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Mostrando entradas de septiembre, 2015

SERVILLETAS

Mala costumbre eso de irme a dormir enfadada, y encima sólo por expectativas que no se cumplen o intentos de que la realidad sea como yo quiero y no como es, sabiendo que si me enfado la culpa es exclusivamente mía.
Esto es lo que tenía esta mañana encima de la mesa escrito en una servilleta:
“me encantaría que te enfadaras menos, pero si no puedes te quiero igual.”
Creo que lo he entendido: El amor que no intenta cambiar es el único que funciona.
Y dos, ese tipo de permisividad tiene sus efectos: intentaré no enfadarme más.
Enseñanza tres: las servilletas son como palomas mensajeras “querido X, te dejo la comida preparada, espero que tengas un buen día. TQ. Mua.”

¿ME DARÍAS LA MANO SI FUERA NEGRA?

Esta semana está de moda el éxodo del pueblo sirio, noticias y noticias sobre cómo la gente huye por salvar su vida, algo nada extraño teniendo en cuenta que es lo que ha hecho el hombre a lo largo de toda su historia, simplemente tratar de sobrevivir.
Pienso en que haría yo si España entrará en guerra, si sería tan valiente para dejarlo todo, y caminar kilómetros y kilómetros, muerta de hambre, de frío, de sed, tal vez enferma. Y me recorre un escalofrío des del tobillo hasta la oreja.
Oigo argumentos de la doctrina del miedo a la diferencia,  del miedo a que se rompa nuestro bienestar: que los recursos son limitados, que no sabemos quién puede entrar en el país, que no podemos acogerlos a todos…argumentos que piensan en cifras: la mayoría, casi todos, el 90%... Y resulta que esos argumentos los tengo cerca y me entristece, quizás mis ideas no sean mejores que las de otra persona, pero entender la realidad de formas distintas me hace pensar que en realidad no andamos en paralelo.
Tener…

LOS LIMONES DIERON PARA UNA JARRA ENTERA DE LIMONADA

2da parte de SI EL LIMÒN TE TOCA

Al final el  limón me tocó y se hizo limonada, y resultó que la limonada no llevaba azúcar y me hizo apretar fuerte los ojos y me saltaron las lágrimas.
La historia es la siguiente, mi tía estaba enferma, y sabíamos que el final que todos compartimos llegaría más pronto que tarde, sin embargo, derrochaba tanta fortaleza que hubiera sido capaz de jurar que se iba a producir un milagro.
Mientras se pintaba las uñas de color rosa fucsia y bromeaba alegremente con mi prima y su hermana, dígase mi madre, la vida parecía transcurrir entre un sinfín de: tratamientos de quimioterapia, visitas médicas, TACs, Resonancias magnéticas , medicina alternativa y la inquietante espera de los resultados.
Hasta que un día mi prima me pidió que empezáramos a movilizar a los equipos especializados en el final de la vida, tal y como les había indicado el oncólogo, y añadió que la encontraba un poco decaída.
Es extraño entrar en la casa donde pasas las Navidades vestida de enfe…