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ZAPATOS DE CRISTAL

Cenicienta nunca llevó zapatos de cristal, al escribir el cuento Perrault fue mal interpretado y la palabra vaire (cuero) fue traducida por verre (cristal). Sin embargo, gracias a ese pequeño error la muchacha se convirtió en la más fashion de la fiesta. Una especie de Victoria Beckam de la época, que deslumbró a todos con sus zapatitos.
Debe ser fantástico tener unos zapatos de cristal aunque también peligroso.
La última premio Planeta, narraba la vida de una chica que nunca supo caminar bien, era demasiado torpe, y a menudo tropezada y caía, pero aún así sentía una adoración especial por los zapatos, y los coleccionaba de todas clases: altos, bajos, de charol, de seda, rojos, azules...Su marido, que la adoraba, decidió hacerle un regalo especial y después de mucho buscar y buscar, encontró unos zapatos a su media, tan especiales como ella: unos zapatos de cristal.
La muchacha parecía emocionada con el regalo, sin embargo, pronto los dejo abandonados en el fondo de su armario sin haberlos usado ni una sola vez. Su marido se lo recriminaba continuamente, no entendía por qué ella rechazaba los zapatos.
Un buen día, al volver de trabajar, el muchacho no encontró a su mujer en el piso, la llamó por todas partes pero no obtuvo respuesta. Cuando ya se había dado por vencido, observo algo en el fondo de la escalera, era algo que brillaba translúcido, al acercarse se dio cuenta de que era un zapato de cristal, horrorizado bajo a toda prisa y allí en el suelo, con el otro zapato todavía en su pie, yacía su mujer en coma tras haberse caído por las escaleras.
¡Terrible! pero Cenicienta casi se cae también al huir despavorida del príncipe por culpa de esos zapatos, suerte que al final, ellos también le dieron la clave del éxito.

¡Hada madrina los zapatos de cristal ya no se llevan!


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