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QUE CUNDA EL PÁNICO


El domingo mientras volvía a casa después de la comida familiar de rigor, había caravanas de coches esperando repostar en las gasolineras. Sin embargo, yo lo ignoré.
El lunes me fui a comprar las cuatro cosas que necesitaba para mi supervivencia semanal, y me encontré con los estantes vacíos, pero tampoco le di importancia, pensé: si no compró hoy ya lo haré la próxima semana.
Ayer al levantarme y prepararme el café, sólo una última gota salio del cartón del leche. Convencida, como lo hago otras veces, para paliar un poco mi pobre economía, entré en la despensa de mis padres, para arrebatar un único tetra break de leche, pero allí tampoco había.
Entonces esta mañana ya no he podido ignorar las señales, iba camino del gimnasio y en el panel del coche se ha encendido esa odiosa lucecita que te alerta de que el depósito esta vacío aunque más bien parezca que diga: “atención en 10 segundos el vehículo se autodestruirá”, y yo he dicho: “bueno, no pasa nada, estoy convencida de que sigue quedando gasolina en todos los sitios” pero al pasar por la gasolinera, me he encontrado un enorme cartel colgado diciendo: “lo sentimos mucho, pero los combustibles se han acabado”
Después de una semana escuchando lo de la huelga, riéndome de lo catastrofista que es la gente, me ha empezado a recorrer el pánico: “¡No tengo gasolina!”, pero tantas veces escuchando que el mundo se va acabar, que yo no me lo creía.
Y es que ha sido toda una semana de daños colaterales irrefrenables, en que todos tienen un poco de razón ¡la gasolina esta muy cara, pero que muy cara! Y lo sé porqué yo no soy camionera pero hacer más de 500 kilómetros a la semana, me obliga a llenar al menos dos veces el depósito. Pero una cosa es la gasolina y otra que por culpa de esta huelga allá gente que no pueda trabajar, y si no trabaja, no cobra, como esos trabajadores de la SEAT en el País Vasco. Eso sí, si hay algo que esta favoreciendo la huelga es que se nos quite un poco una de nuestras mayores adicciones: el consumo.
Y yo si no tengo gasolina no tendré más remedio que usar el transporte público. Ya ves tú que placer, volver a reencotrarse con la RENFE.

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