lunes, 25 de febrero de 2013

MÁRTIRES DEL AMOR Y LA LIBERTAD



La necesidad de libertad y de pensar que la vida es algo más que levantarse a las 8 de la mañana, dedicar horas a un trabajo que en el mejor de los casos te llena y por el que recibes un sueldo, me hace levantar los ojos y reseguir con el dedo cada punto del  mapa de esta pequeña comunidad autónoma. Mito siempre dice que prefiere grandes viajes, cruzar océanos, subir montañas, surcar cielos, pero yo soy más proclive a conocer lo que me rodea, esos paisajes que como vemos día tras día olvidamos prestarles la atención debida, y cuando te atreves a asomar ligeramente la nariz descubres que no hacía falta irse muy lejos para ver grandes cosas.

El cementerio de Sinera es una de las obras famosas de Salvador Espriu, poeta, dramaturgo y novelista catalán. Cuya vida estuvo marcada por la Guerra Civil. Sin embargo, la realidad y la ficción se entremezclan con frecuencia. El cementerio se encuentra en Arenys de Mar, una población costera cuyas calles estrechas y empedradas invitan a pasear.

Hay quien dice que es morboso recorrer cementerios, yo soy más de la idea de que tienden a recoger vidas interesantes y que nos enfrentan a algo inevitable como la futilidad de los años, por no hablar de las obras de arte que a menudo se encuentran.


Sinera, abrazado por cipreses esbeltos, apagado en el silencio y alejado del mar, habla de la Guerra Civil, del fin de un poeta como Espriu y de Emilia, una mujer enamorada, de clase social alta que no pudo casarse con la persona que amaba, el hijo de un cartero. Murió a los 34 años, por culpa de ese amor imposible.  El tiempo a veces hace justicia, y cuando la vida ya se había escurrido, el hijo del cartero levantó una tumba para Emilia y unas vecinas de Arenys , ya en otro siglo, consiguieron que los restos de los dos enamorados fueran enterrados juntos.





Amor y muerte, en catalán amor y mort, siempre me ha parecido que eran palabras similares. La historia de Emilia me recordó aquello que ya he dicho tantas veces, que hay veces en que de amor sí se muere, o sí no morimos por amor entonces nos morimos por falta de libertad, a Emilia no se la dejo amar,  a Espriu no se le dejo dar clases en la Universidad Autónoma de Barcelona porque se prohibió hablar el catalán, a las mujeres de ciertas regiones de África no se les permite decidir sobre su sexualidad y se las obliga a una ablación que marcará una vida de sufrimiento (durante las relaciones, en el parto…), Federico García Lorca fue ejecutado por no creer en la monarquía y por ser homosexual, Victor Jara cantautor reivindicativo se quedó sin libertad de expresión y fue asesinado en Chile por la dictadura de Pinochet, Kenule Beeson Saro-Wiwa asesinado en Nigeria por denunciar el desastre ecológico que estaba causando Shell, y así muchos mártires de la libertad, porque la libertad parece un derecho para todos, una necesidad y sin embargo, a veces es una de esas cosas que menos se disfruta, y así hoy concluyo: que más que el amor es la falta de libertad la que causa víctimas. Cuando hablamos de mártires de la libertad pensamos en los que lucharon por nuestros derechos, en las historias románticas, las víctimas son del amor, aunque en realidad fueron víctimas de su derecho a no poder decidir. Lo dicho, libertad bonita palabra pero no siempre al alcance de todos. 

9 comentarios:

RAMPY dijo...

A veces, no nos solemos dar cuenta de que estamos rodeados de bellos sitios, pero la prisa de esta vida nos hace convertirnos en zombies por la vida. Ciertamente me ha encantado tu post y te doy las gracias por ello, he ha hecho sentir en libertad. Gracias por estar ahí. Besos.

La gata Roma dijo...

Ya alguna vez en mi blog comenté mis rutas sin salir del país, porque a veces salimos al extranjero sin saber lo que hay cerca… Eso me pasó hace poco con Mérida; le debo una entrada a esa ciudad.

Me gusta pasear por los cementerios, soy de las que piensan que son parte de la vida y de las historias de los sitios; también tengo alguna entrada de alguno muy pintoresco…
La cosa es que los que ya no están, nos enseñan mucho después de haberse ido, aunque el ser humano, errático y olvidadizo repite constantemente los mismos fallos, en distintas partes del mundo, con personas diferentes, pero siempre lo mismo, intolerancia, falta de respeto, que sé yo…
Pero cuantas más personas aprendamos del pasado, menos errores cometerá la humanidad…

Kisses

PENSADORA dijo...

