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ABANDONAR EL NIDO


En la vida todo son etapas, vas pasito a paso, y sabes que tendrás que ir abandonando viejas costumbres, pero tan acostumbrados estamos a hacer siempre lo mismo, que a veces resulta demasiado duro cumplir con ese cometido.
Mi hermano ha anunciado que se va de casa. La cara seria de mi madre demuestra que no entiende por qué.
Son curiosas las madres, pero cuando haces algo que no entra dentro de sus esquemas siempre piensan que ellas han hecho algo mal, y en el caso de la mía esa sensación se multiplica por mil. Ella misma busca excusas irracionales que le hagan entender porqué nos hemos desviado del rumbo.
En parte la entiendo ¿miedo a la soledad? ¿miedo a que nuestros pasos sean los equivocados? Pero es ley de vida abandonar el nido tarde o temprano.
Yo lo hice hace medio año, aunque como soy una perezosa no dejo de ir ni un solo día a casa y me refiero a mi casa de toda la vida que siempre será mi casa de verdad. En parte porqué vivo sola y así siento menos la presión de las paredes amarillas que suenan huecas y a vacío cuando llego a casa y quiero decir: “hogar dulce hogar, hola casa ¿Qué tal has estado sin mí?” y nadie me contesta.
Mi madre ahora ya tiene un motivo más para preocuparse, se irrita y pronto llamará a una de sus 6 hermanas para decirle lo mal que se siente. A mi hermano lo entiendo, ¿Quién no quiere empezar de una vez por todas su propia vida? saber que puede hacer las cosas solo.
El ser humano parece que es el único que establece un vínculo con sus hijos perpetuo, por eso, aunque nos marchemos, aunque mi madre sienta un inmenso desasosiego, estamos aquí para siempre, volviendo de vez en cuando a ese nido lleno de recuerdos, lleno de lazos, que ni los cambios de la vida, ni los vuelos demasiado altos pueden romper.
A mí madre...

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