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TRENES QUE SE PIERDEN Y EL SILBIDO QUE AHORA OIGO



Hablar del futuro es algo complicado cuando uno ni siquiera sabe que puede suceder en cuestión de dos segundos, aunque yo muchas veces me he visto forzada a tomar decisiones impulsado por los deseos ajenos, y es que nunca he tenido claro que debía hacer en la vida.
El hecho de que tanta gente se haya marchado a mi alrededor me hizo pensar que tal vez yo no era nada valiente, pero entonces vino aquella conversación con Tambor mientras notábamos la sombra de los castaños de indias en la cara.
Tambor ha tenido siempre claro que está simplemente donde desea estar, ni más ni menos, creo que cuando eso sucede le pones más amor a las cosas, de otra manera no hubiera sobrevivido a 30 años de Supervisora. De extraña forma nació en ella el deseo de que algún día cuando ella no estuviera, porque los años le habían dado el merecido premio de la jubilación, yo ocuparía su puesto.
Yo en realidad no estaba segura de desear aquello, hacía tiempo que quería huir, dejar de pertenecer al sistema, pero luego la comodidad me abrazaba con fuerza y yo me volvía a quedar parada refunfuñando porque otros sí hacían lo que querían.
Entonces Tambor, un poco tocada por la tristeza de que yo no aceptara su propuesta, me dijo algo que se grabará por siempre en cada uno de mis nuevos pasos:“Las oportunidades en la vida no pasan de forma continúa, pasan una vez cada “x “tiempo, luego se marchan y ya no existe otro momento para agarrarlas, así que desaprovecharlas es muy osado.” Dibujó con su dedo el recorrido de trenes que se perdían por carriles infinitos y yo me imaginé una especie de paso a nivel donde todos confluían.
Tenía razón, el cometa Halley no volvería hasta dentro de 50 años, y yo mientras dejando escapar trenes que me parecían o complicados o destartalados, o hacía destinos desagradables desde mi visión  en el anden.
Aun así pensé que todo dependía de la escala de valores de cada uno, para Tambor estaba el trabajo en la cima, para mí seguía siendo aquella vida que trataba de asomarse en cada una de las facetas que componían mis días: un poco de actriz, un poco de escritora, un poco de enfermera, un poco de nadadora, un poco de bailadora de salsa…No, no quería grandes responsabilidades, ni grandes cargos, quería simplemente exprimir la vida, ser feliz, no tener grilletes porque cuando más crece tu responsabilidad mayor es tu atadura y tengo la impresión que la gente que dedica tanto tiempo a su trabajo acaba por olvidar lo que de verdad importa, y una extraña amargura les empieza a parecer en la punta de la nariz, en los ojos alicaídos, en la torcedura de la boca, y se encogen y se vuelven grises y cuando hacen cuentas, me parece a mí, que tienen la impresión de que en realidad han perdido. Eso es lo que sospecho que le sucederá a Toto quien en su despedida me dijo: “el único miedo que tengo es el de haberme equivocado y acabar siendo infeliz”.
Igualmente el tren simplemente estaba de camino y al fin y al cabo, era una oportunidad, pero tal vez no la que yo quería, aunque las elecciones nunca sabes si son acertadas al 100% ya que siempre hay una parte a la que renunciar. El silbido del tren se escuchaba a lo lejos, rescatando las palabras de Toto, y todavía con tiempo para pensar, afirmé que nunca tomaría una oportunidad que me llevará a plantearme que podía ser infeliz.  

Comentarios

  1. Cada oportunidad se presenta una vez, pero eso no significa que deba una subirse a cada nuevo tren que asoma a la estación, hay veces que la felcidad está en permanecer en el andén agitando un pañuelo aunque se derrame alguna lágrima en el proceso.

    No debe el miedo comprar billetes ni impedir acercarse a la taquilla, lástima que perdiéramos el libro de instrucciones o la hoja de ruta, de este modo tan solo nos tenemos a nosotros mismos y a nuestro corazón como brújula.

