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Mostrando entradas de diciembre, 2010

FANTASMAS DE NAVIDAD

No es que me estén afectando especialmente las Navidades, creo que el hecho de que la temperatura siga siendo agradable con algunos intervalos de frío, lluvia, niebla y cielo gris está contribuyendo a ello. Aunque reconozco cierta pereza por volver a hacer lo de cada año y una especial sensibilidad para todo lo que tenga que ver con hacer el bien.
Tambor tiene la siguiente inscripción colgada de la estantería de nuestro despacho: “todas las cosas están interrelacionadas y son interdependientes. Nada existe de forma aislada. El universo entero es un ecosistema similar a una telaraña: si alguien toca una parte, toda la red se estremece. Como resultado de la interacción y la interdependencia, toda expresión de energía, incluyendo nuestros pensamientos e intenciones, acaba tocando y afectando todo lo demás (Mathew Flickstein)”.
Pues alguien ha tocado mi tela de araña.
Cada año recuerdo el cuento de Dickens en el que un fantasma visita a un viejo tacaño y rencoroso, siempre pensé que su moral…

UN PIANO ROJO

A pesar de que los días me han llevado a vivir el capítulo 600 de mi particular novela, no diré ni una sola palabra al respecto.

Lo que sí diré es que hoy me acordé del Hombre G, me llegó como un rumor lejano y me hizo sonreír. Des de que decidió no ser ni siquiera mi amigo y aceptar lo escrito en una servilleta, a penas nos hemos cruzado dos veces por el hospital . Le recordaré que no me importa su indiferencia fingida si no todo lo que me hizo vivir, por lo que sigo dándole las gracias y pidiéndole perdón.

Todo empezó con un piano rojo, en realidad eran dos pianos rojos, los dos sujetados con dos tiestos enormes, con sus teclas blancas y negras bien enfiladas. Estaban colocados en el medio de la ciudad de Lima, en Perú, el país y la ciudad del Hombre G.

Los pianos a veces sonaban desafinados y otras emitían una dulce melodía que obligaba a mover ligeramente los pies. Su única misión era combatir el aburrimiento, el tedio, el agobio, la angustia y la ansiedad de la gran ciudad mediante:…

EL SECRETO Y EL EFECTO PLACEBO

He leído muchas cosas estos días de fiesta, curiosamente sin salir de casa he ido a muchos sitios, eso me ha recordado lo que alguna vez dijo un erudito acerca de la suerte de nuestros días, sobre conocer el mundo entero sin necesidad de coger ni un solo avión, explorar costumbres, descubrir culturas, conocer eventos…y todo gracias a los libros. Tal y como anda el mundo, tal vez sea posible como me susurra esa canción de la Oreja de Van Gogh volver a ver San Sebastián en el siglo 26 desde mi nave espacial, si no es en el 26, al menos prometí firmemente en el monte Urgul, volver algún día, aunque si soy sincera conmigo misma, llevo haciendo la misma lista inacabable de cosas pendientes desde los 10 años y todavía no he conseguido cumplir ni el 10%, será cosa de la pereza y las excusas fáciles, aunque vale por ese 10% que sí cumplí, tampoco es cuestión de ser excesivamente exigente con uno mismo.

Entre las recomendaciones me he regalado la posibilidad de cambiar la perspectiva, el Secret…