sábado 8 de octubre de 2011

PREPOTENCIA, UNA NOCHE EN MADRID


Tambor y yo partimos una mañana rumbo a Madrid, ella llevaba una semana emocionada pensando en el hecho de pasar más tiempo juntas, yo resignada por los eventos aburridos a los que tengo que acudir por culpa del trabajo. Tuve que oírla protestar por toda la terminal hasta que se dio cuenta que viajar en metro no tiene nada de malo, como una niña pequeña sonreía sin parar y orgullosa llamaba a su hija, casi de mi misma edad, para contarle su pequeña aventura conmigo. Sigue pensando que es una suerte que nos hayamos encontrado.
Las dos tuvimos tiempo de hacer un pequeño recorrido a nuestra vida sorbiendo lentamente traguitos de café y de té.
Mis ojos tristes siguen buscando desesperadamente el amor aunque esté más que acostumbrada a la soledad. Y aunque resulte sorprendente, sigo sin olvidar, finjo que he seguido con la vida, pero muchas veces vienen las oleadas de recuerdos y los encogimientos del corazón. Y no entiendo cómo ciertas personas pueden dañarte hasta el punto de perder el sentido que nos mantiene con los pies en el suelo. Y nada es suficiente, ni comparable, y al final, una misma se niega toda oportunidad. Y el tiempo sigue pasando, demasiado tiempo ya acumulado que me ha convertido en otra persona.
Tambor sabe dar consejos, sin embargo, algo me dice que no los aplica de la misma manera. Sus ojos también son tristes, y entre retazos de una vida anterior, entiendo lo cómoda que se sentía, lo que nos gustaría, lo que creemos que nos merecemos, lo que ansiamos, lo que probablemente nunca será. Y a pesar de todo, ella no está sola, no de la misma manera que yo.
Desde esta perspectiva es normal que las dos estuviéramos emocionadas al entrar en el hotel. Un cambio en nuestra rutina y un deseo de que esto perdure teñido por la certeza de que acabara. Su deseo de protegerme y mi sensación de que el futuro está a dos pasos de mis deseos.
Nos sentamos en el hall, en unos grandes butacones, esperando que nos llevaran a cenar a un importante restaurante de la magia de Madrid. Los negocios empiezan con el intento de seducción seguidos de la esperanza de que llegue el acuerdo. De repente dos hombres pasaron por delante de nosotras, noté una mirada que se clavaba. Tambor me empujó para que nos levantáramos rápidamente, quien esperábamos ya estaba listo para marcharnos a cenar. Aún no había alcanzado la puerta cuando una mano me tomó por el brazo. Identifiqué la mirada de antes, luego un discurso soltado sin premeditación: “me has encantado, quiero conocerte”, Tambor tirando de mi otro brazo, sin entender porque aceptaba su invitación. Le sonreí con prisas, le di mi nombre, le dije que me buscara, salí corriendo.
Tambor se quedó esperando mi explicación, tal vez es la desesperación del amor la que me lleva a cometer estas locuras, la otra, la que le solté, es que creía fervientemente en los actos de valentía, un enfrentamiento al rechazo implica ser justo y otorgar una oportunidad.
Tambor es terapeuta, yo me licencié en psicología. Las dos intentando conocernos a nosotras mismas. Ella aceptando a los demás, yo trasladándoles mis mismos motivos. Así, que después de mi discurso, a su entender fallido me dijo algo que cambió mi perspectiva: “no te equivoques, no se trata de valentía, si no de prepotencia. La prepotencia de creer que cualquiera puede responder a sus deseos con un simple acto, y que en el fondo lo que esconde es una terrible inseguridad.” Adivinar los motivos de otra persona es altamente difícil, sólo sé que yo trato de hacer encajar los detalles para que se adapten a la versión que me gusta, pero Tambor me hizo recuperar otras informaciones de la escena del hall: “me da igual si no eres de aquí, yo soy de California, puedo ir a Barcelona sin problemas” “¿de qué trabajas?” “Yo soy embajador”. 5 minutos de conversación y esas preguntas se enlazaban con la necesidad de un reconocimiento social que yo no busco. Tal vez la versión de Tambor era más acertada.
De repente me doy cuenta de porque no entiendo a las personas, de porque no encuentro muchas veces respuesta a mis palabras, de porque espero y no sucede, simplemente me equivoco en mi intento de comprenderlos, porque creo que piensan y sienten como yo, y resulta que no, y en esa circunstancia me pierdo, y acabo por no respetar su libertad de ser como son. La prepotencia fue la mía.

