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Mostrando entradas de octubre, 2010

MERECER LA FELICIDAD

Dicen que todos merecemos la felicidad, aunque muchas veces nos olvidamos de ello, y hacemos todo lo posible para seguir siendo infelices. Confieso que a pesar de mis firmes decisiones y mi paz conmigo misma, Toto, al final, consiguió ponerme en alerta y descubrir que es mejor hacer las cosas bien desde el principio porqué a la hora de la verdad las personas no cambian y los mismo sentimientos agridulces se entremezclan y uno sufre igual si no da por cerrado aquel circulo para el que se prometió comprar el más grande de los candados. Por un momento pensé que esos 7 meses no había servido para nada. Mientras yo recordaba mi vida bajo la lluvia y me daba cuenta que no era impermeable ni al agua ni a los sentimientos, Toto insistía en no querer o en no poderme querer y en creerse que yo podía ser feliz con muy poco, un momento perfecto siempre fue seguido de una desaparición, de mi larga espera y de su falta de comprensión. Sophia me invitó a cenar sushi acompañada de una buena banda sonora…

BAJO LA LLUVIA

Sigo andando por un camino peligroso aunque con la conciencia siempre alerta y desando ser yo y sólo yo. Si luego vienen las consecuencias entonces merecidas son.
La niebla había ido tapando el paisaje y Barcelona ya no se descubría tan interesante. Toto y yo caminabamos con las manos en los bolsillos alrededor del castillo. De repente un olor le hizo detenerse y volver a la infancia, los higos dulces parecían, sin comérmelos, deshacerse en mi paladar. Y mientras él viajaba a Bogotá y me hablaba de su abuela y de cómo habían bautizado a esa fruta brevas en lugar de higos, yo también volvía a mis propios recuerdos pero con la conclusión de que se había acabado la epoca de compartir algo entre nosotros, y desandando el camino descubrí que podía desoír las advertencias porqué yo ya no era la misma y la cuerda floja se me antojaba como una enorme cama elástica.
Paseamos en moto por toda la ciudad, nos sentamos a escuchar un concierto de guitarra, compartimos comida china, brindamos sin ning…

7 MESES PARA COMER, AMAR Y REZAR

Después de aprender a vivir conmigo misma y seguir los preceptos propuestos por la última película de Julia Roberts:comer, amar y rezar, dejé que mi vida avanzara a su propio antojo, convirtiendo en un lujo las pequeñas lamentaciones, que sin más remedio, debería pronunciar, cuando me enfrentara a solas a la realidad. Una duda de un momento y luego otra vez dispuesta para seguir el camino. No esperaba que nada cambiara y de hecho poco lo ha hecho, pero de repente me vi acorralada por la sorpresa y por algo que pensé que nunca sucedería. Mi amor por los demás se negó una y otra vez a aceptar que alguien pudiera dañar sin ningún motivo, sin ningún remordimiento, sin ninguna razón, con alevosía y con un sadismo indescriptible capaz de hurgar una y otra vez en la herida. Pero al final los hechos me convencieron que todo lo sucedido no respondía a ninguna razón sentimental y que debería usar la lógica y aceptar que había personas que simplemente no aman a los demás. Recuerdo haberme sentido e…