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DOLOR EXQUISITO



El dolor tiene muchas versiones, es una de sus caras muestra una exquisitez que te hace paladear poco a poco el orgullo de haber sufrido. Las historias se vuelven bellas bajo el prisma del dramatismo y nos unen, rompiendo cualquier diferencia y haciendo a cualquier ser humano tan vulnerable como los demás.
Pasear por el museo de Arte del Banco de la República me hizo sentir inmensamente cercana a Sophie Calle. Recorrer cada una de sus fotografías y componer poco a poco su historia despertó en mí el sentimiento de haberla conocido toda la vida, podríamos habernos sentado en un café, cada una con su rotura banal, sin olvidar que la banalidad deja de serlo cuando nos descompone el alma. Mi historia podía haber formado parte de las suyas y es que cada uno elige como curarse, y a medida que los ojos se me humedecían clavando los ojos en la foto del teléfono rojo y la cama sin deshacer, decidí que yo también había empezado mi cura.

Esta es la historia de Sophie:

“En 1984, el Ministerio de Relaciones Exteriores me otorgó una beca de estudios de tres meses en Japón. Me fui el 25 de octubre sin saber que esta fecha marcaba el comienzo de la cuenta regresiva de noventa y dos días que desembocarían en una ruptura banal, pero que viví por entonces como el momento más doloroso de mi vida. Le eché la culpa a aquel viaje. De regreso a Francia, el 28 de enero de 1985, decidí, por exorcismo, contar  mi sufrimiento en vez de mi viaje. En contrapartida, le pregunté a mis interlocutores, amigos o conocidos casuales: “¿Cuándo vivieron su mayor sufrimiento?”
Este intercambio llegaría a su fin cuando, de tanto  contarla, yo hubiera agotado mi propia historia, o cuando mi pena se hubiera relativizado frente a la de los demás. El método fue radical: tres meses más tarde estaba curada. Luego del exorcismo realizado, por miedo a tener una recaída, dejé de lado mi proyecto para desenterrarlo quince años más tarde.”

Y DESPUÉS:
“Hace cinco días el hombre que amo me dejó. Era un amigo de mi padre. Siempre me había hecho soñar. Para nuestra primera noche, me metí dentro de la cama con un vestido de novia. Antes de aquel día, había pedido una beca de estudios de tres meses en Japón. Inoportunamente, me la otorgaron. M. no apreciaba una ausencia tan larga. Me amenazó con el olvido. Tal vez yo deseaba saber si me amaba lo suficiente para ser paciente, porque me fui. Por su lado, iba a tratar de esperar. Me propuso entonces una cita en la India al término de mi periplo. Me fui de París el 25 de octubre de 1984. Una pesadilla. Detestaba este viaje, sólo vivía con la esperanza de nuestro reencuentro, fijado para el 24 de enero. La víspera, tres horas antes de la salida de su avión, me llamó para confirmar su llegada: aterrizaba antes que yo, esperaría en Nueva Delhi el vuelo de Tokio. Yo había ganado. Pero en el aeropuerto me transmitieron este mensaje: “M. no puede reunirse con usted en Delhi, Accidente París, Hospital. Ponerse en contacto con Bob”. Acabábamos de hablarnos, pensé en un accidente camino de Orly. Bob, mi padre, era médico; imaginé a M. gravemente herido, tal vez muerto. Tomé el cuarto que había reservado en el hotel Imperial. Imposible obtener la comunicación, me tomó diez horas localizar a mi padre, quien no entendió nada de ese telegrama. M. sí había pasdo por el hospital, pero por diez minutos para que le quitaran un panadizo. Eso era todo. Llamé a su casa. Contestó. Dijo estas palabras: “Quería ir y explicarte ciertas cosas”. Repliqué: “¿Conociste a una mujer?”. “Si”. Pasé el resto de la noche mirando el teléfono. Nunca había estado tan triste."

