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NO ENTIENDO


Sigo diciendo que ¡hay cosas que no entiendo! Cosas que todavía me sorprenden, que me hacen morderme el labio para no soltar un grito desesperado. No entiendo que haya gente que disfrute haciendo daño, que por unos momentos se convierta en alguien sin cerebro guiado únicamente por un impulso animal.
Enciendo la tele y como siempre sólo hay dos opciones: o el mismo rollo del famoseo o todos esos relatos que substituyeron al diario el Caso de la España profunda, en la que aparecen puñales, incestos, violaciones…y otras cosas que son tan desagradables, pero que nos obligan a mirar para que sepamos que dentro de nuestra aparente paz el mundo sigue estando loco.
Lo peor es cuando lo vives más cerca y te parece que es mentira, que no puede ser. Hace poco conocí una chica a la que su marido, en un arrebato de rabia, le había dado una patada en el ojo. ¡menudo ojo! Aquello ya no se podía llamar de esa manera, era una masa informe, que se quería salir de la cuenca cada vez que el parpado bajaba, sin que se pudiera distinguir la pupila del globo, todo estaba chafado, amoratado, ensangrentando, igual que un huevo frito que se ha batido con una cuchara. La mujer sonreía, intentaba clavar su mirada en mis ojos intactos, un ojo que ya no veía pero que buscaba un atisbo de luz que le pudiera hacer pensar que estaba salvado. Ella creía que no estaba tan mal, que en nuestro taller todo lo reparan, y yo miraba aquel ojo sin vida, pero con tanta historia que me hacía sentir culpable, culpable de no poder hacer nada, de que un buen día ya no fuera sólo su ojo el que se quedara inerte, colgando, y presa del pánico al pensar que algún día alguien me pudiera hacer a mí el mismo daño.
Esas son las huellas que te dicen que algo no va bien, que no todo funciona como debería y por eso sigo diciendo: NO LO ENTIENDO.

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