    Un abrazo

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  2. Esa fue una magnífica afirmación.
    Salu2

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  3. Bueno Rebe, no te voy a aburrir de nuevo con mis teorías del caos, pero ya sabes lo que pasa en estos sistemas con tantas ecuaciones y variables; el más pequeño cambio puede provocar una solución completamente distinta.
    Quizás tú te plantees cosas grandilocuentes sobre el trabajo, la vida y te parezcan elecciones drásticas y definitivas.
    Yo creo que igual que te puedes subir al tren, te puedes bajar. Supongo que tu miedo realmente viene de seguir acomodándote aunque sigas disconforme. Cuanto más alto subes, mas a gustito se está y te da la sensación de que ese romanticismo que tienes por la vida se irá apagando.
    Yo no lo creo así. Lo tienes tan incrustado dentro de tí que tu visión de la vida forma parte de tí, no es algo que se ha ido absorbiendo de los demás, como le pasa a mucha gente. No puedes deshacerte de ello, lo seguirás teniendo por siempre y quizás los nuevos giros en tu camino son los que moldean esta visión tuya de la vida, la pulen, la giran, pero nunca la destruyen. No debes plantearte cada giro en la vida con esa melancolía innata de dejar cosas atrás. Si realmente te sientes a disgusto, si realmente el estatus que alcances no es de tu agrado, entonces saldrás de ese estatus. El ser humano siempre reacciona al límite. No debes arrepentirte por subirte al tren o por no subirte, siempre que sea una decisión tuya. Dices que eso de ser supervisora no es lo que quieres. ¿Estás segura? En caso de estarlo, ¿sabes lo que quieres? Supongo que no. Entonces porque no probar si realmente te gusta o no? Igual te llevas una sorpresa.
    Un abrazo, siento el rollo pero llevaba tiempo sin aparecer jejejeje

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  4. Lo mejor al tomar decisiones, es entender que siempre se puede dar marcha atrás. Porque, como humanos, tenemos derecho a equivocarnos.

    No creas que no eres arriesgada por saber disfrutar de esas pequeñas cositas que te ponen contenta, no es necesario cambiar de país ni viajar en globo para haber vivido una vida feliz... ¿recuerdas este post: http://quejevissomos.blogspot.com.es/2009/05/antes-sencilla-que-muerta.html?

    Saludos!

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  5. Mmmm vaya tela… A veces creo que he creado un sistema cuerdo de tomar decisiones, jucioso, prioritario y que cuando no lo empleo, me va mal… Pero simplemente mi sistema es menos malo que el dejarme llevar que he aplicado otras veces, pero eso no lo hace infalible, aunque sí confieso que es mejor que quedarme en el andén mirando trenes, porque algo sí sé… No se baja nadie de ellos para convencerte o argumentarte que subas, la elección es tuya para bien o para mal…
    Nadie quiere ser infeliz pero a veces el camino de la felicidad no es tan obvio o evidente como pudiera parecer…
    Tampoco creo que la felicidad venga sola, al menos en mi caso parece un trabajo algo complejo…

    A todo esto, me has recordado una antigua canción que de jovencilla me gustaba bastante…



    http://www.youtube.com/watch?v=KfRc6Dxz8Ko

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  6. Tu blog está excelente, me encantaría enlazarte en mis sitios webs. Por mi parte te pediría un enlace hacia mis web y asi beneficiar ambos con mas visitas.

    me respondes a munekitacat19@hotmail.com
    besoss
    Emilia

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  7. Buff, obviamente no te conozco; pero me da la impresión que una persona que es tantas cosas a la vez, (enfermera, nadadora, actriz, etc, etc) Se hubiera agobiado por un trabajo que le hubiera exigido dejar alguna de estas cosas de lado. Otra cosa, es el miedo a lo nuevo... Yo siempre quiero hacer muchas cosas, taller de escritura, gimnasio, grupo de teatro, voluntariado y al final me paraliza el miedo de enfrentarme yo sola a cosas nuevas. Si no es por miedo, alegrate, probablemente esa oportunidad para otra persona fuera una gran oportunidad, pero para ti, solo fuera una cadena.

