Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de enero, 2015

ONSEN

En julio cruzamos medio mundo hasta Japón, supongo que tenía ganas de: sushi, zen, manga japonés y de confirmar que mis ideas preconcebidas eran ciertas.
En Japón es costumbre ir a los Onsen, son una especie de baños públicos que tienen una particularidad: el fin no es limpiarse si no relajarse. Te obligan a lavarte primero sentado en un tamborete echándote cubos de agua para luego sumergirte completamente desnudo en las aguas calientes. Dicen que lo de estar desnudo tiene que ver con favorecer la igualdad, despojado de todo, cada uno de nosotros acaba siendo igual al de al lado.
Confieso que entré emocionada en esos baños, hasta que vi diez cara orientales curiosas que observaban mis más que evidentes rasgos occidentales y agachaban la cabeza mostrándome la gran educación que profesan en todo momento.

Igualmente respiré profundamente y  tiré para adelante, encontrándome con toda la piscina para mí, fue un onsen a medias,  pero onsen al fin y al cabo.
El que no lo pasó tan bien fue Mito q…

PAN CON CHOCOLATE

Mito dice que merendar pan con chocolate y hacer dieta es incompatible, y  yo digo: ¡qué me quiten lo bailao! Y que tampoco especifiqué la dieta que iba a hacer. Bendito Triptófano ¡Qué sabrá él!

DEVORANDO CALABAZAS

Acabo de conocer a Penélope, soy tan inculta que pensaba que se trataba de una historia acabada de publicar, pero no, la chica es una irremediable mujer moderna de los años  60, que me ha hecho concluir que lo que nos mueve a los seres humanos, siempre es lo mismo,  independientemente de la época.
Y luego están esas calabazas, no entendía porque le había puesto ese título al libro: El devorador de calabazas. No había ningún monstruo en toda la historia comiendo, digo devorando (no quiero ser infiel a la autora) esa hortaliza. Pero las calabazas no sólo sirven para hacer sopas o purés, o para pintarles una dentadura torcida en la recién adquirida tradición de Halloween. Si soy sincera, yo odio la calabaza, me parece insufrible comerme algo de la tierra, que no es una fruta, que sea dulce. Una sopa dulce se convierte en una compota. Pero a lo que iba, a nadie le gusta recibir calabazas irreales, ni en la escuela ni cuando significa otra rotura para nuestro corazón,  y sin embargo (ponga…

LA FABULOSA HISTORIA DE EDIPO

¿Recuerdan el síndrome de Edipo? Era esa asquerosa teoría que promulgaba Freud para pronosticar como seria nuestra vida adulta. Una competencia inaudita de los hijos hacía los padres, dispuestos a romper el amor de pareja y establecer un peligroso triángulo amoroso. La hija estaba enamorada del padre, y el hijo de la madre,  hasta que se hacían lo suficientemente conscientes de que la sociedad jamás lo permitirían y entonces todos esos sentimientos románticos quedaban enterrados en los más profundo de su ser. A veces me parece ver síndromes de Edipo demasiado cerca, como una extraña manera de entender la realidad, sin nada carnal de por medio, evidentemente, pero tan raro, tan sorprendente, que me muerdo la lengua pensando que yo a mi padre siempre lo he tenido distante, será por eso que durante un tiempo me dedique a tratar de alcanzar hombres inalcanzables, ya se sabe, buscamos el amor que no nos dan.
A veces observo demasiado, y pienso que debería mirar a otro lado, pero veo sus ma…