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AMORES IRRECONCILIABLES


El beso, Edvard Munch

A los veinte años se ama con locura, sin restricciones y sin miedo a que la historia termine porque el amor se convierte en algo para siempre, en algo que nadie te puede arrebatar, aunque un día te lo arrebatan y se pierda la inocencia, las ganas, la pasión y la entrega. Pero estamos en los veinte y como almas todavía genuinas es tiempo de luchar contra viento y marea.

Entre desvaríos había conocido su primer amor, una niña de doce años que ya apuntaba a dotes de modelo, con la piel fina y esa belleza que se cree bien cogida e irrevocable. Tuvieron su particular historia ante las quejas de toda la gente que les rodeaba, ella era todavía demasiada niña para aprender a descubrir los intercambios de hombres y mujeres. Sin embargo, las prohibiciones no hacen más que alentar los hechos, y él empujado por los veinte siguió queriéndola amar y ella se dejo querer. Luego vino la primera ruptura y ese mal gusto del desamor que te deja tan defraudado porque el mundo es injusto. Lloró, pataleó, se quejó e insistió diez mil veces en verla. Ella niña de edad pero maquiavélica de mente, le recibió a solas, un coqueteo discreto para conseguir tentarle hasta su cuello, y así él dejo la marca levemente en la piel de ella.

Pasados los días la policía vino a buscarle, la niña había frotado su cuello insistentemente alentada por su madre para poder elaborar una declaración basada en la mentira en la que le acusaba de agresión sexual. Durmió en la cárcel, lloró aún más amargamente que cuando la supo perdida, tuvo que ceder a la razón de los adultos acerca de la perdición de ese tipo de relaciones que no tienen sentido. No, el amor no siempre es justo y esta es una historia real.

Desde Monserrate se ven unas vistas increíbles de la ciudad, da igual que el día esté nublado y que el cielo haya roto aguas, me sigue gustando la locura del tráfico compitiendo con los riachuelos que se forman en las calles y las gotas de lluvia resbalando por mi pelo, y el frío repentino. Toto me ha conseguido un guía para conocer Bogotá, en realidad es su tío, un muchachito de 20 años sobre el que una vez conté su triste historia. Suena una canción de desolación en el altavoz del taxi, noto que él se ha quedado callado, a penas hace dos horas que nos conocemos, pero mi eterna curiosidad y esa lucha por vencer nuestra timidez me obligan a preguntar: “¿Estás bien? ¿Hay algo que pueda hacer por ti?” Sigue lloviendo, y está vez las gotas insisten con más fuerza contra la ventanilla, una vez alguien me dijo que no era sano que siguiera escuchando las letras de las canciones, a los veinte años eso debe ser puro veneno, porque sé que es eso lo que le ha puesto triste y luego el desencadenamiento de palabras. Ha conocido a su primera mujer, y sí es una mujer porque tiene mi edad, un marido del que divorciarse y una criatura, una mujer que le ha dejado porque cree que él puede tener a alguien mucho mejor, que su posición se lo dará, que la madurez le convertirá en un tipo interesante, una mujer que se quiere poco porque esta convencida que la belleza de la juventud es intercambiable con la suya propia a los ojos de él, una mujer que está rota porque quiere volver a intentarlo con quien ya le ha defraudado, me lleno de paciencia, así funciona el mundo y él se repondrá, tiene todavía demasiadas oportunidades por delante. Me pregunta de que conozco a Toto y no se bien que responder, está claro que a su familia simplemente le ha dicho que soy una amiga, una amiga de España capaz de cruzar 8000 kilómetros, creen que por un país, le resumo los cuatro años en su misma frase “en este caso soy yo la que tiene mal de amores, tampoco a mí me quieren” y sonrío, eso es lo único que me queda, paciencia y sonrisas, y él llora y sé que también es lo único que le queda para que se le cure la herida.

A los 20 años todos los amores me parecen imposibles, se nos marcan en el pecho, nos determinan la vida, entiendo a esa mujer y lo que le trataba de decirle a este muchacho que siente que jamás ha sido tan feliz como con ella, “se me llenaba el pecho estando a su lado”, y me parece tan tierno que casi me dan ganas de hacerme suya. Con los años mi amor se ha hecho menos intenso y más lleno de consecuencias, cosa de las heridas que se van acumulando y aunque invisibles son como el reuma, de vez en cuando te ponen en alerta con los cambios de clima.

No sé por qué, pero hoy añoro aquellos años en los que el amor no me daba ningún miedo.

Diario del viajero: 12 de julio de 2012, Bogotá, Colombia

Comentarios

mariajesusparadela ha dicho que…
El amor no tiene nada de malo.
Lo malo son los canallas.
La gata Roma ha dicho que…
Joder, que mala suerte, y yo creía que tenía mal tino con las personas en que me fijaba pero lo de este chico…
En fin, ya me parecen lejanos los veinte años y sin embargo puede que a esa edad me quisieran más que ahora, pero a esa edad aquello no era suficiente para mí… realmente no sé si hoy lo sería…

Kisses
Darthpitufina ha dicho que…

¡La historia que cuentas es tremenda! Pobre muchacho...

Tengo que darte la razón, el corazón se inflama más con lo vedado, como bien dices tú, las prohibiciones no hacen más que alentar los hechos, por suerte o por desgracia.

Una sonrisa, linda!
Rebeca ha dicho que…
MARIA JESUS no si yo no tengo nada en contra del amor, lo único que digo es que con los años cuesta más entregarse sin pensar en las consecuencias.

GATA ROMA no claro, también cada periodo tiene sus ventajas, quizás ahora el amor es menos osado pero más maduro.Y sí creo que este chico se va a quedar un poco marcadito.

DARTHPITUFINA ¡cómo somos! cuánto más veces nos dicen que no más crece la tentación, como decía Wilde: "puedo resistirlo todo menos la tentació" o algo así...jeje
Camaleona ha dicho que…
El amor con veinte me daba más miedo que ahora, porque a los veinte estaba enamorada del chico que me ayudó a perder la seguridad en mí misma.
BettieMiau ha dicho que…
Vaya, yo ayer te escribi un comentario y no lo veo :(

Queria decirte que a los 20 se ama y a los 30 pero la diferencia, en mi caso, son las cicatrices que te llevas por desamores, frustraciones y cosas pasadas que aun siguen haciendo mella en el presente.

Ahora mismo estoy muy conmigo misma, analizo mis decisiones y no soy tan impulsiva ni tan espontanea como a mis veintipocos. Una lástima o una suerte... el tiempo me lo dirá.
Rebeca ha dicho que…
CAMALEONA pero hasta que descubriste como era no tuviste miedo de dejarte llevar, luego esas cosas hacen que seamos mucho más cautos.

BETTIE MIAU pues yo me he dado cuenta que en el fondo me muero de miedo, que las cicatrices de vez en cuando se ponen rebeldes, antes parecía que no había nada que perder.

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