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EN UNA ISLA DESIERTA

A veces es fácil perderse en islas desiertas…


Mito y yo viajamos en octubre a Cerdeña, quizás era una isla mucho más grande de lo que pensábamos siendo la segunda isla más grande de Mediterráneo, pero se mostró tan vacía, que cualquiera hubiera jurado que sólo existía para nosotros.
Creo que fue ahí cuando empezó a despertarse la ilusión, sentada en el coche, oyendo la música italiana de fondo y Mito conduciendo aquellas carreteras estrechas que se adentraban en montañas yermas y al fondo siempre el mar, un mar embravecido por un temporal que se anunciaba pero que nunca llegaba, y luego la humedad en la hierba y salir corriendo como loca a ver como se estampaban las olas.







A penas fueron tres días pero recuerdo la ciudad de Bosa, el río Temo serpenteando y la sonrisa de Mito en el castillo y yo dejándome llevar por el viento en Capo Caccia convencida de que el mundo estaba a mis pies, de que quizás por fin, la felicidad se había plantado allí delante y ya no había más tiempo para las lágrimas.



Recorrimos Alghero muertos de frío, esta vez con un vestido rojo lleno de pasión que ondeaba al viento y unos ojos verdes que me acompañaban ya sin condiciones. Mientras las primeras gotas de lluvia calaban y las olas parecían quererse comer el mundo, tuvimos nuestra primera discusión, disuelta en un café con leche y reaparecida a los pies de la iglesia de Alghero. Mito a veces me quiere sólo para él y yo sigo siendo del mundo, pensando que soy libre, que los actos no tienen tantas consecuencias, pero a veces como las olas de aquellas playas de nuestra primera isla desierta, el pasado se levanta, trata de hacernos perder y los ojos verdes se vuelven oscuros y yo me siento culpable, juzgada, condenada, y convencida de que al final la soledad es lo único que me espera, porque no sé ser yo sin la maleta que arrastro, y entonces desearía que Mito y yo nos hubiéramos conocido cuando teníamos 20 años, y cuando absolutamente nada aún se había escrito.
         

                                   


Comentarios

mariajesusparadela ha dicho que…
El pasado no existe. El futuro tampoco. Existe el aquí y el ahora: eso es lo que hay que vivir a tope.
Rebeca ha dicho que…
lo sé, me lo has dicho muchas veces, que disfrute y me olvide de lo demás, pero yo ahí erre que erre.
BettieMiau ha dicho que…
Qué bonita experiencia el estar con Mito y dejarte sentir por Cerdenya.

Bien dices que una es lo que ha sido en el pasado aunque este ya no existe y aun perseveramos para que vuelva una y otra vez. Ningún tiempo pasado fue mejor que el ahora mismo.

Pásalo genial descubriendo, experimentando y siendo tu, Rebeca.

Besos!
Pilar V ha dicho que…
El pasado solo merece que lo conserves cuando te indica caminos por los que no volver o cuando supone una sonrisa que te nace de dentro, pero nunca, nunca debería ser un peso que lastre el presente.

Precioso viaje
Rebeca ha dicho que…
BETTIE MIAU sí, de Mito no me quejo y Cerdenya es más preciosa de lo que pensaba, somos la suma de nuestros actos, pero querer quedarnos atrás sería demasiado cobarde de nuestra parte, así que tomo tu consejo y el de Maria Jesus y te deseo a ti también lo mismo.

PILAR V pues juro que he aprendido que caminos mejor no tomar y que me quedo sólo con lo bueno, ahora es un pequeño lastre porque tal vez recuerdo demasiado y porque el amor es complejo, queremos que nos quieran en la misma manera, en la misma proporción y a veces cuando el corazón está escarmentado es un poco perezoso.

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