viernes 27 de noviembre de 2009

ROMEO Y JULIETA


(O LOS RETORCEDORES DE RECUERDOS Y LA GOMA BORRALOTODO)
No lo había confesado, pero una de las cosas que me impulsaron a cambiar de trabajo fue mi propia historia personal, mis pecados me pesaban tanto que agachaba la cabeza y arrastraba los pies y cada vez que alguien me miraba, preguntaba, indagaba, yo caía rendida inundada por la pena, lastimándome contra el suelo y demandando algún inventor que tuviera el suficiente ingenio para crear una goma borralotodo que hiciera desaparecer ciertos actos y construyera historias nuevas.
Lo que uno no tiene muchas veces en cuenta es que los malos actos son necesarios, que sin pecado, pecadito, pecaditillo, pecaditillisimo uno no puede ser lo que es, como una buena receta, necesitas condimento para el corazón, la mente y si me lo pides hasta para el alma. Y por supuesto, es fundamental, ¡Un buen ingrediente secreto!: chile picantón para hacer cosas explosivas, volverte la lengua afilada por inflada y urdirte los remordimientos y volver un poco insensible el corazón.
Así que estrené zapatos nuevos. Un buen día me decidí a que los demás empezaran de cero, ya que yo no podía, al menos que lo hicieran aquellos que no me conocían: que empezaran a juzgarme, a idealizarme, a quererme o simplemente y más fácilmente a odiarme.
11:00 estoy en medio de un pasillo de hospital, luz pálida, recorridos infinitos que parecen no llevar a ninguna parte, caras conformadas que miran con sus pequeñas expectativas desde las camas. Es otro lugar pero en el fondo es el mismo, y por eso era fácil que se sucedieran los reencuentros y los nuevos conocidos.
Ella viene, me sonríe, nos besamos, sigue como siempre y con ella no he podido usar mi goma borralotodo. Empieza a preguntar, vuelvo al origen del caos, siento que me tiembla algo en el interior, pero no es mi corazón es algo que hay más abajo, algo que me recuerda que cada uno de tus actos pesa, que el mundo es infinitamente pequeño, que nunca se olvida del todo. Trato de esquivar el tema, pero ella no lo ha visto o no lo quiere ver, hay gente a la que le encanta tocarte las heridas cual Hannibal Lecter alimentándose de mis hígados. A pesar de todo, creo que estaba en el bando de las que confiaban que esto saliera bien, en el lado de Julieta, otros defenderán a muerte a Romeo. Lo que la gente pocas veces recuerda es que las historias más románticas jamás tuvieron finales felices, precisamente es el dramatismo el que despierta el interés, así que Romeo y Julieta, Rebeca y J. , como Capuletos y Montescos, morimos envenenados por nuestro propio rencor y desconcierto.

12:00 dejo el pasillo, pienso en lo que ha valido la pena de todo esto y en que se quiera o no es imposible empezar de cero. Siempre habrá quien conocerá mis pecados y aún así estoy tan contenta de haberlos cometido, porqué gracias a ellos ahora entiendo a Julieta y sus palabra: “Ah, Romeo, Romeo! ¿Por qué has de ser Romeo? Niega a tu padre y rechaza ese nombre, o, si quieres, júrame tu amor y dejaré de ser una Capuleto.” Esa desesperación sólo puede ser fruto del amor, sólo el que lo ha vivido puede entenderlo, todos vivimos el amor, todos en algún momento nos dejamos llevar por sus extremos. Me volví Julieta un tiempo, pero ya he recuperado la cordura, aunque no prometo nada, hasta Toto con toda su fachada un buen día también fue Romeo, y como yo quiso morir de amor, pero lo cierto es que muy pocos se mueren de eso, más bien, todos empezamos de nuevo (que no es lo mismo que de cero) y volvemos a construir historias, nuevos Romeos y Julietas con la esperanza de que esta vez no nos convirtamos en una esas famosas historias de amor que por tragicas se hicieron famosas.

