fondo siempre rodea la misma pregunta: ¿cuál es el sentido de todo esto?, y es entonces cuando hecho de menos a la filosofía que estaba antes que la religión.
Wilde cambió drástricamente y muchos hemos cambiado gracias al dolor.

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