
Me puse a pensar en mis deseos y resulta que ninguno se ajusta a la realidad. Que conseguí lo que quería e inmediatamente lo deje de desear.
O deseaba algo de una forma y trataba de transformarlo y el resultado insistía en ser como es y no me dejaba cambiarlo.
El otro día caminaba por Barcelona a las 6 de la mañana, mientras el frío glacial que exhala el día por su boca al despertarse me acartonaba las mejillas y me entumecía los pies. Mis tacones resonaban por la acera, mientras las primeras luces empezaban a aparecer en las miles de ventanas que esconden secretos y vidas. Tímidamente los coches abandonaban los carriles donde sólo se permite aparcar por la noche aprovechando que todo se paraliza, llegaban los primeros repartos a las tiendas y en las cafeterías algunos parroquianos ya hacían cola para calentarse un poco el estomago y de pasada las manos.
Mire a través de los cristales: “no me iría mal un café”, pero el tiempo apremia y seguí andando. En mi cabeza sonaba la canción de Pastora: “no me llames Dolores, llámame Lola la que siempre va sola por Barcelona buscando follón” Me rió, no buscaba follón, pero si andaba sola aún a riesgo de morir congelada de un momento a otro o de ser presa de algún desaprensivo de esos que te asaltan al doblar una esquina.
En el fondo no eres tan independiente como quieres hacer ver, puedo andar sola, físicamente no tengo ningún impedimento, pero mi idea de lo que debería ser y de lo que es no se ajusta en absoluto a este momento. Hubiera preferido estar acompañada.
Al encender el motor del coche, me di cuenta que a pesar de que me he hecho mayor todavía necesito que me cuiden.
O deseaba algo de una forma y trataba de transformarlo y el resultado insistía en ser como es y no me dejaba cambiarlo.
El otro día caminaba por Barcelona a las 6 de la mañana, mientras el frío glacial que exhala el día por su boca al despertarse me acartonaba las mejillas y me entumecía los pies. Mis tacones resonaban por la acera, mientras las primeras luces empezaban a aparecer en las miles de ventanas que esconden secretos y vidas. Tímidamente los coches abandonaban los carriles donde sólo se permite aparcar por la noche aprovechando que todo se paraliza, llegaban los primeros repartos a las tiendas y en las cafeterías algunos parroquianos ya hacían cola para calentarse un poco el estomago y de pasada las manos.
Mire a través de los cristales: “no me iría mal un café”, pero el tiempo apremia y seguí andando. En mi cabeza sonaba la canción de Pastora: “no me llames Dolores, llámame Lola la que siempre va sola por Barcelona buscando follón” Me rió, no buscaba follón, pero si andaba sola aún a riesgo de morir congelada de un momento a otro o de ser presa de algún desaprensivo de esos que te asaltan al doblar una esquina.
En el fondo no eres tan independiente como quieres hacer ver, puedo andar sola, físicamente no tengo ningún impedimento, pero mi idea de lo que debería ser y de lo que es no se ajusta en absoluto a este momento. Hubiera preferido estar acompañada.
Al encender el motor del coche, me di cuenta que a pesar de que me he hecho mayor todavía necesito que me cuiden.







i la vida se le complicaba y decidía emigrar, pero yo que soy como la Pantoja, que las dos somos leo y tenemos una melena negra y larga ¡suerte que me he librado de lo de los pelos en la cara! También me puse a dedicarle mensajes subliminales mientras cantaba.






