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I AM AMSTERDAM



Pepo, el hombre de las ideas infranqueables apostó porqué mejor sólo ir una vez en la vida, para él era absolutamente suficiente dado que la belleza se comprimía en un ángulo cerrado que nada tenía que ver con el resto de Holanda, pero yo que soy de vivencias más pasionales podía emocionarme con cualquier cosa que emitiera un leve brillo sobre la superficie del agua.
Y así fue, de la mano de T, empecé a andar las calles de Ámsterdam. Me acordaba de Venecia y a pesar de haberla bautizado también por el nombre de sus canales, Ámsterdam me parecía un lugar totalmente diferente, aquí no había elegancia, enigma ni sensación de que algo se acababa, de que la ciudad se hundía, aquí había diversión, calor, luz, ruido y la intuición de estar sólo de paso.
Me imaginaba como hubiera sido mi vida viviendo en uno de esos barcos por siempre anclados en el canal. Al final la humedad invadiría mis huesos y el sentido romántico del principio, de ser una bohemia, habría acabado en un constante chirrido como el de la madera vieja de mi nave que me diría que mi supuesta libertad no había sido más que supuesta porqué al final hubiera vivido exactamente igual que todos, anclada, pero sobre el agua.
El agua y las flores esas son las dos cosas que más recuerdo porqué me hacen sentirme fresca, viva, alegre. El mercado de tulipanes me sembraba el desconcierto, ante tanta variedad siempre es más fácil elegir cuando hay menos opciones. Y ante la indecisión lo más cobarde: quedarse quieta.
Me hubiera encantado llevarme 200 bulbos salvajes, plantarlos en mi macetero, en ese balcón en que las flores siguen luchando por sobrevivir a pesar de mi descuido. Sin duda me hubieran alegrado cada día y me hubieran puesto un poco nostálgica pensando en Turquía, otro de los países descubiertos con Tico.
Como un matrimonio de muchos años, T y yo andamos con las piernas cansadas siguiendo la estela de los tranvías, no puedo evitar pensar siempre en deseos al hablar de ellos, los dos pasan pero dejan una huella bien marcada que hace que tarde o temprano te vuelvas a reencontrar con el mismo deseo o con el mismo tranvía. ¿Y mi deseo cuál era? Seguía sin tenerlo claro, en la distancia añoraba al Hombre G, su voz me llenaba de ternura, me hacía sentir que a mi regreso las cosas cambiarían porqué alguien esperaba por mí ¡Qué tontas las ilusiones que nos hacen creer en imposibles! Porqué por otro lado me sentía feliz manteniendo la justa distancia, miles de kilómetros y una posibilidad manteniéndose viva.
T estaba interesada en comprar, había visto unas sandalias de pedrería y unas gafas de buena marca, yo más indiferente a esas cosas, me resigné a seguir sus pasos y a conceder sus caprichos, incluido el de comer sushi y noodles sin ser éste el mejor destino.
Le encanta poner cara de niña traviesa y luego cara fea para que su rostro sea lo que más llame la atención de la fotografía, yo en cambio me pierdo en los paisajes, en lo que todo el mundo puede ver en las guías, en el I am Ámsterdam, porqué siento que si no lo ven mis ojos, allí, en tiempo real, entonces no existe, mi cámara captará algo que sólo mi subjetividad despierta.
Nos ahorramos el Rijksmuseum y el museo Van Gogh, pero pisamos fuerte el Dam y sus arterias ( Damrak, Spuistraat) y el VondelPark, aunque sorprendentemente a las cuatro de la tarde la gente ya se dejaba inspirar por la marihuana.
Mi padre una vez plantó una de esas especies en su huerta. Hacía poco había vuelto del País Vasco y había descubierto una nueva diversión. Trató aquella planta con todo su cariño y esperó con ansia a obtener sus cogollos secos, entonces dio un paso más allá. Se sentó en su sofá, ya moldeado a su naturaleza y empezó a fumar. Ese mismo día abandonó su nueva costumbre para siempre al verse más cerca de la muerte que de la alegría, mientras clamaba a voz en grito la presencia de mi madre para socorrerle.
