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LOS LIMONES DIERON PARA UNA JARRA ENTERA DE LIMONADA


2da parte de SI EL LIMÒN TE TOCA

Al final el  limón me tocó y se hizo limonada, y resultó que la limonada no llevaba azúcar y me hizo apretar fuerte los ojos y me saltaron las lágrimas.

La historia es la siguiente, mi tía estaba enferma, y sabíamos que el final que todos compartimos llegaría más pronto que tarde, sin embargo, derrochaba tanta fortaleza que hubiera sido capaz de jurar que se iba a producir un milagro.

Mientras se pintaba las uñas de color rosa fucsia y bromeaba alegremente con mi prima y su hermana, dígase mi madre, la vida parecía transcurrir entre un sinfín de: tratamientos de quimioterapia, visitas médicas, TACs, Resonancias magnéticas , medicina alternativa y la inquietante espera de los resultados.

Hasta que un día mi prima me pidió que empezáramos a movilizar a los equipos especializados en el final de la vida, tal y como les había indicado el oncólogo, y añadió que la encontraba un poco decaída.

Es extraño entrar en la casa donde pasas las Navidades vestida de enfermera portando un maletín, y observar el rostro de alguien a quien quieres, no el de un paciente desconocido, y ver que las chispas de vida están muy al fondo de la inmensidad del ojo.  Mi tía aún fue capaz de sonreír y decirme que estaba guapa con el pijama blanco, se afanaba sin tener energía en colocarse de la mejor manera para que la pudiéramos explorar, y yo no pude ni mirar a mi tío, salí huyendo de la casa como si sólo pudiera sentir indiferencia cuando en realidad tenía pánico,  me dijo que aquello sería pasajero, que no nos preocupáramos, pero no lo fue, al cabo de dos días ya no tuvo más consciencia y al cabo de una semana la vi desaparecer recordando a todos nuestros muertos, llamaba a mi abuela, a la que fue su mamá, casi todos recurrimos a quien más nos ha cuidado cuando tenemos miedo. Luego vino la sedación y el sueño profundo,y luego, un último suspiro que desató los lamentos.

Y se hizo la limonada, y yo me repetía que eso había que hacer con los limones, algo así como plantar cara a la adversidad. Rafael Santandreu dice: “ En verano hace calor, en invierno hace frío…¿Cuándo aprenderemos a aceptar el curso de los acontecimientos tal y como suceden?...Las cosas son como son…El universo tiene sus propias leyes y la realidad no nos pregunta que planes tenemos para el fin de semana.” (El arte de no amargarse la vida) “todo lo que hay que saber acerca del sentido de la vida es que nosotros somos parte de ella…Yo no doy el pésame ni me lamento de la muerte porque creo que, con ello, le hacemos un flaco favor a los demás. Si expresamos tristeza, transmitimos que lo sucedido es malo, que el fallecido no debería haber muerto y ése el mensaje que capta la persona en el duelo. Así, tardará más en superarlo. Y es que toda muerte es lógica: la gente se muere y eso es un proceso natural del ser humano.” “La ficción de la inmortalidad…Nos hemos apartado tanto de la realidad de la muerte que vivimos como si nadie fuese a morir, y eso es falso y nocivo. Pronto moriremos todos, y no pasa nada. Lo único cierto es que la vida es fulgurante y eso la hace más hermosa.” (Las gafas de la felicidad).

Sinceramente me gustaría ser tan optimista como Santandreu pero sigo enganchada a esa ficción de la inmortalidad y a la idea de que hay muertes que no son justas, y por mucho que me esfuerzo sigo sin saber hacer limonada con tantos limones. 


Comentarios

Pilar V ha dicho que…
Nadie dijo que una vez hecha la limonada, hubiera que tomarla tal cual, y menos aún que le gustase a alguien, pero mientras la haces, la endulzas con tantos buenos recuerdos y sobre todo cuando la ofreces con cariño a quienes ni siquiera han encontrado fuerzas para recoger los limones derramados sobre el suelo, quizás encuentras el modo de seguir respirando.
Lo de sonreír queda más lejos, pero te estará esperando.
Lamento tu pérdida, es imposible asumir la falta de quienes quieres sin dolor.
Un abrazo
Rebeca ha dicho que…
Quedan los buenos recuerdos, y tal vez sea verdad, consolar a mis primas sea un consuelo para mí, aún me siento en deuda por no haber podido hacer más.
Ojalá fuera tan "pasota" como Santandreu y pudiera asumir la muerte como algo normal, pero como bien dices, es imposible asumir la falta de quienes quieres sin dolor.
PENSADORA ha dicho que…
Que no. Que cuando alguien muere no mola y cuando muere medianamente joven con una enfermedad de esas que te avisan tan de lejos, menos todavía.

A mí los Coelhos y sus coetáneos me engañan una vez, pero dos no. Lo cierto es que todos (incluso ellos) tenemos miedo a la muerte por la simple naturaleza humana (y por lo tanto animal) que nos hace temer lo desconocido. Y lo cierto también es que todos (como animales gregarios) echamos de menos a los seres queridos y por lo tanto, su muerte nunca es bienvenida: es velada, entendida, aceptada y superada.

Así lo entiendo yo y así te entiendo a tí.

Lamento tu pérdida y te mando un abrazo fuerte.
Rebeca ha dicho que…
Gracias por tus palabras Pensadora, como bien nombras a los "Coelhos y sus coétanos" tienen razón en que la muerte es algo natural, pero el sufrimiento siguiendo la "palabra de Pensadora" es inevitable, así que ahí estamos, maldiciendo a las enfermedades que avisan de la muerte de lejos y recordando mucho, y sabiendo que aunque lo superemos, siempre queda esa tristeza de quien estuvo y ya no está cuando miras atrás.

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