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MULTICULTURAL Y EN PAZ


Hace un frío horrible, o al menos eso me parece a mí que siempre procuro estar pegada a la calefacción, con mi estufa eléctrica a cuestas y un montón de chaquetas, jerseys de lana y calcetines encima de mi cuerpo como si fuera una cebolla de múltiples capas.
Es un viernes de un puente largo, para mí casi un acueducto porqué no voy a trabajar hasta el martes, pero hasta ahora todo lo que he hecho es dedicarme a estudiar y a ordenar mi lista de tareas intentando quitarme de encima compromisos que arrastro desde hace mucho tiempo.
Ayer estuve paseando un rato por el Raval, me pareció que había cambiado mucho en pocos meses. Había muchas más tiendas y mucha gente en la calle hablando, jugando a la pelota, paseando... Y todo el mundo era muy diferente, había: hindúes, chinos, camerunenses, marroquíes, argentinos, peruanos, españoles (claro) y otras mil nacionalidades más, todos concentrados alrededor de una plaza. Y todos ellos vivían en paz, se reían, estaban integrados, y me pareció que la convivencia no es tan difícil como siempre nos suelen decir.
Después del paseo entramos a cenar en un restaurante italiano, un muchacho salió del interior del local recomendándonos el lugar, con una frase típica como la de: "aquí se come mejor que en Italia". Y aunque el menú era italiano: pizza, pasta, panacota... La camarera china nos dio la bienvenida, el cocinero pakistaní nos recomendó la lasaña y el gerente portugués nos pidió mil disculpas por la espera.
Me dio la risa pensando en que cada día las fronteras y el ser o no ser de un sitio está tan diluido, que todo se entremezcla y que uno puede escoger ser sólo un poquito o ser una parte de mucho.

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