“Hace cincuenta días el hombre que amo me dejó. Por teléfono. El 25 de enero de 1985, a las dos de la mañana. Estaba sentada sobre la cama, en el cuarto 261 del Hotel Imperial, en Nueva Delhi. Un cuarto triste, polvoriento, con un tapete gris comido por las polillas  un teléfono rojo vivo. Acababa de marcar su número de Paris. El intercambio fue breve:
“Sophie, quería ir para cogerte entre mis brazos y explicarte ciertas cosas.
-¿Conociste a otra mujer?
-Sí.
-¿Desde cuándo?
-veinte días.
-¿En serio?
-Espero que sí.
-No tengo suerte.”
Colgué.  Y es así que todo se acabó. Una historia de amor banal con un final miserable. Eso es todo."

“Hace noventa y seis días el hombre que amo me dejó. Lugar: el cuarto 261 del Hotel Imperial en Nueva Delhi. Fechas: el 25de enero de 1985, a las dos de la mañana. Acción: ruptura por teléfono. Signo distintivo: el panadizo del héroe. Título de la obra: El panadizo perdido. La regla de las tres unidades fue respetada, pero las entradas eran pobre, la salida tosca, la intriga ordinaria.”

“Hace noventa y ocho días el hombre que amaba me dejó. El 25 de enero de 1985. Cuarto 261. Hotel Imperial. Nueva Delhi. Ya basta.”

PALABRA DE SOPHIE.

Dolor exquisito*. Sophie Calle.
Dolor exquisito. MOD.MED.Dolor vivo e intensamente localizado.

Diario del viajero:  19 de Julio de 2012, Bogotá, Colombia.

Comentarios

Camaleona ha dicho que…
Yo también consigo sobreponerme al dolor contándolo una y otra vez, y escuchando otras historias, consolando otros dolores.
mariajesusparadela ha dicho que…
La culpa es nuestra, que les damos la posibilidad de hacernos daño.
Ni uno se merece ni una lágrima y, cuanto peor los tratas, más te quieren porque su orgullo no les permite ser rechazados (a veces a nosotras nos pasa igual).
Es imposible curar una herida hurgando en ella cada día:hay que tratar de olvidarla y dejar que cicatrice , largamente. La postilla cae sola ( si se arranca vuelve a sangrar).
Rebeca ha dicho que…
CAMALEONA yo creo que cuando uno escucha a los demás contar sus desgracias se da cuenta que la suya no era tan importante, es egoísta, es como si a veces fuera necesario el dolor ajeno para la cura, pero funciona.

MARIA JESUS yo entiendo que cada perdida merece un duelo, evidentemente todo depende de como interpretamos los hechos, los pensamientos se pueden moldear y de rebote los sentimientos que experimentamos, pero necesitan un tiempo y un proceso, a veces, sobretodo al principio funciona. Yo hurgo en la herida porque tengo cosas pendientes, aunque también he tenido mis tiempos de silencio y de creer que estaba curada para volver a sentir el dolor, ahora escribo para darle un significado que me convenza. Cada uno tiene sus métodos.
Rebeka ha dicho que…
La mejor forma de acabar con el dolor es verterlo hacia afuera, de la manera que sea. Mediante fotografías, escribiendo, hablando.

Lo único que hay que hacer para cerrar las heridas, es no alimentarlas guardándonos el veneno en nuestro interior.

Nadie deja de sanar sus heridas cada día, está en nuestro proceso de evolución y de vida. Sino estaríamos más muertos de lo que a veces estamos.

Un abrazo Rebeca.
RECOMENZAR ha dicho que…
Que alegria volver a verte por recomenzar.
Tu historia increible la forma en que ponés las comas con las letras belleza muchacha.No te pierdas en tu vida Me gusta volver a verte
TEGEME ha dicho que…
Yo también lo cuento mucho, demasiado y a veces pienso que me paso, que no debe ser bueno darle tantas vueltas al asunto, porque de este modo se alarga la agonía (siete meses después de una historia banal) ya no duele tanto, pero el desasosiego sigue ahí y ya no hablo de ello, tanto tiempo después, parecería una loca!!!
La gata Roma ha dicho que…
Hace unas semanas una amiga suspendió un examen, no había sido por mucho así que le dije que podría ir a revisión a ver que pasaba… Ella me dijo que no, que ya había tenido diferencias con ese profesor y que sabía que si iba acabaría llorando y que no quería llorar delante de ese tío…. Le pasa como a mí, cuando ocurre algo malo o injusto no solo llora de pena, llora de rabia o de impotencia. Yo considero que cuando consigo contar algo que me angustia sin llorar estoy en proceso de curarme, aunque a veces, patéticamente tardo mucho en poder contar algo así y son muchas las veces que tengo que llorar hasta que puedo contarlo bien.
De todas formas contarlo siempre es el camino hacia algo mejor


Kiss
Rebeca ha dicho que…
Rebeka eso creo yo, al menos al principio, sacarlo fuera para quedarse vacio y poder empezar de cero. Luego tiene que pasar al olvido para poder continuar. Gracias por tu abrazo.