martes 24 de noviembre de 2009

LA PAZ QUE LE DISTE A MIS OJOS


Hypatia ignora el gesto de dolor de Davo, ignora sus sentimientos, su cuerpo, su vida, su persona. Hypatia habla de la paz, de evitar la guerra causada por la religión y estira su mano para tender la filosofía a sus alumnos especificando las razones que deben hacer que sigamos tratándonos como hermanos. Pero esa filosofía no incluye a los esclavos, estos no han alcanzado el rango de ciudadanos y en algún punto eso hace que el argumento flaquee.
Espartaco no teme a la muerte, cuando uno es esclavo la vida carece de sentido por un solo motivo: no tiene la libertad de decidir, todo está hecho y todo esta dado. El que teme el momento del fin es porqué se encargó de disfrutar bajo el peso de la libertad.
La libertad implica responsabilidad. La libertad implica ser fuerte, consecuente con tus actos. La libertad implica decisión, madurez, solidaridad. Soy libre y aún así a veces tengo miedo, pero me alegro de temblar al oír su nombre.
Hace mucho tiempo hubo una guerra civil. España se sumió en el caos. Las caras de hambre y de tristeza quedaron reflejadas en cientos de fotografías para ser pruebas de cómo fue de terrible el mundo un mal día.
Asunción Sánchez se paseaba con su vestido negro lleno de remiendos que acostumbraba a lavar en el río. Tenía 7 bocas que alimentar y ningún pesar en la conciencia. El coraje de su estirpe le había dado la fuerza para sacar adelante eso y mucho más. Capaz de atravesar media Andalucía con el cadáver de su hija más pequeña en brazos en busca de alguien que se la quisiera enterrar, había aprendido que en tiempo difíciles no es posible rendirse. Jesús, su marido, había desaparecido a manos de Franco, aunque la confianza le hacía creer que pronto regresaría y volverían a tener otro hijo como ya era costumbre en cada uno de sus encuentros.
Impulsada por la injusticia salió a las calles de su pequeño pueblo, perteneciente a esa Granada que yace pérdida entre cuevas y penurias. Gritó y gritó por la libertad, y dijo que nadie jamás le robaría lo que era suyo y menos lo que le pertenecía a sus hijos, a sus nietos, a los que vinimos luego.
Entonces llegaron ellos, los que no toleraban la revolución, lo que habían dicho que había que aceptar la dictadura, los que habían decidido que España iba a ser de otra manera, de su manera. La cogieron por el brazo y la arrastraron decididos a llevarla a la cárcel, pero Josefa Sánchez, tan buena ella, danzó a su alrededor, soltó que todo eran mentiras, que la única defensora de la libertad era ella, y es que 7 bocas que alimentar son demasiadas para quedar huérfanas. Josefa Sánchez fue llevada a la cárcel. Como el ruiseñor se quedó sin libertad, encerrada en medio de miserias, torturada sin sentido por defender a aquella hermana que quería que cada uno viviera decidiendo, pero que sobretodo era madre, madre coraje, madre a veces un poco incauta.
Josefa Sánchez nunca tuvo hijos, alguien se encargó de dejarla sin matriz y sin ovarios. Es peligroso dejar a las revolucionarias que tengan vástagos. Aunque los 9 sobrinos que al final sobrevivieron fruto del vientre de Asunción, fueron para ella como hijos y así también lo fuimos los nietos.
Pero lo importante de esta historia, real, pedacito de mi familia, reflejo de lo que heredé por parte de mi abuela es que quizás el mayor de los regalos que nos pueden ofrecer es ese derecho a ser absolutamente libres, y así han pasado los años, ha vuelto la paz, y gracias a ellas y a otros miles de gestos de la historia, de pequeñas historias, tengo entre mis manos algo muy grande, ahora sólo nos toca a nuestra generación, hacer todo lo posible por conservarla.

