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HABLAR


La gente tiene ganas de hablar a toda costa, da igual lo mucho o poco que te conozcan, necesitan sacar a flote todos sus problemas, liberándose así de alguna manera de lo mal que se sienten.
En este mundo no esta permitido pasarse el día sufriendo, si eres de ese tipo de personas, acabas aburriendo a los demás y aunque al principio todo el mundo hace ese esfuerzo por colocarse en lugar del otro, pasado un tiempo, si no espabila, se da por perdido.
De manera que la mayoría fuerza la sonrisa y hace como que no pasa nada, y lo curioso es que llega un momento en que realmente no pasa nada.
Hoy he ido al gimnasio. Después de casi un año he vuelto por dos motivos: por un lado, porqué estaba harta de ver la factura todos los meses llegando a mi buzón y en segundo lugar porqué también me cansaban mis músculos blanditos y relajados y necesitaba liberar endorfinas de forma masiva.
Y la gente se me ha puesto a hablar, me ha contado lo mal que lo ha pasado en todos este tiempo que yo no he acudido a las clases, me ha contado su filosofía de vida, sus malas rachas, sus esperanzas en el futuro, y yo ocupada en secarme el pelo, me preguntaba que es lo que nos empuja a soltar nuestra intimidad a cualquiera, quizás porqué el que no nos conoce no nos puede replicar, y se cree los relatos tal y como el cuentista los suelta o porqué buscamos de forma insaciable algo que nos haga creer que no estamos tan solos, que avanzamos por la vida, rodeados de personas capaces de entendernos y de abrazarnos.
Cada uno ha hecho su Catarsis particular y estoy segura que hoy después de los sudores y lagrimas de la clase de estiramientos, más de uno se habrá ido liberado de cuerpo pero también de alma.

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