UUFFF! las vueltas que se le da al término libertad y la de "víctimas" que se cobra...

Yo tengo mi propia opinión al respecto, pero es muy largo de explicar...

Bonito post ¡como siempre!

Un abrazo.

Rebeca dijo...

Rampy, ¡pero que foto más chula te has puesto de perfil, jeje! tienes toda la razón ¡cuántas veces parecemos zombies sin darnos cuenta de nada!

GATA ROMA de ti no me extraña, parece que de alguna manera estamos condenadas a darle vueltas a la cabeza de la misma manera, ja,ja ¡por cierto! ¡actualiza ya, mujer, qué me tienes abandonada! menos mal que también tú hablas de los que ya se han ido, por un momento pensé que alguien pensaría que lo que me ha conducido a un cementerio es exclusivamente una curiosidad morbosa.

PENSADORA estoy segura que lo plasmaras en un post pensadorita, la libertad evidentemente tiene matices y se puede acompañar de hasta una tesis doctoral, yo aquí he mezclado muchos tipos de libertades: el de expresión, de decisión...centrándome en la parte positiva de poder hacer lo que queramos, aunque ya sé sabe, la libertado no es igual al libre albedrío.

La reina que nunca se peina dijo...

No podemos decir que no murieron por amor. Amor a sus ideas y amor a creer en ello.
Porqué nosotros amamos y no morimos?
Porqué ellos lo hicieron por nosotros.

Espero, en otro siglo, sigan habiendo vecinas como las de Arenys, que lo movieron todo por un amor que ni siquiera era suyo.



Aldabra dijo...

me encanta el post que nos dejas hoy...

comparto contigo el "gusto" por los cementerios, a mí me gusta visitarlos si tengo ocasión y coincide, como dices tú escondes muchas historias que se pueden traslucir (a veces) por las palabras escritas en sus tumbas.

y la historia de Salvador y Emilia me parece muy romántica aunque con final triste, que parece el sino de los grandes amores imposibles.

amor y muerte... amor y libertad... grandes palabras... grandes ilusiones...

sin libertad la vida es un sufrimiento.
sin amor la vida es un sufrimiento.

biquiños,

Aldabra dijo...

ah! y también compartimos el gusto de conocer nuestro alrededor, y no hacer grandes viajes para llegar lejos... lo que me recuerda, siempre que pienso en esta idea, en una canción de Tonxu, que dice:

No preciso viajar lejos
para hallar lo que deseo,
si tropiezo en tu regazo
ya me basta para tocar el cielo...

la canción se titula Para tocar el cielo y si no la conoces te la remociendo vivamente.

biquiños,

Claire dijo...

Los cementerios tienen algo especial.
A mi me gusta observarlo todo cuando visito las tumbas de mis seres queridos, y es verdad que hay grandes obras de arte...
Aún con la situación que se vive en España actualmente, somos afortunados... bueno, siempre y cuando no te haya caído la desgracia de que te echen de tu casa o nadie en tu hogar tenga un trabajo...
Vivir es luchar, es sufrir y es apreciar todo lo bueno que también nos rodea.
Me ha encantado tu post, y sobre todo y como siempre tu arte para escribir.
Un abrazo.

Rebeca dijo...

REINA por supuesto, no es amor hacía otra persona, pero sí amor hacía otras cosas y el problema es que no les dejaron manifestarlo. También tienes razón, en que hay que dar las gracias por poder gozar de la libertad que tenemos gracias a ellos. Sobre las vecinas...estoy segura que sí, siempre hay gente buena.

ALDABRA es extraño que normalmente lo que consideramos grandes amores suelen tener desenlaces poco felices. Después de leer vuestros comentarios me siento mucho menos rara por mi gusto por los cementerios. Y por cierto, escucho de fondo la canción de Tonxu, no la conocía, a él tampoco, pero me ha parecido preciosa y que voy a decir, tener a la persona que queremos a nuestro lado a mí también me parece más que suficiente.

CLAIRE creo que incluso en la desgracia de alguna manera somos afortunados, así que no me quejo. Y sí, la vida es eso, tal cual lo dices.