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SOBRE COMO ALARGAR LA EXISTENCIA


Muchas tardes me gusta sentarme a mirar fotos, tengo miles de fotos fruto de mi pasión por recordarlo todo, trato de escudriñar los rostros que aparecen y descubrir sus pensamientos, algo que me haga adivinar lo que pasaba por su mente, al margen de la sonrisa forzada que todos dibujamos ante la cámara, un pequeño cambio, un pequeño gesto, que consiga llegar al interior de la persona. Porqué muchas veces sabes que a pesar de esa aparente felicidad, ese día había sucedido algo que hace la foto irreal.
Me gusta salir en las fotos, aunque haya filosofías que digan que cuando suena el click te están robando parte de tu alma. Para mí si no estoy en la foto, quiere decir que no lo he vivido, que no lo recordaré cuando pasen los años y quiera recorrer las páginas amarillentas de mi álbum. Que no tendré la prueba para explicarle a mis nietos como era entonces, lo que sentía, quienes eran las personas que había a mi alrededor. Puedo describir mi casa, mi coche, mis amigos, mi mundo con palabras pero no hay nada más cercano que aquello que nos entra por la vista. Las palabras al fin y al cabo hacen grandes las cosas pequeñas.
Una foto es como dejar una pequeña huella para la humanidad, para que desde mi insignificancia se sepa que algún día existí, que tuve una vida, una vida que no cambió el mundo, que simplemente fue sencilla, pero con la misma belleza y miseria que la de todos los que luchan por ser recordados sobreviviendo a nuestro único destino: el final de la vida.

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