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AL TIEMPO QUE VIVIMOS


Lo primero que me impresionó de él, es que no llevara reloj, aduciendo que en su país el tiempo no importaba, que era tan relativo como cualquier otra cosa, porque la puntualidad era una de las virtudes de las que carecían en el trópico. “Yo te digo quedamos a las seis, y nadie va a parecer a las seis, eso es lo esperado, igual que quedar, todo se basa en suposiciones.” Recuerdo que eso me enfermó un poco, aunque la enfermedad se manifestó en él, que en un parpadeo tuvo que aceptar que el ritmo vertiginoso de la ciudad, que ahora habitaba, le impedía seguir haciendo de los compromisos meras posibilidades.
Al cabo de un tiempo, descubrí que en parte me había engañado, y que su falta de compromiso en realidad escondía una fuerte dependencia de los demás. Cierto que procuraba no llevar reloj en la muñeca, sin embargo, cada dos pasos que dábamos se detenía ante el mostrador de una joyería y revisaba sus estanterías, mirando con una pasión, a mi parecer refinada, los relojes que en un tic tac sin pausa marcaban las horas de su día. Luego me confesó que los coleccionaba. Uno a uno los iba amontonando sólo por el placer de tenerlos, supongo que así se creería más dueño de su tiempo.
La última vez que nos vimos, cuando yo aún arañaba la esperanza, me regaló su reloj. Fiel a sus costumbres se había encargado de llevar dos. Adorné mi muñeca con él, a pesar de ser enorme y masculino, era lo único que me quedaba, y si no era un cachito de su corazón me llevaría una parte de sus pertenencias. “Mira, ¡puedes ver la hora de hasta cuatro países! así sabía yo siempre la hora que era en España, ahora tú podrás saber que hora es para mí”. Lo miré con pena, ya no sólo nos separaban las diferencias horarias.
Volví a casa y guardé muy bien el reloj, que jamás se retraso ni tan sólo un minuto, contando el tiempo que quedaba para que el olvido hiciera mella.
El otro día cometí una estupidez. Mi reloj de mujer calló al suelo y su tapita se desprendió mostrando las tuercas y las ruedecillas doradas, quise arreglarlo pero la acción precedió al pensamiento y tras golpear con fuerza la tapa, el cristal se rompió a añicos y las manecillas se desprendieron. Así encontré una excusa para recuperar aquel reloj grande que evocaba mis recuerdos, quise mirar la hora del otro lado del mundo, pero el presente me frenó.
Toto me vio con el reloj, se rió y antes de que yo abriera la boca, él mismo encontró una explicación: “¿es de tu hermano, verdad?” “sí, mentí”, pero mis ojos se hicieron agua, el tiempo suficiente para que Toto lo notara, y cuando aquella noche lloraba ante la botella de vino sin dar ninguna explicación, Toto alzó su copa y dijo: “¡Por Paraguay!”, y yo me levanté con prisa, empujando la copa y arrojando el licor al suelo, me reí nerviosa: “¿eso a que viene?” pero a veces pocas palabras dicen mucho, y los dos sabemos todo lo que él no pronunció.
Me vendí con mi pena, transparente como soy, con historias bonitas pero sin finales felices, y tal vez no sea Toto el que no quiera acercarse a mí, sino yo que ni un solo segundo me he vuelto a desprender del reloj, que marcó para siempre el final y el principio, en un aeropuerto de Washington, donde la azafata y un viejo vigilante, bromearon sobre nuestro futuro matrimonio y la rareza de que en nuestros billetes estuvieran escritos diferentes destinos: “el amor es lo más importante de esta vida, él mío duró cincuenta años, procura hacerla muy feliz” , que poco sabía aquel hombre, parecido a un ángel, que ese día había llegado el fin: “te quiero” “te quiero ¿estás seguro?” “nunca se esta seguro de tomar la opción correcta, renunciando a lo que uno siente”. Lo último que recuerdo son sus lagrimas en los ojos mientras se alejaba por el pasillo: “A él le espera Buenos Aires, a mí Ámsterdam. Sólo hay una cosa cierta: ya no nos volveremos a ver nunca más”.
Mientras, el reloj digital que me hace sentir tan cerca y tan lejos de otro mundo sigue marcando horas, minutos y segundos.

