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LOS DOMINGOS AL SOL


Veo la escena de la película en que los rayos acarician el rostro de Luis Tosar con la cabeza hacía atrás, con ese inmenso placer del que no tiene nada pero en realidad lo tiene todo, esos lunes al sol que resultan días cada vez más contables, acumulables y cargados de resignación. 

Me gusta oír esa frase: LOS LUNES AL SOL, me lleno de placer sólo por sentir como estallan las palabras imaginando un sol enorme y radiante que me ilumina, diez mil rayos que me rodean  y yo en el centro, sólo eso es suficiente.

Hoy es un DOMINGO AL SOL, más especial porque no es un día que se asume con resignación, la diferencia con el lunes que es que a éste se le espera y se le desea. Caminamos entre campos recién arados, la mañana ha empezado fría y a poca distancia transcurre paralela la autopista y se ve una nube de contaminación que se confunde con una sana niebla. Es como estar en un espejismo, un parque natural rodeado de carreteras, a veces las cosas me resultan altamente irónicas.


En el camino, montones de huertos surcan parcelas y se confunden unos con otros, provocando un desorden de hortalizas que resulta divertido. Hombres que rondan más allá de los 60 excavan en la tierra, sin más satisfacción que la del trabajo bien hecho. Luego, a media mañana, se sientan en una mesa a compartir una botella de vino y hablar de sus anécdotas: “ ¿Te acuerdas de Manolín…?” Manolín debe haber pasado a mejor vida, pero a quién le importa, al fin y al cabo, a ciertas edades el ir teniendo perdidas se vuelve inevitable. Allí todos siguen su rutina, han pasado de trabajar doce horas por un salario, a trabajar duramente por la mera satisfacción de lo que se obtiene de tus propias manos. Antes las cosas eran más sencillas. La gente era más feliz, no nos preocupábamos tanto, había menos opciones. Esta gente Sigue pasando los domingos al sol, en el campo, con sus charlas, con sus vidas, dando un sentido que no requiere de complicados cálculos matemáticos. Le pregunto a Mito que sucederá en el futuro, quién se ocupará de esos campos, ahora que ya nadie tiene interés por esas cosas, me dice que quién sabe, tal vez de aquí a unos años nuestros gustos cambien, quizás volvamos a lo simple, a lo práctico y dejaremos de estar tan colapsados. Mientras los domingos transcurren al sol para esa gente, y los lunes, los martes, los miércoles, los jueves, los viernes y los sábados, y tengo que confesar: ahora mi padre quiere criar periquitos. Extraños consecuencias de esos días al sol que transcurren sin más expectativas y en los que esa generación jubilada antes de tiempo ha sabido reinventarse y no perder el sentido. 

Comentarios

  1. Hace ya tiempo que he elegido esa vida. Y puedo asegurarte que un solo día de esa forma de vivir, está más lleno que un año de rutina apresurada.

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  2. Jo! no me imagino un parque natural rodeado de autopistas...

    ¡Que buenos esos domingos de paz y filosofía al sol en buena compañía!

    Un ¡hurra! por tu padre, que siga adelante ¡si señor!

    Salud!

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  3. Hoy es de nuevo domingo y tras los cristales veo un sol tímido que apenas rompe el frío.
    Quizás el año próximo sea el que esperamos, quizás traiga envuelto en sus lunes y domingos esos días dorados en los que todo parece posible, incluso sentir que los lunes son tan luminosos como la tarde de los viernes, quizás.

    Un abrazo

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  4. MARIA JESUS te creo, a veces me das mucha envidia (sana).

    PENSADORA bueno... es un área protegida entre varios pueblos, aunque tiene su extensión no se libra de las carreteras. Pues sí, no hay nada como la naturaleza para recargar las pilas ¡eh, montañera!

    PILAR que bonitas y poéticas tus palabras, y sí quizás, sea un año mejor, aunque todo dependerá de nosotros. Feliz 2015 (¡¡al resto también!!)

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