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SUPERCOP

Los viajes en avión con varias escalas resultan de lo más estresantes, sobretodo cuando las conexiones parecen imposibles y se empieza a apoderar de ti el miedo a quedarte en tierra en un país totalmente desconocido.
Hace quince días me decidí a cruzar el Atlántico, para intentar mejorar mi vida y hacer de una vez por todas algo para que las cosas cambiarán. Después de reflexionar y autoconvencerme, cogí un avión en busca de alguien, con la intención de llegar a uno de esos países del otro lado. El viaje fue toda una odisea, pero no me importó, porqué tenía un objetivo y la esperanza de poder poner las cosas en orden y en su sitio.
Pero la vuelta, que no estaba teñida de ese arrojo de la ida, fue un poco más dramática. Mi primer vuelo partía a las 15 del mediodía, en teoría ese avión llegaría pronto a San Paulo (Brasil) y me permitiría seguir mi camino a las 20:40, pero las cosas no siempre salen como uno espera, y yo que tenía el corazón hecho pedazos, cuando vi que el primer avión se había retrasado dos horas me quería morir, porqué me parecía que mi casa, donde estaban los que me iban a acoger con los brazos abiertos me quedaba demasiado lejos.
Empecé a contar las horas desesperada, pensando que sería imposible llegar a tiempo a San Paulo. A las 17 partimos sin más y a las 19:20, casi una hora antes del siguiente vuelo ponía los pies en tierra, teniendo que recoger mi maleta, facturar y volver a pasar el control de aduana.
Mis nervios empezaron a estallar, si esa noche me tenía que quedar en ese aeropuerto, sin saber cuando podría irme a casa, no iba a ser lo suficiente valiente para soportarlo.
A toda prisa recogí la maleta y corrí con todas mis fuerzas en busca del mostrador de Iberia y cuando ya estaba parada frente a la azafata, un hombre delgado se plantó a mi lado y empezó a observarme, acto seguido sacó una placa que tenía colgada del pecho y me dijo: "Policía, venga conmigo". Le mire horrorizada y le dije que iba a perder el vuelo, ante lo cual me contestó: "no es mi problema". Evidentemente Murphy tiene razón: Si algo sale mal, puede ir todavía peor.
El policía me llevó a un cuartito, y a mí que la placa me parecía de película, se me antojo que me iba a violar o algo así, y que ni siquiera era un policía sino un macarra que se burlaba de mí. Ante mis ojos sacó una navaja y empezó a cortar el plástico que envolvía mi maleta, acababa de tirar 22 reales a la basura, para una vez que me decido a proteger la maleta... Me pidió que sacara el candado, y a mí que me temblaban las manos no atinaba a abrir con la llave correcta.
"¿Esta nerviosa?" ¡cómo quería que estuviera! "pues sí, es la primera vez que me pasa esto" "¿lleva droga en la maleta, o tiene la certeza de que nadie le ha metido droga en ella?" ¡Dios mío, ahora sí que alucinaba en colores, me acababan de tomar por una traficante vulgar y corriente, y por si fuera poco ahora no podía afirmar con certeza que nadie hubiera manipulado mi maleta durante el trayecto. Inmediatamente me vi encerrada y esposada con toda la embajada española intentando liberarme de la cárcel y yo sin poder ser repatriada.
El policía tiró toda mi ropa fuera de la maleta, abrió todas las cremalleras y olisqueó cada rincón, mientras mantenía firme la navaja en su mano. Luego metió sus dedos en el apartado de mi ropa interior ¡me quería morir! también olisqueó esa parte y sentí la vergüenza y la violación más grande a mi intimidad.
No contento con la maleta, me registró el bolso y el maletín del ordenador portátil, sacando con toda paciencia todo lo que encontró. Luego evidentemente lo devolvió a la maleta de cualquier manera, y yo maldije el tiempo que había perdido doblando cuidadosamente toda la ropa para evitar que se me arrugaran las prendas.
El policía, que no había encontrado drogas, optó por otra opción: "¿lleva armas?" "¿esconde algo bajo el pantalón?" "¡enseñeme lo que lleva en las perneras!", y a esas alturas, yo que ya había pasado de los nervios a la más absoluta crispación tuve que enseñarle mis dos piernas: gruesas y feas, pero definitivamente sin armas ¿a caso me confundió con Lara Croft?
Por culpa de eso llegue sólo diez minutos antes del horario fijado para el despegue del vuelo, por suerte el piloto llegó media hora después, así que en lugar de salir a las 20:40 salimos a las 22:00, y evidentemente por culpa de eso, al día siguiente perdí la conexión en Madrid y tuve que esperarme dos horas más al próximo vuelo.
Jamás me había sentido tan poca cosa y odio con toda mi fuerza a ese superCop, que para mi gusto había visto demasiadas series estadounidenses y había perdido toda la sensibilidad y el respeto hacía las personas, porqué digo yo que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, pero a mí nada más verme, me asignó la categoría de traficante, y tanto daba que me quedará en San Paulo sin poder irme a mi casa, para él la cárcel hubiera sido la mejor opción.

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