Recomenzar no me gusta perderme pero sta vez lo necesitaba, creo q necesitaba alejarme de las letras para reflexionar d otra manera, pr al final he vuelto a lo q m gusta.

Tegeme creo q t gano cinco años hablando d una historia y cuatro de otra lo mio es eterno, pero al final disminuye la necesidad y es verdad eso de q el tiempo todo lo cura, ayer me sororendi al intentar recordar y ver q no podia
Rebeca ha dicho que…
Gata roma supongo q cada vez q contamos una historia le damos un significado distinto, y al final, es cierto, cuando las lagrimas no aparecen quizas sea q duele menos o q duele demasiado. Aunque siempre hay un momento en que se debe parar.
Mario Avellaneda ha dicho que…
Maravilloso tu texto
te contesté en Recomenzar me parecio muy interesante tu punto de vista
El mio es diferente
Me alegro haberte leido
Abrazos y mis respetos
Rebeca ha dicho que…
Avellaneda, yo me acordé de Benedeti, je,je. Me encanta que tengamos puntos de vista diferentes eso me hace ser más optimista hacía ciertas cosas.
Marilyn Recio ha dicho que…
Muy buen relato! Cuqndo laguien nos deja, no nos merece. Lo mejor falta por llegar.

Un fuerte abraxo,
Pilar ha dicho que…
El dolor ajeno cura el propio, te preguntas si es egoista; pienso que en cado alguno, ya que su dolor no es provocado por tí y la catarsis mutua a todos cura.

De todos modos prefiero una inmersión absoluta en el dolor, una sobredosis momentánea y el olvido.

Me encantó la historia
Rebeca ha dicho que…
MARILYN siempre me consuelo en eso, en que el otro no estaba a la altura, aunque durante unos breves instantes se me ocurra pensar que tal vez la que falla soy yo. buscaré que fue de Sophie seguro que hubo "un mejor".

PILAR sí yo también pienso eso, cierto punto egoísta y el consuelo de que todos sufrimos igual. En los dolores nuevos es mejor sufrir mucho al principio para que luego se vaya atenuando, pero los crónicos son más complicados.
Jenn ha dicho que…
Vaya! "...Ya basta". Hay que ser fuerte para poder llegar hasta ese punto, en el que uno mismo sepa que ya se ha sufrido suficiente, y deje de hacerlo. Habrá que aprender de Shopie.
Rebeca ha dicho que…
JENN, Sophie tiene una gran sensibilidad y valentía, busco la solución y encontró la cura. He intentado busca su biografía porque en la exposición a penas había nada más que su historia de la rutura banal, curiosamente no he encontrado nada personal, pero sí miles de iniciativas como esta, como por ejemplo, que le pidio a su madre que contratara a un detective privado para que la siguiera y así poder comparar los datos del detective con los suyos propios. Extraño, original y otra búsqueda de uno mismo en los ojos de los demás.
Nac Black ha dicho que…
Empatía, algo que nos une, es imposible, para muchos,no sentirse tocada ante el dolor de otro, aunque se trate de un total desconocido. Somos humanos y algunos, no podemos ser indiferentes ante el dolor de otros. Hablar al respecto es el primer paso para recuperarnos... si no lo podemos expresar de alguna forma se queda dentro de nosotros hiriéndonos una y otra vez.
Rebeca ha dicho que…
NOELIA un poquito como en los blogs, no? cada uno cuenta su vida en su manera y siente confort al leer las mismas letras de desesperación en otras personas. El dolor siempre debe salir fuera de lo contrario hecha raíces profundas.

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