20 comentarios:

Noelia dijo...

La verdad es que nunca había escuchado un consejo como ese, pero me hace pensar y mucho.
Es cierto que uno nunca termina de conocer a las personas y también lo es esa prepotencia que Tambor señalo más que bien, no sé si es una excusa o no, pero ¿por qué necesitamos que sean, piensen o le gusten lo mismo que a nosotras? Probablemente si fuera así ya se me hubiera dado, aunque también me di cuenta de otras cosas, de lo que una se permite vivir con tal de sentir y no es que esté mal solo que a veces tenemos que recordarnos que nos queremos y nos merecemos que nos quieran y no conformarnos con congeniar solamente.
No sé si es una excusa o qué, solo me pasa por la cabeza.
Siempre haciéndome ver para adentro.
Besos.
Noelia

mercedespinto dijo...

Uno de los ejercicios más difíciles para el ser humano es meterse en los zapatos del prójimo, y es cierto que es a causa de la prepotencia. Nos pasa a todos, pero pocos, como tú, lo reconocen, lo cual, como bien sabes, es el primer paso para conseguirlo.
Un abrazo y hasta pronto.

Pilar dijo...

Que dificil debe ser enfrentar el mundo llevando encima todos los espejos, ¿valentía vs. prepotencia?
No creo que sean tan diferentes,al menos para dar ese primer paso.
Quizás a veces, sea mejor dejarse llevar, al menos hasta que sientas que pueden hacerte daño.

Besos

La gata Roma dijo...

Puffff… averiguar lo que los demás piensan… y sus motivaciones… Se me antoja imposible… Me resulta casi imposible hacerlo con la gente que conozco, con desconocidos ya ni me lo planteo… aunque ciertamente todos tratamos de descifrar esas cosas, y supongo que generalmente, fallamos… las adaptamos a lo más conveniente como tú dices y ahí viene el batacazo….
No sé, me estoy rayando mucho al pensar en todas las aristas de esto…

Kisses

mariajesusparadela dijo...

De los dos, creo.

RECOMENZAR dijo...

Hay escritora Que bien escribes

Rebeca dijo...

NOELIA no es que necesite que la gente piense igual que yo, sólo que creo que los entiendo basándome sólo en lo que me parece que a mí me motivaría y claro me equivoco porque sus pensamientos y valores son totalmente distintos.

MERCEDES para mi desgracia creo que seguiré sin acertar mucho, casi siempre busco justificaciones y a veces los motivos no responden a causas nobles.

PILAR quizás, o quizás a veces es mejor retenerse, de todas maneras me quedo con los espejos, demasiado complicado es el mundo para que yo ande intentando desesntrañar hasta el último detalle.

Rebeca dijo...

GATA ROMA creo que se trata de inteligencia emocional o social, los que la poseen son capaces de predecir las reacciones y el comportamiento de los otros, yo no suele plantearme mucho porqué hacen las cosas los demás, sólo cuando me afecta a mí directamente y no me encajan las piezas.

MARIA JESUS ¡pues eso! qué yo tampoco me libro.


RECOMENZAR ¡ya me gustaría a mí ser escritora de verdad! ja,ja

PsicoAlhana dijo...

Me has hecho recordar una conversación con un terapeuta-maestro de Terapia Gestalt.

Decía que llevamos ya muchos años conociendonos a nosotros mismos pero es dificil evitar la trasnferencia de emociones a quien tienes delante.

De ahi radica el bonito juego de empatizar y ser uno mismo, de la transferencia y cotransferencia que ejercen y ejercemos a los demás.

Me parece que solamente alguien con un 100% de inteligencia emocional es capaz de saber lo que tiene delante (seria lo más facil) pero ya me dirás quien puede ayudarte a saber tu 100% de ti mismo sin patalear ni hacernos sentir culpable.

Recuerda que el peor sentimiento en este mundo racional es la culpa, de ella radica la mayoría de problemas.

Mantén tu cabeza erguida si has sabido darte cuenta de que has sido prepotente, ahora no se estila eso de reconocer emociones, una pena.

Gran escrito, me ha encantado.

Rebeca dijo...

PISOCALHANA me encantan tus conocimientos sobre la psicologia y ese toquecito peculiar que le das a la realidad. Qué razón tienes! cómo poseer inteligencia emocional al 100% si demasiado nos cuesta conocernos a nosotros mismos! Olvidaba que la transferéncia es uno de los grandes sesgos de los psicologos y sus terapias cuando tratan de acercarse al paciente.

Libros Que Voy Leyendo dijo...

