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PUNTO CERO


A veces sin querer, en tan sólo un instante vuelves a estar en el punto cero, acababas de dar un paso y no sabes muy bien porqué te ves obligada a retroceder y a permanecer en la salida.
A mí me pasa con bastante frecuencia, pero procuro no desanimarme y seguir entrenando para poder ganar la carrera.
Por suerte, no soy la única a la que los inconvenientes le llueven sin quererlo.
Ayer salía del gimnasio cuando recibí una llamada de una de mis amigas, estaba bastante desilusionada porqué se suponía que a esas alturas tendría que estar en Camerún prestando su ayuda en un proyecto de cooperación internacional.
El día 26 había salido de Barcelona con otras dos personas y había viajado hasta Casablanca para poder hacer el enlace hasta su destino definitivo.
Mientras ella daba los pasos hacía Camerún, el mundo que tampoco se para continúo haciendo de las suyas, subió el petróleo y entonces hubo huelga general en el país, los piquetes fueron bastante violentos y acabaron matando a unas 20 personas (según dice la rumorología, porqué de este conflicto todavía no he oído ni una sola palabra en ningún telediario).
Mi amiga se quedó en Casablanca esperando su salvoconducto y pensando que la ciudad era realmente horrorosa, sobretodo porqué no había ningún varón parecido a Humphrey Bogart, ni ningún Rics donde tomar un buen café.
Una vez en territorio nacional, la desilusión lo tiñó todo, el mes en África se había borrado de su agenda, estaba otra vez en el mismo lugar y con las mismas obligaciones, porqué ante la posibilidad de una guerra civil el proyecto se había anulado del todo hasta el año siguiente: “¡a saber dónde estaré yo de aquí a un año!” musitó mi amiga.
Entre las dos le dimos la vuelta a la tortilla, pensamos en que por lo menos estaba salva y sana, con vida y de nuevo en casa, que podríamos volver a salir juntas, que trabajaría y ganaría dinero y que había podido conocer la famosa Casablanca.
Yo durante su ausencia, aparentemente también había dado un paso adelante, pero luego todo se había estropeado y volvía a estar en el punto cero. Nos reímos y nos prometimos a nosotras mismas, mirar las ventajas y lo positivo de volver a estar de nuevo en la salida.
Así que las dos estamos esperando el pistoletazo, preparadas con las bambas y por suerte con una gran sonrisa pintada en la cara, mientras alguien grita: ¡¡Preparados, listos, ya!!

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