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ATENAS, LAS PIEDRAS HABLAN


Grecia es demasiado rica, culturalmente hablando, para poderla resumir en un pequeño post, y sino no hay más que pensar en los problemas que tienen en Atenas para ampliar la línea del metro porqué cada vez que excavan aparece alguna nueva pieza arqueológica que acaba convirtiéndose en patrimonio de la humanidad. Esto tiene como consecuencia un horrible conflicto entre el pasado y el futuro, los historiadores como siempre defenderán su posibilidad de reconstruir aquello que quedó atrás, de recomponer nuevas pistas, pero otras muchas voces preferirían enterrar las ruinas y seguir adelante permitiendo la evolución de Atenas.
A parte de su historia, la ciudad está habitada por cinco millones de personas, que es el equivalente a menos de la mitad de la población del país, una aglomeración que de entrada podría asustar, pero que una vez situado en el alma y en su encanto, Atenas no es un caos sino una ciudad que conserva lo más tradicional y el espíritu más griego de sus habitantes.
La Acrópolis es quizás uno de los rincones más famosos a nivel mundial. El Partenón domina la ciudad, jugando con los efectos ópticos, al no contener ninguna línea recta en su estructura pero mostrando la apariencia de perfección y de rectitud. En él había una figura de la diosa Atenea construida en oro, y de aquí vino el nombre de Atenas. Fueron necesarios nueve años de duro trabajo para que la mano del hombre pudiera dar fin a esta obra maestra. Sin embargo, como en muchas otras maravillas, el Partenón también ha sido descompuesto en pedazos y enviado a otras partes del mundo. En 1801, Thomas Bruce, que en aquella época hacía de embajador británico para el gobierno otomano que en ese momento tenía bajo control a Atenas, obtuvo permiso para llevarse algunas piezas y piedras que estaban en mal estado, Bruce sin embargo, se llevó más de la cuenta y se lo vendió al British Museum de Londres y allí siguen algunas de las piezas más famosas, como los frisos del Partenón o Elgin Marbles.
Aquí también se encuentran el Templo de Atena Niké (la diosa de la victoria, y convertida en el nombre de una de las marcas más famosas de ropa deportiva, por eso Just do it!); el Erecteion donde hay un olivo que pretende conmemorar el lugar donde la diosa Atenea tocó el suelo con su lanza, es aquí donde se encuentran otras de las imágenes que más fácilmente hay en los libros de historia del colegio: las esculturas de las cariátides, algunas de las cuales también fueron a parar a las manos del British Museum. El teatro de Herodes Ático, que dicen que goza de una de las mejores acústicas, por lo que hasta hoy en día durante el verano, acoge algún concierto. El teatro de Dionisos, lugar que permitió el nacimiento del teatro como arte y de muchas otras cosas que han llegado a nuestras manos ya interiorizadas y como muy nuestras.
Me acuerdo que mientras paseaba por la Acrópolis tenía la sensación que todo el mundo la había ido descuidando poco a poco, le había dado la espalda y que justo en el momento que estaba a punto de exhalar a alguien se le había ocurrido que era necesario un esfuerzo sobrehumano para hacerla resurgir igual que a un ave fénix. Ahora, después de todas las violaciones había una frontera que impedía acercarse al Partenón, las grúas redecoraban su estructura y la basura acumulada entre el mármol blanco de otra época mostraba que cualquier cosa había sido posible y permitida en el palacio de los dioses.
Bajando ladera abajo y paseando por el Ágora, al volver la vista hacía al cielo, pensaba en el sacrificio que debía haber supuesto subir hasta aquella montaña sólo para orar cuando no existía metro ni la estructura del paisaje se había modificado para darle cabida a la accesibilidad.
El Ágora que también había caído en el olvido durante cierto tiempo era difícil de imaginar repleta de bullicio, de comercios, de gente yendo y viniendo cuando era un mercado hacía ya cientos de años. El templo de Hefestos, dios del fuego, el arte y la herrería, medio oculto entre la vegetación parecía una replica en miniatura del Partenón, aunque lo cierto es se construyó mucho antes.
La Stoa de Atalo, reconstruida completamente gracias a Rockefeller , da una idea de la belleza que tuvo que tener algún día la ciudad y de que el hombre imitando a la naturaleza también hace maravillas.
Pero la historia no se detuvo y como en todas partes, pasaron los siglos, y las culturas se entremezclaron y el imperio romano desbanco a aquella Grecia primera y dejo también su huella. Una huella que se observa en el foro romano, que también contiene un ágora y en la que destaca la Torre de los Vientos, una obra de ingenio del sirio Andrónico de Kyrhos, que no sólo hace de brújula sino que también nos habla de los 8 vientos mitológicos, es un planetario y nos indica la hora gracias al sol y a un original reloj de agua, en realidad esto ya no es posible porqué el torrente que alimentaba este reloj ya no brota.
La biblioteca de Adriano fue el edificio más grande de Atenas, lo cual nos da una idea de la colección enorme de libros que contenía.
Otra huella de cultura viene de mano de los musulmanes, dentro del mismo foro la mezquita de Fethiye Tzami o la madraza son ejemplos de estas influencias.
Es muy posible que después de observar tanta cultura, a alguien le apetezca quedarse con algo más griego, pasear simplemente y comprar en los mercadillos de la ciudad. El barrio Monastiraki es ideal para ello. Y como dice la guía de viajes que me acompañaba: si no lo encuentra aquí quiere decir que no existe en Atenas.
Para comer nada mejor que Plaka, cerca de las ruinas, tranquilamente bajo una sombrilla degustando una ensalada griega y en un ambiente distendido y ameno.
Pero el corazón de Atenas yace cerca de la Plaza Sintagma, donde se puede ver el Vouli y el monumento al soldado desconocido. Los Evzones (soldados griegos) amenizan a los transeúntes con sus cambios de guardias y sus vestidos con borlas colgantes.
Cerca de aquí está el jardín nacional, ideal para relajarse después de tanta caminata y tanta asimilación de cultura: flores, pequeños animales, estanques, estatuas, el Zappeion, un café, un periódico y una vez más, una receta para saber que vale la pena vivir la vida.
Si uno desea ver la otra cara de Atenas, tiene que dirigirse a Omonia y compararla con la plaza Sintagma, las dos parecen un contraste continúo entre oriente y occidente. Omonia es ruidosa, llena de gente, sucia, parece desordenada, hay negocios de todo tipo y el bullicio se produce a todas horas. Aún así parte necesaria para entender bien a la ciudad de Atenas, que comparte siempre parte de ruina y parte de prosperidad.
Por último, en la ciudad abundan los museos, probablemente se necesitarían meses para poder recorrer cada una de las galerías, para empaparse de datos y maravillarse ante la historia del mundo, porqué si hay algo que tiene la ciudad es que cada piedra habla y a veces los oídos y la vista acaban colapsados por culpa de tanto ruido.
Atenas se la despide por el puerto del Pireo, después de conocer el movimiento, es muy posible que la elección siguiente sea trasladarse a la tranquilidad de cualquiera de las islas griegas, eso sí, no sin antes darse un paseo nocturno por el Mikrolímano, cenar a la luz de miles de focos sobre un restaurante flotante y pedir una dorada fresca aunque eso sí de barato nada ¡pero un capricho es un capricho! Y luego terminar la jornada en cualquiera de los clubes nocturnos tomando una copa y celebrando haber llegado a Atenas.

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