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DEVORANDO CALABAZAS


Acabo de conocer a Penélope, soy tan inculta que pensaba que se trataba de una historia acabada de publicar, pero no, la chica es una irremediable mujer moderna de los años  60, que me ha hecho concluir que lo que nos mueve a los seres humanos, siempre es lo mismo,  independientemente de la época.

Y luego están esas calabazas, no entendía porque le había puesto ese título al libro: El devorador de calabazas. No había ningún monstruo en toda la historia comiendo, digo devorando (no quiero ser infiel a la autora) esa hortaliza. Pero las calabazas no sólo sirven para hacer sopas o purés, o para pintarles una dentadura torcida en la recién adquirida tradición de Halloween. Si soy sincera, yo odio la calabaza, me parece insufrible comerme algo de la tierra, que no es una fruta, que sea dulce. Una sopa dulce se convierte en una compota. Pero a lo que iba, a nadie le gusta recibir calabazas irreales, ni en la escuela ni cuando significa otra rotura para nuestro corazón,  y sin embargo (pongamos puntos suspensivos).

¿Por qué Penélope iba a poner ese título?  pues porque creo que algunos somos auténticos devoradores de calabazas, nos encanta, esa extraña resignación, de recibir una y otra vez, esa recreación del dolor, esa insaciable necesidad de marcarse un reto inalcanzable con un estrepitoso final siempre a medias. Calabazas, calabazas y más calabazas, una y otra vez, extraños coleccionistas que cuanto más tortuoso es el rabo más fantástica puede ser la caída y la nueva forma de buscar impulso antes de ir al huerto a por más.

Sinceramente, leer el libro, siento cierta pena por Penélope, e incluso cierta identificación morbosa,  aunque ahora prefiero sólo las calabazas en puré.


Para aclarar de que hablo: Penélope Mortimier escribió un libro que se llama el Devorador de calabazas, en el libro reza la siguiente historia sobre su vida: “ Nació en 1918 en Rhyl. Fue la hija pequeña de un clérigo anglicano que había perdido su fe. Tal era su desapego religioso y su odio por el Cristianismo que solía usar el boletín de la parroquia para, entre otras cosas, celebrar la persecución dela iglesia rusa por parte de los bolcheviques. Penélope confesaría más tarde que también abusó sexualmente de ella. En 1937 se casó, tras un noviazgo de apenas seis semanas, con Charles Dimont, un corresponsal de Reuters con el que tendría dos hijas, incluida la actriz Caroline Mortimer. Tuvo, además, otras dos hijas fuera del matrimonio, fruto de sus relaciones con Kenneth Harrison y con el poeta Randall Swingler, respectivamente. Mientras estaba en cinta de una de sus hijas, Penélope conoció al escritor y abogado John Mortimer, un mujeriego reconocido, con el que se casaría en 1949. Fruto de ese nuevo matrimonio nacería un hijo y una hija. A esas alturas, Penélope era ya madre de seis criaturas de cuatro padres diferentes. Su matrimonio con Mortimer, no obstante, no constituyó un camino de rosas. En 1956, Penélope intentó suicidarse y después empezó a visitar a un psicoanalista freudiano. Cuando eso fracaso, se sometió a un tratamiento electroconvulsivo. A instancias de su médico, había accedido a abortar y esterilizarse después de quedar embarazada por octava vez. El mujeriego John, entretanto, acababa de fecundar a una de sus amantes, la actriz Wendy Craig, una aventura de la que lamentable Penélope tuvo noticia después de su esterilización. Tanto Penélope como su marido, de hecho, tuvieron frecuentes líos extramatrimoniales, que inspiraron la mayor parte de sus novelas de madurez. La pareja se divorciaría en 1971. Penélope moriría de cáncer a los 81 años en Londres”.

Comentarios

mariajesusparadela ha dicho que…
Nada que ver con la primera Penélope de la que se tiene notica: la mujer de Ulises que lo esperó cuarenta años. Y cuando la agibiaron mucho dijo que se casaría cuando acabara de tejer. Tejía de día y de noche, deshacía.
Fidelidad (mientras Ulises iba de una en otra...)
PENSADORA ha dicho que…
¡¡De verdad que hay gente a la que le gusta "de sufrí"!!

Pero también pienso que el dolor y la vida difícil tiene su aquel. A mí a ratos me entra morriña de tiempos peores... pero sólo a ratos y poquito.

Salud!
Rebeca ha dicho que…
MARIA JESUS otra Penélope que me hace pensar que no vale la pena perder el tiempo pensando en otra persona que no quiere estar a tu lado o que hace daño si está.

PENSADORA pues sí, de sufrí, de sufrí...será que a veces nosotras también somos de esa gente.

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