Un gran consejo, no cabe duda de que es digno de reflexión. Es muy complicado ponerse en el lugar de otra persona, pero a veces, si nos esforzamos, se consigue

Con tu permiso me quedo por aquí

Te sigo

Saludos
Lourdes

Maribel dijo...

Hola Rebeca, creo que Tambor tenía razón, las personas son todas diferentes, pero algunos necesitan utilizar su prepotencia, sinó no se sientes vivos, un beso violeta, un placer visitarte,
Maribel

Rebeca dijo...

Hola Lourdes, no sé si buen consejo o la dificultad real de saber las motivaciones de los demás, pero bueno, para la próxima sólo contemplaré los hechos, ja,ja

MARIBEL ¡es qué Tambor es muy lista! ¡todo un personaje, sí señor! y yo peco de Candy, Candy, a todo el mundo le veo un enorme corazón y un arco iris sobre la cabeza.

José Antonio del Pozo dijo...

pues me ha gustado mucho el vaivén emocional de estas mujeres de ojos tristes y el dibujo que haces de su zozobra íntima, que recuerda esa rica intimidad vivencial de Virginia Woolf. Te felicito, pues.
saludos blogueros, Rebeca

Britanny dijo...

Me siento muy identificada contigo a menudo. Lo de "hacer encajar los detalles para que se adapten a la versión que me gusta", eso también lo hago. Creo que lo hacemos muchos. Y tengo suerte cuando me doy cuenta pero otras... así van las cosas a veces. Ojalá muchos se dieran cuenta de su prepotencia más a menudo, incluida yo.

Rebeca dijo...

JOSE ANTONIO, ays ¿y quién teme a Virginia Woolf? esa zozobra emocional me recuerda siempre lo complejas que somos las mujeres que llevamos nuestros sentimientos a ser la bandera de nuestra identidad.

BRITANNY ¡y qué le vamos a hacer! tal vez seria muy duro ver cada vez que la realidad no encaja, aunque a veces, caigamos en ese pecadillo de la prepotencia.

AN... dijo...

Bueno hoy ya te tocaba ... Llevo tiempo queriendo ponerme al día en tu blog , primero porque me gusta el titulo y segundo porque me reí mucho en la película . Y tercero y mas importante me gusta como escribes .
Respecto al tema de la prepotencia , me he encontrado con dos tipos de personas , las que te comentan sus carreras de forma cotidiana , sin darle la mayor importancia y los que quieren restregartelas por las narices para marcar diferencias o status ... Estos últimos me dan un poquito de pena o están enamorados de si mismos y se queman en la hoguera de las vanidades o tienen un serio problema de autoestima ...
De todas formas yo no debería hablar , siempre me presento con .... hola soy asquerosamente rico , y soy hermano guapo de Nacho Vidal .... ;)
Que si no te importa te leo y paseo por tu casa .. Un beso

Rebeca dijo...

AN... pues menuda decepción habrás tenido porque al final este blog tiene que ver con todo menos con Bridget Jones, ya ves, empecé tomándomelo con sentido del humor y acabe poniéndome excesivamente seria con la vida.
¿asquerosamente rico, hermano de Nacho Vidal y médico? uff! una combinación explosiva! en fin, para ser realmente sincera y sabiendo que nadie se escapa en ciertos momentos de un poquito de prepotencia, te diré que yo me hago pasar por actriz ¡lo de ser enfermera no es tan divertido! ja,ja

Jenn dijo...

Como ya he dicho un montón de veces, ¡hay que ver lo que nos parecemos!

Yo lo llamaría valentía, más que prepotencia. Aún pudiendo razonar que aquello no era lo que buscabas, quisiste dar una oportunidad. Quizás deseando que "ese" fuera el amor querido, pero, al fin y al cabo, ¿no es eso lo que nos mueve a las románticas a caer en brazos de hombres equivocados, la creencia de que "éste sí que sí", aunque en el fondo sepamos que difícilmente lo será?

Nunca sabemos dónde vamos a encontrar lo buscado, puede que en un viaje de negocios, comprando el pan, en una cita a ciegas, en el bus, o en ese hombre tímido con el que nos cruzamos a menudo, lo importante es saber dar la oportunidad, o lo que es más, atreverse a ello. Quien no arriesga, no gana ;)

Besos.

Rebeca dijo...

JENN al final todo se resume también en eso que tan bien comentas, el deseo de encontrar al príncipe azul impulsado por un románticismo irracional aunque en el fondo sepa de sobras que es el hombre equivocado.