viernes 20 de noviembre de 2009

LA MUJER FRÍVOLA


Se acaba el año ¡oh, yeah! Y creo que he empezado a dejar el patetismo al lado. Me estoy convirtiendo en esa mujer que yo quería: frívola, despreocupada, segura de sí misma, perfecta en sus manías y disfrutando del buen sexo y del buen vino ¿qué más se puede pedir? Atrás quedaron aquellas bragas con agujeros de cuando conocí a Toto (la suerte de la sorpresa ¡siempre, siempre te pilla desprevenida!).
Quizás me he vuelto hasta un poco simpática y más atrevida, dejando atrás mi cara de “mal olor” que consiste en bajar las cejas, arrugar la nariz y torcer la boca hacía la derecha, señal inequívoca de mi desprecio hacía todo lo superfluo (¡qué bruja me siento!).
Una semana de vacaciones esta sirviendo para poner a punto todas mis endorfinas, las muy vagas por fin se han manifestado y se ha puesto todas a chillar como locas (una verdadera revolución hormonal): “¡por qué sí! ¡por qué tú lo vales! ¡nena, te queremos!” y yo me descorcho el vino blanco que tengo guardado en la nevera y dejo que me entré el mareo entre sorbito y sorbito y aún mis neuronas aciertan a decir: “¡esto es vida, sí señor, sí señor!” Me pongo a bailar como una zombie sobre la alfombra roja y mis pies me recuerdan que los zapatos de tacón me están matando, pero que cuando esta mañana he pasado por esa obra y me han vuelto a chillar: “¡ole, por la mujer española” me he dicho también: “¡pues qué viva el tacón y si me estiro hasta la peineta!.”
Me siento en el restaurante italiano de debajo de mi casa con dos amigas, y el chef ya me mira como si me conociera de toda la vida, esta pensando: “es la chica independiente que vive arriba ¿por qué andará tan sola?”, me ha visto toda una semana subiendo y bajando cajas, con mi fuerza, demostrando que soy autosuficiente. El mastín enorme de color marrón que siempre franquea la puerta, eterna compañía del chef, me ha dedicado una de sus miradas tristonas, sé que vamos a ser amigos.
T y R discurren sobre la vida, T está triste porqué ha suspendido un examen, hago gárgaras con el lambrusco, R ha hecho el mismo examen y tampoco le ha ido maravilloso, pero se lo toma con calma, es de las mías, sabe que una vez suceden las cosas sólo nos queda sacar lo positivo. T se pone a llorar ¡es muy sentimental! Y me he dado cuenta que las personas más alegres y que parecen más felices son las que están más tristes por dentro, T lo está. Lo quiere absorber todo con su cariño y estira las manos y busca y busca, y yo le doy un poquito de mi dedo, y le suelto palabritas, pero ella sigue triste. “Un examen no es nada TT desempaña sus ojos llenos de lagrimas y nos mira a R y R y le digo que va a tener que cambiarse el nombre si quiere ser nuestra amiga, sonríe y pasa sus puñitos por sus mejillas pálidas y suelta: “Estoy tan contenta de haber encontrado por fin personas como vosotras, que me entiendan tan bien, con las que se puede contar...” Devoro mi pizza Bismarck y voy pensando poquito a poquito: “y yo que quería ser una mujer frívola, estar graciosa en su justa medida, ser egoísta, y resulta que no, que soy todo eso y un poquito más, soy amiga de mis amigos, no importa el tiempo que lleven en mi vida y de forma tonta, creo que por eso todavía no me han salido las arrugas, porqué todavía abro mucho los ojos para poder verte bien y saber lo que sientes, lo que piensas y decirte que siempre puedes contar conmigo”.
La mujer frívola vuelve a su casa y se mete en esa cama enorme de matrimonio, abraza su almohada y deja que su mente divague y divague, entra en conflicto lo que quiere ser y lo que es, quiere estar sola pero contigo, quiero no sufrir pero vivir, quiere ser frívola pero tierna, quiere ser buena pero mala...una nueva vuelta a la cama y un sonido nocturno que llega de lejos: estamos justo encima de la cuerda manteniendo el equilibrio y creo que nunca podré traicionar a mis principios.
Te quiero T, te quiero Toto, te quiero mama, Te quiero Tico, te quiero Pepo, os quiero primos del 1 al 22, te quiero Ro, te quiero Ra, te quiero M, te quiero P, te quiero G... Nunca voy a saber estar sola, siempre vais a poder contar conmigo, la mujer frívola sólo aparece a ratitos.