Algo parecido me pasó a mí con los chupa chups que compramos, esperé a estar de vuelta a casa, a una tarde de tedio sin proyectos, y suerte de mi precisión porqué me pase en el suelo el resto del día detrás de mi cabeza y de mi estomago. Será la susceptibilidad, pero es que T y yo sólo aguantamos diez segundos en un coffe shop, y es que para algunas cosas siempre he estado fuera de onda, a mí me da por: toser, llorar y marearme, así que vista la escasa satisfacción mejor no caer en ciertas costumbres.
No me pasa lo mismo con lo del sexo, para eso ya no pongo tantas pegas. Lo del Barrio Rojo cumplió mis expectativas. Con la edad, a parte de rara, me vuelvo pervertida. Los remilgos no aparecieron porqué me sentía en un programa de televisión en el que el concursante encuentra su premio detrás de la puerta elegida. El país de las libertades y ni un solo macizorro puesto en el escaparate ¿realmente creen que a nosotras no nos gusta tanto el sexo? Bueno vale, quizás en mi caso, necesitaría menos carne y un poco de recreo para mis oídos.
A falta de mercancía, T metió una moneda en esos cachivaches que te dispensan todo tipo de comida basura, así que tuve que aplacar mi hambre con media croqueta.
A la mañana siguiente necesitábamos experimentar un poco de arrepentimiento y compasión, así que visitamos la casa de Anna Frank, preciosa junto al canal pero inverosímil ¿Cómo podía algo así haber formado parte de una historia conmovedora? Mi cabeza había imaginado rincones estrechos, lúgubres, feos, tristes...pero la vida de Anna, que sí transcurría en la oscuridad, se alimentaba de espacios amplios y separados, y no sé por qué, porqué no existe ningún motivo que lo justifique, me sentí menos apenada por ella.
Sólo empecé a plantearme cosas cuando al final del museo, mediante un pulsador me invitaron a decidir si en una supuesta democracia movimientos en contra las comunidades musulmanas, literatura que invita al fascismo...se deben prohibir. Como siempre recordaré de las clases de filosofía: tu libertad termina donde empieza la del otro.
Y como libres somos no podemos dominar la voluntad del otro, que es lo que le sucede a veces a T, que se pone sus gafas estrechas y afirma que “eres así, y que no está bien ser así” y así, así, así mi aparente tranquilidad explota “porqué a lo mejor no está bien ser así, pero soy así, y lo único que me queda es la libertad de serlo”. Supongo que cuando alguien aprecia a alguien es inevitable discutir, afianza los lazos, aunque te provoque esa sensación de tener algo indefinido en el estomago que no se va con ningún antiácido.
Como buenas amigas en dos días también nos dio tiempo a pelearnos, a caminar en silencio y a acostarnos giradas cada una hacía a un lado, T decía añorar el beso de su esposo. Un beso en la frente en cada uno de los 365 días del año, yo lo único que puedo añorar es mi último pensamiento antes de caer rendida abrazada a la almohada. A veces soy muy esquiva con el cariño.
Pero las cosas que tienen que ser normalmente vuelven a su cauce de forma espontánea y así tras recordar: la Niuwe kerk, la central Station, el Muntplein, la torre del moneda, el canal Singel... con nuestro paso decidido y las miradas de esos hombres que en el país de las libertades no tenían miedo de mirarte el escote, el saber hacer de los que no sabían que era el ridículo de la censura, las bicicletas tintineantes bloqueando el paso, el reflejo del sol sobre el agua, el mejor consolador del mundo, la cerveza Heineken, la naranja mecánica, nuestra cena en el restaurante italiano bebiendo ese lambrusco que nos pone tan tontas y sintiéndonos más españolas que nunca, la mascarilla facial que nos hizo escocer los ojos y hartarnos de llorar, nuestros pies doloridos, el chocolate blanco para los que nos esperan y en definitiva, el rato, la vida y el mundo que compartimos, T y yo lo único que pudimos es sonreírnos de nuevo. Y ahora miro esa foto tan típica y entiendo que quiso decir: “I am Amsterdam, we were Amsterdam."

