
No lo había confesado, pero una de las cosas que me impulsaron a cambiar de trabajo fue mi propia historia personal, mis pecados me pesaban tanto que agachaba la cabeza y arrastraba los pies y cada vez que alguien me miraba, preguntaba, indagaba, yo caía rendida inundada por la pena, lastimándome contra el suelo y demandando algún inventor que tuviera el suficiente ingenio para crear una goma borralotodo que hiciera desaparecer ciertos actos y construyera historias nuevas.
Lo que uno no tiene muchas veces en cuenta es que los malos actos son necesarios, que sin pecado, pecadito, pecaditillo, pecaditillisimo uno no puede ser lo que es, como una buena receta, necesitas condimento para el corazón, la mente y si me lo pides hasta para el alma. Y por supuesto, es fundamental, ¡Un buen ingrediente secreto!: chile picantón para hacer cosas explosivas, volverte la lengua afilada por inflada y urdirte los remordimientos y volver un poco insensible el corazón.
Así que estrené zapatos nuevos. Un buen día me decidí a que los demás empezaran de cero, ya que yo no podía, al menos que lo hicieran aquellos que no me conocían: que empezaran a juzgarme, a idealizarme, a quererme o simplemente y más fácilmente a odiarme.
11:00 estoy en medio de un pasillo de hospital, luz pálida, recorridos infinitos que parecen no llevar a ninguna parte, caras conformadas que miran con sus pequeñas expectativas desde las camas. Es otro lugar pero en el fondo es el mismo, y por eso era fácil que se sucedieran los reencuentros y los nuevos conocidos.
Ella viene, me sonríe, nos besamos, sigue como siempre y con ella no he podido usar mi goma borralotodo. Empieza a preguntar, vuelvo al origen del caos, siento que me tiembla algo en el interior, pero no es mi corazón es algo que hay más abajo, algo que me recuerda que cada uno de tus actos pesa, que el mundo es infinitamente pequeño, que nunca se olvida del todo. Trato de esquivar el tema, pero ella no lo ha visto o no lo quiere ver, hay gente a la que le encanta tocarte las heridas cual Hannibal Lecter alimentándose de mis hígados. A pesar de todo, creo que estaba en el bando de las que confiaban que esto saliera bien, en el lado de Julieta, otros defenderán a muerte a Romeo. Lo que la gente pocas veces recuerda es que las historias más románticas jamás tuvieron finales felices, precisamente es el dramatismo el que despierta el interés, así que Romeo y Julieta, Rebeca y J. , como Capuletos y Montescos, morimos envenenados por nuestro propio rencor y desconcierto.
Lo que uno no tiene muchas veces en cuenta es que los malos actos son necesarios, que sin pecado, pecadito, pecaditillo, pecaditillisimo uno no puede ser lo que es, como una buena receta, necesitas condimento para el corazón, la mente y si me lo pides hasta para el alma. Y por supuesto, es fundamental, ¡Un buen ingrediente secreto!: chile picantón para hacer cosas explosivas, volverte la lengua afilada por inflada y urdirte los remordimientos y volver un poco insensible el corazón.
Así que estrené zapatos nuevos. Un buen día me decidí a que los demás empezaran de cero, ya que yo no podía, al menos que lo hicieran aquellos que no me conocían: que empezaran a juzgarme, a idealizarme, a quererme o simplemente y más fácilmente a odiarme.
11:00 estoy en medio de un pasillo de hospital, luz pálida, recorridos infinitos que parecen no llevar a ninguna parte, caras conformadas que miran con sus pequeñas expectativas desde las camas. Es otro lugar pero en el fondo es el mismo, y por eso era fácil que se sucedieran los reencuentros y los nuevos conocidos.
Ella viene, me sonríe, nos besamos, sigue como siempre y con ella no he podido usar mi goma borralotodo. Empieza a preguntar, vuelvo al origen del caos, siento que me tiembla algo en el interior, pero no es mi corazón es algo que hay más abajo, algo que me recuerda que cada uno de tus actos pesa, que el mundo es infinitamente pequeño, que nunca se olvida del todo. Trato de esquivar el tema, pero ella no lo ha visto o no lo quiere ver, hay gente a la que le encanta tocarte las heridas cual Hannibal Lecter alimentándose de mis hígados. A pesar de todo, creo que estaba en el bando de las que confiaban que esto saliera bien, en el lado de Julieta, otros defenderán a muerte a Romeo. Lo que la gente pocas veces recuerda es que las historias más románticas jamás tuvieron finales felices, precisamente es el dramatismo el que despierta el interés, así que Romeo y Julieta, Rebeca y J. , como Capuletos y Montescos, morimos envenenados por nuestro propio rencor y desconcierto.
12:00 dejo el pasillo, pienso en lo que ha valido la pena de todo esto y en que se quiera o no es imposible empezar de cero. Siempre habrá quien conocerá mis pecados y aún así estoy tan contenta de haberlos cometido, porqué gracias a ellos ahora entiendo a Julieta y sus palabra: “Ah, Romeo, Romeo! ¿Por qué has de ser Romeo? Niega a tu padre y rechaza ese nombre, o, si quieres, júrame tu amor y dejaré de ser una Capuleto.” Esa desesperación sólo puede ser fruto del amor, sólo el que lo ha vivido puede entenderlo, todos vivimos el amor, todos en algún momento nos dejamos llevar por sus extremos. Me volví Julieta un tiempo, pero ya he recuperado la cordura, aunque no prometo nada, hasta Toto con toda su fachada un buen día también fue Romeo, y como yo quiso morir de amor, pero lo cierto es que muy pocos se mueren de eso, más bien, todos empezamos de nuevo (que no es lo mismo que de cero) y volvemos a construir historias, nuevos Romeos y Julietas con la esperanza de que esta vez no nos convirtamos en una esas famosas historias de amor que por tragicas se hicieron famosas.







