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MALDITAS CEBOLLAS


No sé qué me pasa pero otra vez estoy sensible, pongo la radio suenan dos segundos de cualquier canción pastelosa y ya me pongo a llorar. Y por culpa de eso cada vez tengo más arrugas alrededor de los ojos.
A veces pienso que es la luna, mis hormonas o mi falta de claridad de ideas. A veces que en el fondo me gusta sufrir un poquito, que es como el azúcar, necesito una dosis diaria porqué sino no me quedo satisfecha.
Me gusta pensar que el destino me tiene preparado algo muy bueno, aunque en el fondo no sea más que otra idea tonta, que o aceptas con todas las de la ley, la filosofía que para tener las cosas hay que querer y que por tanto te tienes que mover, o los días continuarán pasando en el calendario sin que tú a penas te des cuenta.
Seguramente es sólo por la cebolla que he estado pelando para cocinar, la maldita hortaliza, es como si se defendiera a muerte de su terrible destino, primero te gasea con substancias irritantes y luego te entran esos terribles picores acompañados de sudores intensos, los ojos se ponen rojos, empiezan a escocer y lo peor es que cuanto más lloras más duele, y entonces lo único que quieres es que alguien, por favor, ¡allí donde quiera que esté!, haga que dejes de lagrimear.
Lo dicho ¡malditas cebollas! que aunque tú no quieras siempre te hacen llorar

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