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SANGRE QUE NO ES ROJA


Toda la vida hemos vivido a favor de la diferencia, en la creencia de que hay mejores y peores. El sueño de Hitler no fue una idea nueva, ya Platón en su República hablaba de esas clases superiores que debían gobernar el estado, y de como los inferiores debían dedicarse a la agricultura. Fue el mismo Platón el que propuso que para conseguir una raza de elite, la reproducción debía hacerse al azar pero mediante una estudiada selección. Los ciudadanos sólo podrían tener relaciones sexuales en fiestas especiales, en la que los gobernantes sólo permitirán procrearse a aquellos que fueran capaces de dar hijos valientes y fuertes. Los hijos de las clases inferiores o los nacidos imperfectos serían eliminados y el estado apartaría de sus madres a esos hijos, y se encargaría en exclusiva de su educación.
Todo eso asusta, me pone los pelos de punta ¿cómo se puede despreciar de esa manera la vida humana? Cierto que en la época de Platón, sólo las clases poderosas eran consideradas ciudadanos de Atenas, y la humanidad tuvo que evolucionar unos cuantos siglos para hablar de la igualdad entres los individuos y de los derechos humanos como se los conoce en la actualidad. Pero esto me recuerda a aquellos versos de Shakespeare en el mercader de Venecia:
“Me han arruinado...se ha reído de mis pérdidas y burlado de mis ganancias, ha enfrentado mi nación, ha desalentado a mis amigos y azuzado a mis enemigos. ¿Y cuál es su motivo? Que soy judío. ¿El judío no tiene ojos? ¿El judío no tiene manos, órganos, dimensiones, sentidos, afectos, pasiones? ¿No es alimentado con la misma comida y herido por las mimas armas, víctimas de las mismas enfermedades y curado por los mismos medios, no tiene calor en verano y frío en invierno, como el cristiano? ¿Si lo pican, no sangra? ¿No se ríe si le hacen cosquillas? ¿Si nos envenenáis no morimos? ¿Si nos hacéis daño, no nos vengaremos?”
Shakespeare habla de judíos, pero yo me refiero a cualquiera que sufra discriminación porqué acaso ¿es su sangre menos roja que la mía?

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