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LA CAVERNA DE PLATÓN


Me gustaría seguir en la caverna de Platón. No sé si es cosa de la edad, pero a medida que pasan los años, me parece que me acerco cada vez más al mundo real y me produce miedo. Hubiera preferido seguir en la inopia. Atada de pies y manos, viendo como desfilan las sombras en la pared y encantada de tener una vida así, porqué no conocía otra.
Y es que desde hace un tiempo, me he convencido de que los simples son felices y que acaban complicando la existencia a los que piensan demasiado.
Si no pensara no me preocuparía por cosas a las que no puedo darle solución, el mundo no me parecería tan grande y yo tan sumamente pequeña.
Mientras miraba sombras estaba en paz conmigo misma, cuando salí al exterior la luz me deslumbro. El problema es que una vez sales al mundo real no puedes volverte a esconder en la oscuridad.
Platón dice que los que descubren eso son los filósofos, yo no soy para nada filosofa, demasiados problemas ya tengo para encontrar mi filosofía de vida, pero si me doy cuenta de que entre todos hemos ido construyendo una realidad, en la que si por un casual a todos se nos encendiera una lucecita dentro del cerebro se desestabilizaría ¿por qué tiene que ser esto así? ¿Y aquello? ¿Y eso? ¿Quién lo dice?
De todas maneras para que esto funcione no nos queda otra alternativa que seguir siendo piezas del engranaje. Aunque alguna vez alguna pieza se estropee y pase de seguir moviendo la maquinaria obligando al sistema a que se reprograme.
Por Gandhi, por Martin Luther King, por el Che Guevara, por Jesús, por Isaac Newton, por Budha, por Sócrates… y hasta 100, 1000, 10000 y 1000000 de personajes.

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