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LA NIÑA QUE DIBUJABA


A veces vuelve la tristeza inesperadamente, o mejor para qué mentir, siempre vuelve cuando se la espera, en los días tranquilos simplemente estaba esperando pacientemente a que me diera de bruces con la realidad.

Había tenido una mala noche y una mala mañana, estaba enfadada con todo y con todos y sobretodo con Mito que era el que aguantaba mi convivencia. Quejas y más quejas que me había oído durante horas cargadas del típico chantaje psicológico. A veces no me soporto. Y cuando por fin habíamos hecho las paces se acercó a la puerta para despedirme antes de irme a trabajar y entonces me quedé parada en la entrada, con la vista perdida, y las dos carpetas colgando de la mano y rompí a llorar llena de una desesperación absurda, deseaba que de mis piernas salieran raíces que se insertaran en el suelo impidiéndome marchar.

Mito me miró preocupado, no entendía qué me pasaba, pero yo sí, era la desesperación, no quería ir al trabajo, no quería volver a ese sitio, gracias a ese entorno volvía estar triste. Me replanteaba que quizás me había equivocado hacía 15 años cuando decidí seguir ese camino.

He leído mucho al respecto, dicen que hay mucha gente que cumple los deseos de otros y no los suyos propios, y que acabar realizando cosas que le desagradan sólo por el sentimiento de culpa que puede ser de decepcionar, culpa inconsciente evidentemente, pero ahí está guiando tus pasos, hasta que un día una serie de signos te ponen en alerta. Creo que yo soy una de esas.

Hace tres meses volví a cambiar de trabajo, no de profesión, pero me dieron la oportunidad de ir a otro sitio por ser funcionaria, y acepté, pensando que la cosa seria mejor, pero dejando de banda todos los problemas de adaptación que implica un cambio, la cosa no es mejor, al revés, creo que mis signos se han vuelto mucho más evidentes: la tristeza, el mal humor, la ansiedad, el insomnio…cada vez me cuesta más aceptar el sufrimiento humano, cada vez tengo más miedo a hacer daño a alguien (debería ser al revés, tendría que sentirme más segura gracias a la experiencia).

Pensé en la niña que era, lo que me gustaba era cantar a pleno pulmón, hacía sonar el casete de Perlita de Huelva y espantaba a los vecinos, parecía una niña prodigio. Dibujaba sin parar, escribía y nunca me cansaba de todo eso, creo que era feliz, luego deje de: dibujar, cantar, escribir, en ese orden y me hice mayor, y se me olvidaron esas cosas.

El único problema que le veo a todo esto es que hay que ser muy valiente para darle un giro radical a tu vida, para emprender un camino cuando casi lo tienes todo hecho en el tuyo. Pero la niña que llevo dentro patalea y si bien antes no la oída, ahora suenan demasiado fuertes sus berridos.



Comentarios

Coccinellidae. ha dicho que…
Y por qué no tratas de sacar a esa niña en tus ratos libres?? En mi opinión no hace falta dar un giro radical en tu vida para ser feliz sino encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, pequeños placeres que te puedes permitir día a día. Está claro que si en tu trabajo tienes que hacer cosas que van en contra de tus principios la cosa ya es distinta, es complicado irse para casa sin sentimiento de culpa supongo...
Rebeca ha dicho que…
Supongo que nos empecinamos en eso de los giros radicales, intento sacar esa niña que tú dices y disfrutar en el espacio que me sobra, pero últimamente el sentimiento de no querer estar en un sitio se ha hecho más fuerte, supongo que son cosas de los cambios y la adaptación. No hago cosas en contra de mis principios, no es eso lo que me preocupa, si no tomar la decisión incorrecta para el caso adecuado.
Palmoba ha dicho que…
Yo creo que a veces, cuando se es alguien que da mucho, por si mismo, por la forma de su corazon, por su rofesion (esas en las que acabas cuidando mása otros que a ti mismo) tu ropio cuerpo te da el aviso interior de que no te olvides de ti...y recordar momentos o epocas despreocupadas es lo mas simple, lo mas facil...pero pienso que solo son avisos simples, recordatorios de que tu interior tambien necesita tus cuidados propios...
Rebeca ha dicho que…
No sé Palmoba, a veces me siento tan desorientada sobre lo que hago y lo que siento al respecto que pienso que tal vez no acerté en la decisión, pero luego cojo aire y seguimos y seguimos y seguimos, y mientras voy buscando opciones y cambios de pensamientos que me permitan amoldarme mejor.

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