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HECHOS INCONEXOS


La noticia no es de hoy, si no del principio de la semana, pero me ha resultado cuanto menos curiosa.

No la conocía o tal vez sí, al fin y al cabo, intercambiamos el mismo espacio físico y el mismo aire al respirar, aunque ella ni siquiera se diera cuenta de mi presencia y yo no pudiera evitar mirar las fotos horripilantes de sus carteles con niños deformados y me dijera a mí misma cómo una gallega había podido acabar en aquella parte del mundo, resignada a librar una batalla silenciosa como Gandhi, con poco efecto, pero con una presencia que removía conciencias.  Seguramente su gorro contra rayos electromagnéticos la hacía inmune a todo. Al menos, a todas las conspiraciones que pudieran venir desde la Casa Blanca,  conspiraciones que su mente había ido dibujando y sospechando durante años, igual que cuando le quitaron la custodia de su hija.

Y de repente ya no está, Conchita Picciotto un buen día dejó de estar parada delante de la casa presidencial vendiendo piedras de la paz y agitando carteles contra el “no a la guerra”. Yo en aquellos años también tenía una mente turbulenta, Washington se había convertido en el último sueño de una mujer que pretendía ser romántica, probablemente también ya más cerca de la paranoia y del insano juicio que nos provoca la falta de experiencia. Paseando junto alguien con el cual existía ya más distancia que otra cosa, pero agarrada a la esperanza de que él dejara que la historia empezará de nuevo, tan perfecta como yo quería que fuera. Y sabéis qué, que como Conchita tampoco está, ni tampoco estaba, las dos vivíamos en un sueño poco real, las dos habíamos decidido que la intemperie nos fuera marcando la cara, de formas distintas, ella más físicamente, y yo más mental, pero ahí estábamos intentando provocar un cambio, el cumplimiento de un deseo, el suyo por si no ha quedado claro, primero fue recuperar a su hija, luego que pararan las guerras. El mío abandonó esa lucha hace tiempo, entendiendo que hay causas más importantes y respetando que a ella le diera todo el sentido a su vida.

He intentado recuperar aquel momento, aquella foto que le hice a Conchita desde la distancia, intrigada por sus diminutas formas y la santa paciencia, y lo extraño, es que han desaparecido los recuerdos de aquel viaje, de aquel desencuentro que me hizo abrir tanto los ojos. No recuerdo si borré las fotografías, sólo que la desaparición de Conchita me ha recordado, que desde aquel día, jamás he vuelto a perder el tiempo, y que ahora si llueve me pongo a cobijo.

A veces hechos inconexos provocan estallidos en tu mente.


Comentarios

  1. Son curiosas las vinculaciones que establece nuestra mente, mezclando recuerdos en principio dispares, creo que sin contar con nosotros avanza la síntesis de lo que con suerte, más adelante seremos capaces de ver.
    Un saludo

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  2. Sí, algo así, como pequeñas señales que te marcan caminos que no acabas de ver hasta que no pasa el tiempo.

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  3. oh Rebeca!! para mi son SIEMPRE!! los hechos inconexos los que dan los estallidos a mi mente, los que como un relampago de en medio de la nada me hacen saltar en contra direción hacia una claridad que no discernia...que voy hacer soy asi..

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  4. Me parece genial PALMOBA porque esos estallidos, a mí, me hacen pensar, que existe la magia, que hay leyes no escritas, que desconocemos, pero intuimos, que nos enseñan como funciona todo.

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