Comentarios

Yandros ha dicho que…
Pero que bien escribes joía!
Que difícil es desprenderse de las cosas, como si conformaran el último nexo de unión con una puerta que aún no queremos cerrar!
Te aconsejaría que te refugiaras en la esperanza, en las vueltas que da la vida...pero sabes que soy más práctico que otra cosa y que en ocasiones el lejano recuerdo de un pasado glorioso nos hace pensar que el presente es más funesto, y esto nos impide disfrutar lo que tenemos de forma completa.
No te ahogues en las lágrimas del pasado, seguro que hay fragmentos del presente, nuestro etéreo presente, que merece la pena que rescates y saborees, porque de lo contrario en el futuro no podrás recordarlo.
Un abrazo!
Esperanza ha dicho que…
Nunca más? a un nunca más solo puede precederle la muerte, y si es así, entonces la viajera de esta historia, debe seguir, tomando sus vuelos donde estos la lleven, cada país tiene su encanto, cometemos el error de compararles, y las comparaciones son muy odiosas. Tal vez, en el anterior post olvidé decirte que no hay te quieros a destiempo, eso no existe, cuando se quiere se quiere y no hay más...

Rebeca, hace un montón de post atrás creo haberte comentado algo de las historias pasadas y bla bla bla. Cuenta con que esas historias no dejaran de formar parte de nuestra viajera de hoy, seguirán allí, recordándole lo vivido, pero es indispensable que ese pasado no le impida seguirse sintiendo viva. Desde el momento que dejemos de soñar, y nuestros recuerdos superen a nuestros sueños habremos envejecido inevitablemente. Tengo esperanzas en que ésta chica persiga sus sueños, sea con toto, tete,con terry el de candy candy o el que sea, porque además me encanta la tía y no me creo tanta tristeza de su parte.

Y si no hay precedente de muerte, entonces hay que ir a por ese del reloj (Da igual que esté con otra, para santas ya hay muchas en las iglesias)

Besos (No me hagas mucho caso que el mar me pone así de atormentá)
SK Mario ha dicho que…
Hace dos días comentaba con un amigo que el tiempo no detiene su inexorable, inmisericorde y apabullante marcha, lo hacía el día que mi primogénito cumplía 12 años, no pude hallar una fecha más apropiada para hacer esa reflexión.

Mi querida Rebe, que esa figurativa pérdida de las manecillas del reloj de esta historia te sirva para hacer una reflexión, una pausa en el camino para apreciar las pequeñas cosas de la vida.

Un fraternal abrazo!
Rebeca ha dicho que…
Vaya! me habeís dicho tantas cosas, que tengo que releermelo con calma.

YANDROS, a veces somos perezosos y no nos desprendemos de lo pasado aunque la necesidad nos empuje a mirar para adelante. Yo creo que es por la esperanza que conservamos en que el "no" se transforme en "sí" o al revés.
Es cierto, procuró recorrer también a mi lado práctico, al que tú bien dices de tirar apara adelante, sin hacer comporaciones, que envueltas por nuestra imaginación nos hagan desmerecer lo que tenemos.
Hay muchas cosas buenas en este presente, y que no quería cambiar en el pasado, por mi instinto de conservación, sólo que a veces surge un poco la pena y se me olvida recordarlo.

ESPERANZA, nunca más es posible, a no ser que el destino sea caprichoso y nos vuelva a poner en el mismo espacio físico por su capricho.

Tienes razón dije lo que sentía, aunque el miedo a que no me quieran igual, hace que me vuelva parca a la hora de manifestar sentimientos y a seguir aferrándome a lo que tenía.

Tengo que quitarme esa manía, de volverme atrás de vez en cuando, aunque estoy orgullosa de haber acumulado tantos recuerdos a lo largo de mi vida. Vuelves a tener razón, no soy tan triste, no estoy tan triste, sólo a veces cuando vuelve la nostalgia y cuando los deseos se hacen un poquito más perezosos de la cuenta, pero luego recupero mis ganas de cambiar las cosas y dejo paso al olvido.

No voy a volver a por él, ya he ido dos veces, y dos veces he tenido la misma respuesta, a eso le he sumado casi dos años de esperas, y ahora sólo me queda aceptar las cosas como son, y esperar que otra persona me regale otro reloj, pero esta vez para compartir su mismo tiempo.

Sí, a ti el mar te altera y a mí los días de lluvia que no dejan que acabe de llegar la primavera.
Rebeca ha dicho que…
MARIO sí, a veces tras el final, viene la pausa, el volver a encontrarse con uno mismo, y luego a continuar, como ya dije todo tiempo esta bien invertido, ese me sirvió de mucho y el que estoy viviendo es el resultado de ese pasado, y aunque parezca que a veces vuelvo en exceso la cabeza, trato de aprovecharlo con el mismo descaro, echando a correr por si de alguna manera puedo adelantar al reloj en algún momento.
CMQ ha dicho que…
a mí me encanta volver la mirada hacia atrás de vez en cuando. Los relojes siguen adelante, sí, pero no nos borran los recuerdos, y eso significa que esos recuerdos son maravillosos, porque lo malo sí lo olvidamos con mayor facilidad.
Así que saca ese reloj de vez en cuando, póntelo, sonríe y llora; pero quizá es mejor que solo sea de vez en cuando, si no has de volver a aquel tiempo...
Un besito.
Txispas ha dicho que…
Nunca se puede decir NUNCA MÁS, eso sólo existe en las películas. Hay que decir hasta luego, hay que buscar a los protagonistas de los capítulos incompletos de nuestra vida, hay que finalizar los episodios... en la medida de lo posible... dejar cosas a medias... es no dejarlas!