miércoles 18 de noviembre de 2009

AMAPOLAS


Estaba observando las paredes de color bombón, un bombón tan bonito que me dan ganas de pasar la lengua e intoxicarme con la pintura. Subida en una escalera con la peor y más cómoda de mis ropas. La música sonaba a todo volumen desde mi portátil y yo cantaba y cantaba, al tiempo que introducía un fino pincel en un bote de pintura roja. Lentamente fui dibujando unos tallos altos que se inclinaban hacía los lados para estallar en una flor de pétalos inmensos cubiertos de finos granos de polen a los que trataba de atacar un jilguero con sus alas bien abiertas. Me sentí un poco troglodita, aunque evidentemente esto no eran motivos de caza, estaba en mi cueva (mi habitación) decorando una pared con lo que a mí me importaba: la belleza de la naturaleza, la quietud de una flor, la caricia del canto de un pájaro.
Pensé en el arte, en eso que nos nace desde dentro y que nunca se ha podido explicar con palabras. Algo simple hecho con mis manos torpes es capaz de emocionarme, algo simple hecho con un corazón desbocado es capaz de conmocionarme. Me tiré sobre la cama para ver mi obra desde lejos y me dije: “estoy sola, aquí pintando, horrible y sin embargo, estoy feliz, orgullosa de esas flores tan altas y rojas” . El arte consiguió que me evadiera, me transporto a otro mundo, me devolvió la libertad. Entendí a Van Gogh y a sus girasoles, a Miguel Angel y su Capilla Sixtina, a Da Vinci y su Mona Lisa, a Klimt y su Beso, y a mí y mis Amapolas.
¿Qué tiene la humanidad que nos hace imposible vivir sin el arte? Música, teatro, pintura, escultura, literatura...arrastramos lo más bonito y lo más sórdido al campo de lo imaginario, le damos nuestro toque maestro, lo mimamos, lo hacemos crecer y así, conseguimos crear ese mundo perfecto, ese mundo donde todo es valido, donde no hay reglas, un mundo en el que nos desahogamos y dejamos crecer al desenfreno, lo gracioso es que como siempre nuestro mundo perfecto encuentra su inspiración en lo real, y así esa parte real e irreal se mezclan diluyendo las fronteras, perdiéndonos entre dos extremos.
Sabes que te digo en todas las cosas hay arte, y creo que sin él nadie podría sobrevivir.Sigo pintando amapolas, amapolas grandes, amapolas con pétalos que estallan, amapolas altivas, amapolas que se dejan acariciar por mi pincel, que me tiñen la pupila de un rojo sangre, amapolas...suena el teléfono, ring...ring... ring... y yo sigo en mi mundo.

lunes 16 de noviembre de 2009

365 DÍAS JUNTOS


Repetir errores no esta mal si con ello consigues un poco de felicidad, aunque tantas veces haya sentido el impulso de no querer sentir, de tacharlo, de olvidarlo todo, pero yo soy así, incorregible y dotada de un gran sentido práctico y de muy poca utilidad.
A pesar de haber avanzado mucho en cuatro años, todavía siento el impulso de lanzarme por un precipicio, chocarme con todos los salientes, arañarme con las afiladas rocas y caer contra un suelo duro y cruel que me haga crujir los huesos.
Esas son las cosas que no entiendo de mí misma, pero bueno ¿quién se entiende 100% a sí mismo?
Así que viendo el vacío que otra vez tenía instalado en el pecho y aún sabiendo que se trataba de un acto de cobardía, volví con Toto, para conformarme con sus pedacitos, eso sí, unos pedacitos que me hacen tan feliz, que me llevó a pensar en lo acostumbrada que estoy a desperdiciar mi vida en expectativas y lo segura que me siento de estar viviendo eso tan tímido y escurridizo que llaman felicidad en los momentos que compartimos.
El sábado paseamos por los pasillos de Ikea los dos, cogidos de la mano, opinando sobre decoración, él haciéndose el forzudo con todos los artilugios de menaje, yo con mi carita de autosuficiencia como si fuera una experta en el tema, y entonces me traslade a esa película que permanece tan reciente en mi mente: 500 días juntos. Yo era igual que el protagonista, pero con los papeles invertidos, desde fuera una aparente cordialidad, desde dentro esa sensación de estar persiguiendo cosas distintas.Y es que a veces en la vida, nos aferramos estúpidamente a aquello que sabemos que no funcionara. Queremos que nos quieran, pero que nos quiera quien nosotros queremos y creemos que si no es así, no habrá nadie más. Pero un buen día por destino o por casualidad, todo se coloca en sus sitio, empezamos a entender que el sentimiento nace y que si no se tiene es irreversible e imposible de cambiar, se puede transformar un poquito en cariño en alguna dosis de costumbre, en sobredosis de afecto pero no en lo que nosotros queríamos ¿o sí?... ¡siempre me han asaltado tanta dudas en lo que respecta al amor! Pero bueno ¿a quién no?, precisamente en eso reside su encanto.
365 días juntos y tantos giros bruscos e inesperados, tantos cambios de opiniones, tantos sentimientos revueltos, tantos signos inequívocos, tantas traiciones a mí misma, tantas quejas, tantos errores, tantos pasos dados, pero también tantos besos, tantos te quieros, tantos días perfectos, tantas risas impregnadas de melaza, tantas promesas guardaditas, tantas palabras caramelizadas, tanta felicidad presente y luego esquiva, que me quedo con lo puesto, que no importa, que no venga nada, estoy enamorada, y mientras esa condición permanezca conmigo voy a seguir siendo irremediablemente tonta, esclava de mis deseos y sorda a mis razonamientos.