Comentarios

Sophia quiere vivir ha dicho que…
La verdad es que has hecho un precioso retrato de una ciudad que no conozco y es como si hubiese estado allí los minutos que he invertido en leer tu post.
Viajar nos aporta tantas vivencias, cada ciudad que uno visita es dejar parte de tí y llevarte parte de ella (te guste o no te guste).
A ver cuadno me animo y me marco un viajecito de esos que uno se encuentra con una misma.
un abrazo!
impertérrito ha dicho que…
me imaginaba como sería mi vida viviendo entre

corrientes.






biquiños
Rebeca ha dicho que…
Menuda paciencia SOPHIA para leerte todo esto porqué mira que me ha quedado largo! Anda animate y marcate no uno, si no unos cuantos viajecitos! ¿dónde nos vamos?

IMPERTÉRRITO ¿corrientes? ¿entonces si soltaramos el ancla sí seria diferente?
aperador ha dicho que…
me ha gustado
hace un par de meses que estuve allí, solo que tuve la suerte de que mi amiga me enseñó algunos pueblos más tradicionales, y sí, a mí también me encanto amsterdan
Anónimo ha dicho que…
Qué culta eres muchachita!!! Tengo que apuntarme tus reseñas para futuras guías turísticas.

Espero que ya estés estupenda, un beso.
Claire ha dicho que…
¡Que viaje más guay!; Yo hace años hice un pequeño viaje con mi mejor amiga, y es genial. Y recuerdo que también hubo algún enfado :-) es lo que tiene la confianza.
La vida bohemia en un barco jajajaja, yo también me la he imaginado en más de una ocasión..
Que sigas disfrutando a tope de tus viajes, que un viaje anual debería ser obligatorio..
Besos.
caminando despacio ha dicho que…
Es una ciudad que me encanta. He estado varias veces, y es una maravilla...Me hace gracia lo del barco, porque no sé si es algo que hace todo el mundo, pero yo también he dedicado bastantes minutos a fantasear con una vida en uno de ellos.
Se ve que has disfrutado, y eso es lo mejor cuando alguien viaja y luego te lo cuenta.
Sophia quiere vivir ha dicho que…
Hola Rebeca!

Pues podríamos ir a cualquier sitio que huela a mar a sal y a puerto, donde coger una barquichuela y navegar en el oceano infinito o quizás a algún lugar donde huela a hierba frescaa a lluvia o tierra mojada , o a una ciudad llena de rincones de historia, de murmullos de gente que se susurra al oído,de paseos interminables...
necesito marcarme unas vacaciones y este año no va a ser... :( jo...
Jauroles ha dicho que…
Esta ciudad la tengo pendiente!! Me lo has recordado... ;P

Besos.
Ralph ha dicho que…
Como los tulipanes ganen a la Roja te van a quemar el blog por entablar amistad con los que nos robaron la Gloria ;)
Rebeca ha dicho que…
APERADOR ¡entonces tú eres una privilegiada! porqué me han dicho que lo bonito de verdad no es precisamente Ámsterdam.

ANÓNIMO lo que ha quedado es un tostón enorme, pero mira es que me puse a escribir y no había quien me parara.

CLAIRE ¡totalmente de acuerdo contigo! ¡una vez al año no hace daño! (bueno un poquito al bolsillo pero va tan bien para la salud)

CAMINANDO DESPACIO supongo que lo del barco es un poco envidia, pensando que a lo mejor esa vida es más interesante.

SOPHIA ¡me han hecho que me entren unas ganas enormes de votalizarme y aparecer en cualquier lugar lejos de mi despacho! Ays... en fin, quizás no este año, pero seguro que muy pronto.

JAUROLES pues adelante, uno no puede dejarse por ahí cosas pendientes.

RALPH, asumiré los riesgos! aunque me da a mí, que a lo mejor me queman el blog por española los holandoses y no por hablar de Amsterdam. A ver que pasa el domingo.
Noelia ha dicho que…
qe bonito!!!! feliz finde
Noelia ha dicho que…
Leo tramo a trama cada palabra y me transporto hacia allí, como si pudiera verlo con mis propios ojos... Espéro alguna vez tener la dicha de hacerlo... Yo creo que si se va a dar...
Saludos amigas...
Rebeca ha dicho que…
NOELIA por supuesto, sólo es cuestión de coger un avión, cruzar el oceáno y plantarte en Amsterdam o en cualquier lugar de Europa, ves y yo me muero por ir a Colombia, México, Perú, Argentina(sólo conozco Buenos Aires), Chile...
GABI ha dicho que…
Uy! Amsterdam es otro de mis destinos pendientes. Que ganitas de ir.....jajajjaja.

Oye! Secundo lo de los buenorros en el barrio Rojo, pero bueno, que las mujeres también quieren carne además de cariño.

Besitos!!
Rebeca ha dicho que…
GABI pues sí, sie s que me da la impresión que el mundo conoce muy poquito a las mujeres de hoy en día.

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