Muchos besos
Rebeca ha dicho que…
CMQ, es cierto, el pasado no se puede borrar, así que hay que tratarlo con algo de cariño y mirarlo con ojos viejos. Recordar es bueno de vez en caundo, nos muestra que de verdad vivimos, sólo que si se convierte en una costumbre repetitiva puede poner impedimentos al futuro.

TXISPAS, cierto, o se aceptan las cosas con todas sus consecuencias o no se aceptan, si se dejan a medias, a veces es imposible avanzar, y además la vida tiene la extraña manía de repetir el circulo hasta que hayas dado con la solución que pertoca, aunque antes te haga tropezar 3,4,5 o infinitas veces. En ese pasado ya no hay más, ahora sólo queda autoconvencerme y ser feliz con lo que tengo en el aquí y ahora.
Romayris ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Romayris ha dicho que…
Se me aguaron los ojos leyendo tu relato y es que en estos últimos días mi pasado golpea el presente constantemente haciéndome recordar algunas cosas.

Lo mejor de todo es mirar atrás y recordar el pasado como un maestro que nos ayudó a crecer y a mejorar nuestras perspectivas de vida. Existen personas que pasan por nuestra vida para dejar una huella o alguna enseñanza es importante sacar lo positivo de cada paso.

"EL RECUERDO ES EL UNICO PARAISO DEL QUE NUNCA SOMOS EXPULSADOS"

Un abrazo
SK Mario ha dicho que…
Romayris, pero q buena cita me acabas de dar! va directo para mi blog gracias!
Ralph ha dicho que…
Una historia triste, las personas estamos hechas de recuerdos que son simples ramificaciones de lo que pudo haber sido y no fue, que nos marca y nos crea la honda duda de la historia que pudo haber sido y no fue. Te recomiendo que veas "El curioso caso de Benjamín Button", es triste pero tu gustará, saludos.
Trasto ha dicho que…
Cuanto me haces reflexionar con tus posts! Y para variar me siento muy identificada contigo. Pensando en el pasado... en tu caso lógico al ver el reloj claro, pero...porque no le dijiste a Toto la verdad? Total...si al final el ya se lo imaginaba...
No creo que pensar en el pasado sea malo siendo recuerdos buenos, siempre y cuando haciendolo no te haga daño, si es asi...cambiate de reloj. Tu eres lo primero ;)
Besos!
GABI ha dicho que…
La verdad es que cuando algo se acaba y no somos nosotros quien lo terminamos, siempre nos agarramos a algún objeto insignificante para los demás y que para nosotros significa todo. Yo aún guardo un recuerdo de esos que se compran en una ciudad cuando la visitas, en este caso Almería. Es un plato con un Indalo...pero es que no me puedo deshacer de él. Eso sí lo tengo guardado, escondido, no lo suelo ver, pero se que está ahí.
La terapia de Rafaela ha dicho que…
Vaya historia!!! es verdadera? A mi me pasó algo parecido... pero me encantó leerlo, nos faltó el reloj y no sobran los recuerdos.

bss
Rebeca ha dicho que…
ROMAYRIS totalmente de acuerdo, hay que tomarse el pasado como un trance necesario para aprender y dejarle venir de vez en cuando con cariño. Yo también me quedo con la última frase.

MARIO, sí la frase es buena, yo me la pondré junto con las otras que tengo colgadas en la nevera.

RALPH me estaba resistiendo a verla, pero después de tus palabras supongo que me arriesgaré.

TRASTO porqué si le explico lo del reloj a TOTO puede interpretar que me importa más mi pasado que el momento actual. El reloj es sólo una pausa hasta que me vea obligada a comprarme otro y vuelva a dejarlo en la caja de los recuerdos.

GABI al final, acumulamos más objetos valisos de la cuenta, aunque procuramos guardarlos bien para que no sean demasiado presentes. Esta vez la necesidad me hizo recuperarlo, aunque no sólo me llevé el saber otra vez que hora es sino que desempolvé muchas otra cosas.

RAFAELA sí la historia es real, y como a ti, aunque no hubiera reloj me seguirían sobrando los recuerdos.

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