
Esto no es un ataque personal contra los hombres ¡para nada! ¡disfruto, me encantan, me enamoran y me derrumban los individuos del sexo contrario! Este es sólo un ataque personal contra algunos hombres inútiles.
Un hombre inútil es aquel que en lugar de crecerse contra la adversidad, gimotea y se derrumba, se queda esperando que su maravillosa esposa le solucione la vida hasta en las decisiones más simples y olvida a menudo que tiene dos manos, dos piernas y un gran cerebro para hacer esas cosillas.
Mi padre es de esos inútiles (y que conste que lo digo con todo el cariño del mundo), pero nunca ha tenido que hacer ningún esfuerzo más allá de su trabajo gracias a la devoción incansable de mi madre. Ahora que tiene pintada una “ele” enorme en la barriga desde que la semana pasada su cirujano, aficionado al punto de cruz, se decidiera a abrirlo en canal y revolverle un poco las vísceras, su punto de inutilidad ha llegado a los extremos.
“tu madre trabaja mañana ¡alguien me va a tener que curar!...ya sé, le diré que salga del trabajo a la hora del desayuno y venga a casa a curarme!” , es algo bastante común en mi padre olvidar, por ejemplo, que su hija es enfermera, “¡Ni hablar! ¡cómo vas a hacerla salir del trabajo sólo para eso, ya vendré yo y te curo!”, agacha la cabeza y se resigna.
Llega el día siguiente, entro en la casa que ha sido mi casa durante 23 años, empujo la puerta y escucho una voz agónica: “¡Aquí, arriba, corre!”. Subo las escaleras de dos en dos. Mi padre esta tumbado en su cama, con su barriga al aire (igualita a la de Homer Simpson), la faja abierta a los lados, la sábana a los pies, la mirada tristona, el cuello torcido, rígido para evitar cualquier movimiento, con cara de sufrimiento y esperando desde hace 4 horas que lo cure: “¿qué haces?” “esperarte” “¿pero por qué no has esperado a que llegara para ducharte?” “ me dije ya vendrá, ya vendrá...y aquí me he quedado (trata de darme pena y hacerme sentir culpable por la hora a la que me he presentado), encima dije que me pasaría por el bar (algo parecido al bar de Moe pero lleno de tertulianos que juegan al domino) y ahora no voy a poder ir!”. Le miro con desaprobación ¡cómo puede haberse quedado en esa postura durante 4 horas, sin moverse ni un ápice, esperando y esperando a que alguien le resolviera como siempre la papeleta! Podría haberme llamado y decirme que quería salir, podría haber tenido paciencia.
Redibujo la cicatriz como el zorro con una gasa untada de povidona yodada y lo miro y me digo por qué mi madre sigue preparándole la ropa, sirviéndole la comida, recogiendo sus desastres, haciendo sus trámites y por qué él no se da cuenta de lo consentido que está, supongo que mi cerebro responde que se trata de amor, del amor de verdad.
Es igualito a Homero con su afición insana por la comida calórica, sus pantalones a la cadera en lugar de la cintura mostrando una parte de su anatomía nada agraciada, su barriga enorme, su simpleza en ocasiones y la compañía incansable de mi madre para resolverle todos los problemas.Dicen que las mujeres siempre buscamos hombres parecidos a nuestros padres en nuestras parejas, yo digo que mi madre también me hizo un poco inútil a mí y que sería un error por mi parte. Y también me digo que la culpa es nuestra, es fácil acostumbrarse rápidamente a la comodidad y convertirse en inútil, ¿para qué molestarse si sabes que alguien se encargara siempre de facilitarte la vida? Eso sí, los hombres inútiles, dan tantas cosas por sentado, que casi siempre se olvidan de dar las gracias por la suerte que les ha tocado.
Mi padre es de esos inútiles (y que conste que lo digo con todo el cariño del mundo), pero nunca ha tenido que hacer ningún esfuerzo más allá de su trabajo gracias a la devoción incansable de mi madre. Ahora que tiene pintada una “ele” enorme en la barriga desde que la semana pasada su cirujano, aficionado al punto de cruz, se decidiera a abrirlo en canal y revolverle un poco las vísceras, su punto de inutilidad ha llegado a los extremos.
“tu madre trabaja mañana ¡alguien me va a tener que curar!...ya sé, le diré que salga del trabajo a la hora del desayuno y venga a casa a curarme!” , es algo bastante común en mi padre olvidar, por ejemplo, que su hija es enfermera, “¡Ni hablar! ¡cómo vas a hacerla salir del trabajo sólo para eso, ya vendré yo y te curo!”, agacha la cabeza y se resigna.
Llega el día siguiente, entro en la casa que ha sido mi casa durante 23 años, empujo la puerta y escucho una voz agónica: “¡Aquí, arriba, corre!”. Subo las escaleras de dos en dos. Mi padre esta tumbado en su cama, con su barriga al aire (igualita a la de Homer Simpson), la faja abierta a los lados, la sábana a los pies, la mirada tristona, el cuello torcido, rígido para evitar cualquier movimiento, con cara de sufrimiento y esperando desde hace 4 horas que lo cure: “¿qué haces?” “esperarte” “¿pero por qué no has esperado a que llegara para ducharte?” “ me dije ya vendrá, ya vendrá...y aquí me he quedado (trata de darme pena y hacerme sentir culpable por la hora a la que me he presentado), encima dije que me pasaría por el bar (algo parecido al bar de Moe pero lleno de tertulianos que juegan al domino) y ahora no voy a poder ir!”. Le miro con desaprobación ¡cómo puede haberse quedado en esa postura durante 4 horas, sin moverse ni un ápice, esperando y esperando a que alguien le resolviera como siempre la papeleta! Podría haberme llamado y decirme que quería salir, podría haber tenido paciencia.
Redibujo la cicatriz como el zorro con una gasa untada de povidona yodada y lo miro y me digo por qué mi madre sigue preparándole la ropa, sirviéndole la comida, recogiendo sus desastres, haciendo sus trámites y por qué él no se da cuenta de lo consentido que está, supongo que mi cerebro responde que se trata de amor, del amor de verdad.
Es igualito a Homero con su afición insana por la comida calórica, sus pantalones a la cadera en lugar de la cintura mostrando una parte de su anatomía nada agraciada, su barriga enorme, su simpleza en ocasiones y la compañía incansable de mi madre para resolverle todos los problemas.Dicen que las mujeres siempre buscamos hombres parecidos a nuestros padres en nuestras parejas, yo digo que mi madre también me hizo un poco inútil a mí y que sería un error por mi parte. Y también me digo que la culpa es nuestra, es fácil acostumbrarse rápidamente a la comodidad y convertirse en inútil, ¿para qué molestarse si sabes que alguien se encargara siempre de facilitarte la vida? Eso sí, los hombres inútiles, dan tantas cosas por sentado, que casi siempre se olvidan de dar las gracias por la suerte que les ha tocado.