miércoles 11 de noviembre de 2009

DESEOS DE COSAS IMPOSIBLES Y POSIBLES


Las hileras de árboles quedaban poco a poco en el camino mientras subíamos la montaña a una hora temprana que ya se había dejado invadir por la oscuridad que traería las estrellas y la luna y un pequeño momento de borrachera y de pesadez mental que hace pensar en que el día ya se ha extinguido.
Un jabalí saltó desde un monticulo de piedras haciéndome presionar el freno con fuerza, el animalito había salido huyendo aunque su osadía me había hecho pensar en que hasta los animales poseen el talento de la valentía. T. Suspiró aliviada en el asiento del copiloto, últimamente me acompañaba a todas partes y yo agradecía tener una nueva amiga, tener nuevas cosas que contar y que vivir.
En el fondo sentía cierta tristeza por ella, como los demás, como yo, se había dejado invadir por el mal de la nueva sociedad, ese que hace que a pesar de que lo tengas todo en tu vida sigas estando insatisfecha y mientras yo me encargaba de mandarle consejos que ni yo me creía, ella trataba de hacer cientos de cosas a la vez, con la esperanza de encontrar el sentido que la llenaría.
Pero la esperanza empezaba a abandonarnos a las dos y como el hombre deja de existir sin esperanza, trate de poner el remedio perfecto, y alimentar de nuevo la fe y la confianza en que de alguna manera nos recuperaríamos.
Un frío helado acarició mis mejillas con tan poca gracia que mi cuerpo se estremeció como signo de rechazo. El viento también gélido hizo bambolear mi abrigo, aún así pude ver las montañas perfectamente redondeadas que se cerraban sobre sí mismas, dibujando extrañas formas que podían ser descubiertas con un poco de atención, me pareció ver a Buda y a un monje rezando, inhalé un poco de fe y creí en la magia.
Subimos las escaleras a toda prisa con el temor de que el monasterio cerrara. T. Quiso comprar 2 velas, una para ella y otra para los demás, lo que me hizo sentir egoísta, sobretodo porqué ni siquiera llevaba dinero y descargué todos los céntimos de los que disponía para quedarme con una vela de color rojo, de cera compacta, de deseos contenidos, mientras que decía que si la Virgen era como decían lo entendería: "el que da lo que tiene no está obligado a más" (me autoconvencí).
Andamos entre los cirios, que llameaban tratando de vencer el viento que seguía colándose entre las paredes de rocas, susurrando fuerte al oído, apagando deseos uno tras uno. “¿cómo se sentiría la gente que encendió la vela si supiera que su deseo se ha apagado?” “prefiero no pensarlo”.
Buscamos un rincón un poco guarecido del viento, prendí mi vela, y pedí, pedí como siempre por mí, observé la llama creciendo y volví a rezar, como hacía tanto tiempo no lo hacía, y pensé que si existía de verdad alguien, más allá, sabría de mi dolor, pero que no me ayudaría porqué dependía de mí misma. T. Encendió la primera vela que inmediatamente se apagó, entonces se puso a llorar, dijo que le traería mala suerte, le abracé y escarbamos la cera, recuperamos la mecha y esta vez el fuego ardió con fuerza y ella se consoló.
Las dos dejamos nuestros deseos enterrados en la montaña mágica, a la que espero que tanta hipocresía no haya erosionado su capacidad de conceder deseos ni un poquito. A saber cuánto tiempo ardería ese cirio, eso no importaba, la oscuridad me invadía, lo importante es que me había dado cuenta que era muy humana y predecible, tras mis propias decepciones había vuelto a lo de siempre, a donde agarrarme, a la fe, y así había recuperado el sentido, las expectativas y la esperanza de nuestra vida.

