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A CONTRACORRIENTE

El mundo esta lleno de gente que trata con todas su fuerzas de huir de la sociedad.
Sin ir más lejos, hace poco, mientras preparaba un trabajo para una de mis asignaturas, descubrí en Internet la historia de una terapeuta, que a sus 65 años había decidió apartarse del mundo del consumo y vivir sin dinero, claro que esta actitud sólo era aparente, porqué a pesar de no tener dinero, sí tenía muchos amigos y conocidos, que admirados por esa "idea revolucionaria", no paraban de hacerle favores como: darle un sitio donde dormir, darle comida, ofrecerle un corte de pelo gratis, prestarle ropa, etc. Así que la gran señora, con toda su buena intención, jugaba con ventaja.
Pensé que hay mucha gente a la que le gusta nadar contracorriente, pero que incluso, cuando uno nada contracorriente, porqué quiere ser diferente, en el fondo sigue al lado de la sociedad, constituyendo su identidad gracias a que la sociedad es así, y sólo ella, le da esa oportunidad de ser diferente ¡Dios mío, que lío acabo de formar!
Se me vino a la cabeza la historia del "museo del alemán". Otra persona decidida por encima de todo, a no seguir los designios marcados por los seres humanos y hacer de su vida un pozo de contemplación, y mezcla de sentimientos expresados en el arte más puro sobre la roca.
Su museo me impresionó, pero más me impresionó la historia, de ese viejo alemán que había huido de su país en busca de la paz interior, y que irónicamente había ido a parar a la "costa de la muerte" de Galicia, donde se reencontró a sí mismo a través de las esculturas. Dicen que cada vez que llegaba un visitante le pedía que hiciera un dibujo porqué así descubría una parte del alma del otro.
El alemán se llamaba Man, la verdad es que no podía llamarse de otra manera, porqué "Man" era un "Hombre" en busca de lo divino, de la conexión del mundo.
Y cuando me dijeron que Man se había muerto de pena cuando el chapapote invadió la costa y su museo, pensé que hoy en día ya nadie se muere de pena, y eso me conmovió.

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