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A CIEN



 El gran masturbador_ Salvador Dalí

La segunda parte de “m’ha posat a cent que no portis calces” (me ha puesto a cien que no lleves bragas), “m’ha posat a cent el teu consolador vermell”  (me ha puesto a cien tu consolador rojo) inspiración de una de mis amigas, autora más leída de la comarca el año pasado gracias a “Dones Salvatges” (mujeres salvajes) , títulos todos ellos la mar de sugerentes, me ha hecho pensar en los consoladores, cuyo triste nombre se da simplemente por que proporcionan consuelo, y en siempre nosotras, y en el tabú de la sexualidad y en el histerismo y en la tristeza de nuestras necesidades.

Mal vistas siempre las mujeres demasiado apasionadas porque aún en el siglo XXI se sigue diciendo que son los hombres los que se ven más empujados por las pulsiones, mientras nosotras debemos reprimirnos, mordernos los labios, decir que no lo deseamos tanto.

Que de la insatisfacción sexual hicieran una enfermedad me parece un escándalo, y que la llamaran histeria femenina, aludiendo al vagar de nuestro útero (hystera) por nuestro cuerpo que instalado en el pecho provocaba alteraciones en nosotras como: mareos, desvanecimientos, irritabilidad, taquipnea, retención de líquidos, espasmos y el peor de todos “tendencia a causar problemas” .

 La cura era un masaje en la zona genital, a efectos prácticos masturbación, todo visto desde un punto de vista muy profesional y médico, nada de apasionarse en la consulta o disfrutar. El orgasmo sólo tenía un fin curativo,  y en el fondo, lo único que les pasaba a esas mujeres es que estaban desatendidas sexualmente, lo cual se hubiera solucionado probablemente sin tener que invertir grandes sumas de dinero en sesiones de entregada cura por parte de los médicos.

Así afectaba sobretodo a vírgenes, a monjas , a viudas y a alguna casada. Y la prescripción se basaba en: si es usted virgen y soltera cásese, si es usted casada haga el amor con su marido, y si no tiene a ningún varón en su vida, entonces use a la comadrona como último recursos para que la consuele.

Al final llegó el consolador, algo mecánico substituyendo a algo manual como en toda revolución industrial, ya que los masajes agotaban a los profesionales,  la histeria poco a poco fue bien definida por la psiquiatría y se centró en las que de verdad eran patológicas, y  se descubrió que no sólo afectaban un sexo, ahora sabemos que también hay hombres histéricos a pesar de que no tienen útero. El dildo ocupó su lugar, más que como substituto como un acompañante de los juegos sexuales, las mujeres se dignaron a hablar, a expresar sus necesidades, a exigir, a querer disfrutar de su cuerpo y a estar satisfechas.

Siglo XXI  el sexo sigue siendo un tabú, aunque menos escondido y más libre. El ejemplo de la histeria me recuerda la importancia de él, su papel como necesidad básica,  y el respeto que le debemos a nuestro cuerpo. Al final parece que durante siglos ha habido más mujeres insatisfechas que hombres insatisfechos y aun así cuando hablamos de mujeres demasiado apasionadas asusta , pero ¿es que la pasión debe tener medidas?

Comentarios

mariajesusparadela ha dicho que…
Supongo que hay mucha mujer pacata que niega su pasión por quedar bien. También las hay que dicen que comen "como un pajarito".Supongo que es una falta de autoestima y la necesidad de que los demás las "quieran", aunque para ello sufran.
Rebeca ha dicho que…
MARIA JESUS supongo que es ese complejo nuestro de siempre, de no aceptar que sólo seremos felices si nos queremos a nosotras mismas, y aceptamos nuestros deseos sin necesidad de juzgarlos.
Aldabra ha dicho que…
en su momento hice un post sobre los vibradores, mira, más o menos contando lo que cuentas tú en tu post:

http://congoyyo.blogspot.com.es/2010/08/gus-y-sus-congeneres.html

y este es un poema que le hice a Gus... je je je

http://congoyyo.blogspot.com.es/2010/07/walking-by-myself.html


biquiños,
Rebeca ha dicho que…
pues me voy a leerlo todo!

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