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LAS NUEVAS CRUZADAS


A veces me maravillo de haber estado allí. Te sumerges en la lectura y puedes recorrer cada detalle porqué tus ojos lo vieron, porqué tus manos lo palparon, aunque una vez transformado en palabras parece que todo sea mentira.
Durante tres años fuimos recorriendo poco a poco el Mediterráneo, primero aquí, luego un poquito más lejos y en cada viaje aprendíamos cosas nuevas. Pero es ahora, al doblar nuevamente las páginas de un libro que me empiezan a encajar las piezas.
Hace un tiempo que he perdido la fe, no es que no crea en nada, pero estoy harta de creer en como quieren que crean otros que se supone son los representantes de la iglesia. Me aterran los fanatismos y la lucha en nombre de Dios, me parece la más grande de las contradicciones: amaros los unos a los otros, y los hombres añaden: pero matar al que no lo crea.
En el fondo todas las religiones parecen encerrar los mismo, hay un Dios por encima de todos nosotros que lo único que nos pide es que nos tratemos como hermanos. Pero son los hombres los que interpretan las palabras y más allá de las palabras hay intereses que quieren mantener en guerra al mundo.
Al entrar en el pabellón, un olor rancio, de sudor, una calor asfixiante parecía dominar el escaso espacio dedicado a las reliquias: la espada, el manto, la urna con los pelos, el diente...parecía digno de un guerrero y no de un profeta. La gente lloraba y rezaba, se sentía emocionada, se arrodillaba cautivado por el símbolo de Mahoma. Recuerdo haber mirado escéptica a dos hombres que gemían como niños, que parecían capaces de inmolarse si cualquiera le pedía que muriera en nombre de su Dios. Apreté el brazo de mi acompañante un poco asustada sin poder evitar la risa burlona en contra del radicalismo.
Salí del Topkapi asfixiada, pensando en la complejidad de la fe, en que yo nunca lo había sentido tan cerca. En que creía que Dios jamás me pediría que acabara con mi vida ni tampoco con la de otras personas. Que en parte Dios era una ilusión como se decía en aquella frase tan celebre de Karl Marx: la religión no es más que el opio del pueblo. Ante la desesperanza se hace necesario creer en algo, lo cual es lícito, pero es ilícito hacer de la religión una justificación.

Comentarios

Senofrari ha dicho que…
Me parece que en nombre de casi todo se han cometido atrocidades.

Supongo que lo que pasa a algunos es que, en el caso de las religiones, se han centrado en adaptarlas a los intereses propios en lugar de intentar mejorarse tomándolas como camino. Luego siempre hay quién les sigue sin cuestionar nada, como ganado.
Cosas como la fe difieren en cada persona.
Un saludo,

Xavier
P.D.: Espero no haberte soltado un rollo...
Rebeca ha dicho que…
¡Rollo para nada, agradezco tu opinión!
La conclusióne es la de siempre cualquier cosa llevada al extremo resulta dañina.

Un saludo!!

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