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EL PESO DE LA VERDAD



Los hospitales están cargados de historias. Creo que no hay un escenario mayor para ver el devenir de las relaciones humanas. La enfermedad nos conduce al borde del abismo y nos hace conscientes de lo efímero de la existencia humana.
Hoy rescato una pequeña historia, de gente a la que nunca conoceré, que un día apareció dejo su vivencia y desapareció para enfrentar la vida de otra manera.
Un hombre joven se encontraba enfermo hacía un tiempo, los médicos empezaron a hacer pruebas y más pruebas con el fin de encontrar la causa de su mal estar. Durante todo ese tiempo su mujer permanecía a su lado, apoyándole con todo el cariño del mundo, mientras él la rechazaba de forma constante y le hablaba a gritos haciendo prevalecer su superioridad.
Finalmente en una analítica apareció el terrible diagnóstico. El médico responsable habló a solas con el paciente y le dijo que estaba infectado por el VIH. Inmediatamente quiso abandonar el hospital. Tomó la mano de su esposa y empezó a acariciarla y abrazarla, como una forma de expiar sus pecados. Mientras su mujer ajena al diagnóstico seguía allí apoyando a la persona en la que confiaba.
Des del exterior, mirábamos la escena con rabia, porqué todo era una mentira, grande, enorme, que iba a causar un daño terrible y en la que la persona que entregó su vida al sacrificio iba a salir mal parada.
Pensábamos: “¡mira lo que te ha hecho! Aunque tú no lo sabes” “¡huye, déjalo!”, pero la ética y la legalidad en ese momento nos pidió estar calladas y esperar a que el peso de la verdad cambiara definitivamente la vida de esas personas.

Como siempre la médicina no siempre tiene respuestas para los dilemas de la vida.

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