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CLEMENTINA


Clementina vive en un pueblecito del interior, a penas deben haber cien habitantes en esa villa de casas bajas, ladrillos amarillos y reposos eternos junto al río. Antes de enviudar ya el negro era su color favorito. Nadie notó que sus cabellos empezaban a canear porque ya se dio ella pronta prisa en cubrirlos con un pañuelo desde su más tierna juventud.
Desde siempre los días se le pasaban en un ir y venir de rutinas, de faenas duras que ponen en duda la fuerza bruta del hombre, cuando hay todavía lugares recónditos donde las ropas se lavan en el río, se frotan con cepillos de cerdas gruesas y se escurren con los brazos; donde no existe el agua corriente, y entonces se obliga al que aún piensa en la higiene a hacer viajes con garrafas anchas para cargarlas de agua, calentarlas a fuego lento y darse prisa en frotarse las zonas más importantes no sea caso que el entretenimiento temple demasiado rápido el agua hervida.
Clementina fiel a sus principios no dejo ni un solo domingo de acudir a misa, sin contar las innumerables: misas de difuntos, misas de cuaresma, misas del gallo y misas por sacramentos.
El cura con su sabiduría gracias a la información acumulada tras tantos secretos de confesión, se convirtió en una asiduo a sus tardes con galletas y vasos de leche, junto con otras damas muy similares a Clementina.
Ella vivía encerrada en el pueblo, aunque no su descendencia que en cuanto pudieron huyeron de un futuro poco prometedor rodeados de campos y ganado, donde lo único que quedaba esperar era una nueva puesta de sol.
Por Semana Santa, su hija la llamó por teléfono: “Anda mama, vente aquí ¿Qué vas a hacer tú allí sola? Aprovecha que tenemos vacaciones y ves a tus nietas”. Clementina cogió su maleta y el primer tren a Barcelona.
Sin embargo, la visita fue corta, nada más llegar y dirigirse a su habitación (recién reformada para tan importante ocasión). Clementina sin deshacer su maleta, tras una primera observación a las paredes lisas, salió corriendo en busca del primer tren que la devolviera a su villa, ofendida por haber descubierto el peor agravio de su hija: el crucifijo que tenía que ocupar su lugar en aquella habitación, y que tan bien le recordó a la pecadora de su primogénita había desaparecido, e indignada por la ofensa que imperaba en aquel cuarto, pensó que mejor volvía a donde se encontraban sus santos, a la espera que la hija ,presa de la culpa, expresara su redención y volviera a poner a Cristo en el sitio que le correspondía.

P.S.: La historia es verídica, aunque su protagonista no se llame realmente Clementina.

Comentarios

GABI ha dicho que…
Grandes mujeres con creencias que las hacen esclavas en vida.

Al menos para ellas esto sólo es un sitio de paso y creen que en el otro lado serán mucho más felices.

Me ha gustado mucho la verídica historia.

Besitos!
Yandros ha dicho que…
YA sabes mi opinión al respecto, o al menos la intuyes.
La gente se pierde grandes cosas en la vida real por una hipotética realidad futura.
Entendemos a Dios, al menos como lo suele concebir la mayoría de los humanos, como un ser que nos otorgará justicia al final de los días si considera que lo merecemos. Claro que las reglas las han impuesto los humanos, por mucho que algunos se empeñen en lo contrario.
Yo no creo en ese Dios. No me convence. Si existe un dios escapa a nuestra comprensión así como la célula no puede entender el cuerpo humano del que forma parte. Y desde luego no va a preocuparse por la individualidad de cada uno, sino por el colectivo. Solemos ver un hormiguero en el suelo pero no una hormiga sóla a menos que nos fijemos.
Puedo entender a la gente mayor con convicciones férreas porque es lo que han vivido. No entiendo sin embargo a las nuevas generaciones que se rasgan las vestiduras si no te casas por la iglesia, aunque con ello sea menos hipócrita con esa iglesia que si te casas por ella por inercia.
Pero lo que tengo claro, al menos por ahora es que si Dios existiese me juzgará por mis actos y no por mis creencias.
Un abrazo!
Duncan de Gross ha dicho que…
Me la creo fehacientemente porque tengo alguna que otra Clementina en mis alrededores, que aún creen que los gatos son amigos del diablo y que una casa debe estar presidida por un enorme cricifijo que nos recuerde a diario lo pecadores que somos...Un besote Reb!!
Trasto ha dicho que…
La verdad es que hay gente para todo, gente creyente, otras no tanto...
En este caso, yo sinceramente me hubiera ido si hubiera vito un crucijijo encima de mi cabezal de la cama y no al revés...jeje, totalmente lo respeto eh? aunque no soy creyente y porque negarlo, los cruzifijos me dal un poco de yuyu...
Besitos!
Txispas ha dicho que…
vivir en el futuro incierto es perderse el presente...
Esperanza ha dicho que…
Fascinante Clementina, de carácter me gustan las personas así. No somos nadie, cada quien es dueño de sus creencias. Para mí esa es la verdadera libertad.

Todo entra en el saco de la relatividad individual.

Besos (No me he caído de la cama, tengo mil cosas que hacer esta mañana deberías venir a ayudarme jejeje)

PD: Cuéntanos más historias así, estas son mis favoritas las de gente de verdad.
Rebeca ha dicho que…
GABI a veces a mí también me da la impresión que esas mujeres se olvidan de vivir esta vida, aunque tampoco ellas se muestran infelices por vivir como viven, así que las respeto, nadie sabe lo que nos espera al otro lado.

YANDROS, yo tampoco creo en el Dios justiciero que ha creado la religión, estoy contigo, si realmente existe, mirara al individuo y la suma de sus actos.

DUNCAN la España profunda encierra unas cuantas Clementinas, y mira yo, tan iluso, a veces me creo algunas de sus superticiones, no vaya a ser que si no hago esto o lo otro realmente se cumpla lo que me anuncian.

TRASTO entiendo lo que quieres decir. Una vez a mi abuela le dio por plantarme una foto de Jesucristo enfrente de la cama, pues yo no podía dormir de ninguna manera, con esos dos ojos inquisidores mirando.

TXISTPAS ante la poca garantia que tenemos en ese futuro incierto, más vale fijarse bien en el aquí y ahora.

ESPERANZA ¿Seguro que no te has caído de la cama? ¡estamos a viernes, x dios (y nunca mejor dicho)!

Yo te ayudo si tú me ayudas en mi lista de mil cosas pendientes para la próxima semana ¡uff, hay que ver la vida a veces!

Yo también admiro la parte cabezona de Clementina, esa convicción por un ideal y su fuerza para llevarlo hasta el final, no todos somos así de constantes y testarudos.

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