martes 3 de noviembre de 2009

BIENVENIDOS A LA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE MI VIDA


(Explicación de ME QUIERO, TE QUIERO)

No he mentido ni un poquito al decir que andaba ajustando piezas: ajustando piezas con Toto, ajustando piezas con mi padre, ajustando piezas con Tico, ajustando piezas en mi nuevo trabajo y ajustando piezas en mi vida en general.
Hace dos años huí de casa con la intención de reencontrarme a mí misma y de recuperar ese pedacito que se había perdido en el camino y que hacía que tantas veces me sintiera triste, que mirara el futuro y sólo viera una interrogante enorme y una señal de stop perpetua. Sin quererlo me encontré en un lugar, más sola que al principio y sin sentirme a gusto. Rebusqué en mi interior y me dije que merecía un esfuerzo de mi parte volver a encontrar lo que yo había sido y dejar mi disfraz de sombra guardado en el armario.
Decidí dar un paso atrás, ya que dos años había sido un tiempo prudente para tratar de cumplir un objetivo incumplido y anuncié que volvería a casa, que me dejaría abrazar otra vez por los míos, dejarme mantenerme, alimentarme, cuidarme, quererme y olvidarme que las cosas allí fuera seguían teñidas de un hollín que te tiznaba también las manos y la cara.
Pero la sabiduría de mi madre (y sé que todos ya empezáis a quererla un poquito), me escucho paciente y no dijo nada, ni una sola palabra, hasta que al día siguiente me llamó: “hija, ya te he encontrado un piso, ves a verlo, seguro que te gusta, es mucho más barato y en un lugar mucho más bonito”. Esa no era mi intención, pero por no discutir accedí a sus caprichos que en realidad eran los míos.
Me despierto acariciada por un tenue rayo de luz y recuerdo donde estoy. Miro las paredes inmaculadas y piso el suelo de mármol frío mientras a tientas mis pies buscan las zapatillas cálidas que se han escondido debajo de la cama. Mi oído se agudiza las campanas de la iglesia repiquetean con alegría al tiempo que los pájaros levantan el vuelo por encima de esos árboles que descansan a los pies de mi balcón. Deshago una de las cajas donde pone platos y vasos, rebusco en el fondo la cafetera, dejo que el comedor se llene con el aroma de los cafetales de Colombia y al sentir el calor en las coanas pienso en mi madre, en que no me ha dejado dar un paso atrás, y que gracias a eso por fin, por fin me siento en casa y por fin, por fin me quiero otra vez un poquito, y por fin, por fin ahora sí que te quiero.

lunes 2 de noviembre de 2009

COMPARTIENDO SOLIDARIDAD

El CAPITÁN CLOSTRIDIUM me ha pedido ayuda, a él jamás se la podría negar, ese viejo marinero siempre está para las buenas y para las malas. ¡Cómo le voy a negar su entrada en mi casa!
Así que os dejo su articulo, en apoyo a sus amigos, sobre como están las cosas, sobre como son las realidades a veces de las políticas en nuestro país, sobre que tal vez un granito no hace nada pero que tal vez uno a uno formen una montaña.