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  8. Las oportunidades aparecen de repente, pero el camino lo elegimos nosotros... Una vez, alguien me dijo que para sacarle jugo a la vida hay que decir que sí a todo, siempre se está a tiempo para dar el no después, si lo has probado y no te ha gustado la experiencia. Hay veces que salir de un camino conocido da miedito, pero yo creo que quedarse donde uno está por comodidad, hace también crecer la amargura... Y no todo tiene por qué ser trabajo, que hay más cosas en la vida, mujer!

    Un abrazote gordo!

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  9. PILAR que importante lo que dices, a veces es el miedo el que nos obliga a elegir y no siempre en la dirección correcta.

    JUAN CARLOS creo que es la única decisión que tengo clara.

    YANDROS la decisión aún depende del paso de unos cuantos años y a saber los tumbos que irá dando la vida entonces, aunque me has calado al 100%, no sé lo que quiero y tengo un extraño enganche a la comodidad de los días. Hablaba con Pilar sobre el miedo y huir en la dirección equivocada, en mi caso el miedo me paraliza.

    PENSADORA lo recuerdo, pensamos que hemos de alcanzar grandes sueños y grandes proezas para ser felices cuando todo es mucho más simple.

    GATA ROMA te veo del lado de TAMBOR, los trenes no estarán pasando continuamente, así que a por ellos. A veces pienso que no debería dar tantas vueltas a las cosas, dejarme llevar, fluir, ser más valiente y más consecuente con todos mis pensamientos.

    TEGEME ¡me has pillado! no me gusta renunciar a lo que me gusta, tener poder o liderazgo no siempre me ha parecido una gran oportunidad.

    DARTHPITUFINA ¿Decir sí a todo? a mí eso me da impresión de peligro, pero ya veo, que otra vez, es culpa de ese miedito que me paraliza. Leyendote me he acordado de cuando me ofrecieron estar en este puesto y las vueltas que le di, y el miedo que me dio dejar de llevar mis pacientes y hacer las cosas que había hecho siempre, y al final no fue malo, tal vez tu filosofía sea la más acertada.

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  10. Hola corazón, acabo de leer tu comentario sobre Jung y la sincronicidad en mi blog, ¡¡ cuánto sabes !!... Te admiro mucho por eso.

    Un besote y que pases un domingo estupendo!

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  11. DARTHPITUFINA en realidad no sé mucho, pero lo de la sincronicidad siempre me tuvo intrigada por eso acabe comprándome un libro sobre Jung, y justo hace poco leí en otro de Francesc Miralles (365 ideas para cambiar tu vida) que Anthony Hopkins iba a hacer una película titulada la mujer de Petrovka, basada en una novela de un tal George Feifer, el actor dedicó un día entero a buscar el libro por todo Londres, pero no lo encontró, así que desanimado se volvió a casa y mientras esperaba el metro encontró abandonado en un banco un libro, que justo era La Mujer de Petrovka. El libro además estaba lleno de anotaciones en el margen.
    Cuando se empezó la grabación de la película dos años después, Hopkins conoció al autor, que le explicó que había perdido su ejemplar con anotaciones en un viaje a Londres. El libro resultó ser el mismo.
    Esto es un hecho real, en mi vida, me han pasado muchas cosas de esas, que mal tituladas las he llamado casualidades, estoy segura que a ti también te han pasado. Eso es lo que me hace creer que el destino es una mezcla de todo, cuando tu mente empieza a buscar algo de forma determinada casualmente lo encuentra.

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  12. Desde mi punto de vista, el verdadero problema no está en tomar decisiones, el verdadero problema está en conocer el lugar al que quieres llegar, porque para llegar a ese lugar seguro que tienes mil caminos diferentes, que se mezclan y se cruzan como los laberintos. Pero si tienes claro dónde quieres llegar, entonces siempre sabrás qué decisión quieres tomar. Y yo creo que sí tienes claro dónde quieres llegar.

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  13. CAMALEONA pues mira que yo no lo tengo tan claro, sé lo que no quiero y poco más, pero es verdad la base para tomar buenas decisiones es conocer el objetivo al que nos dirigimos.

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