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VENECIA Y EL LEÓN PERDIDO


Venecia es junto con Paris de esas ciudades que tienen magia, la gente suele ponerle muchos adjetivos y hablar sobre ellas, pero hasta que no estás allí y aspiras el aire no eres consciente realmente de la atracción que ejercen sobre ti.
Realmente parece haber emergido de la laguna otra dimensión, en la que todo es posible, en la que cada esquina te hace descubrir algo nuevo que despierta la admiración y el sentido de la belleza en ti.
Antes de llegar a Venecia, había visitado una pequeña isla llamada Delos en las islas griegas, la guía que nos acompañaba nos contó una historia sobre los dioses . Delos había sido en otra época un gran centro comercial y religioso, pero con el paso del tiempo cayó en desgraciada debido a que existía una ley que impedía a sus habitantes nacer o morir en la isla, fenómeno que produjo que nunca se pudieran gobernar y que poco a poco perdieran todo su poder. Delos era un centro de peregrinación porqué se decía que allí habían nacido Artemisa y Apolo, y el lugar de ese maravilloso nacimiento estaba marcado por la aparición de una palmera que emergía de un lago sagrado, único lugar de donde brotaba el agua en toda la isla. Para proteger esa zona sagrada existían 16 leones hechos en piedra que custodiaban con su porte amenazante el lugar, pero el paso del tiempo no fue agradable con ellos, y actualmente de esos 16 leones sólo quedan 5 y los restos de 3. Uno de los leones fue llevado a Venecia, porqué en cuanto los venecianos que también fueron muy poderosos en determinada época de la historia, los vieron consideraron que el león era la viva representación de su pueblo, y decidieron llevárselo como botín, al parecer ese león se encuentra en el Arsenal de la Venecia actual.
Cuando llegue a Venecia yo no tenía ni idea de donde se encontraba el Arsenal, pero recuerdo haber buscado con ojos sedientos la figura del león de Delos, pero ni el león de la plaza de San Marcos ni el que se halla en una pequeña plazoleta detrás tenían las líneas estilizadas de aquellos leones griegos, así que pensé que algún día volvería y encontraría aquel león que tenía tanto significado, en una época en que el hombre hacía de su fe toda una guerra.
Pero Venecia no sólo me maravilló por su arquitectura. Después de cenar en un restaurante forrado de terciopelo rojo en la plaza San Marcos y de reflexionar sobre como esa plaza puede estar llena de agua en determinadas épocas del año o como la nieve se puede apoderar de la ciudad y darle un aire totalmente diferente, escuche una música que me transportó inmediatamente a mi archivo de cosas "por las que la vida vale la pena", allí bajo los arcos de la plaza un pequeño grupo atiavado con pajarita y traje negro, empezó a tocar una melodía que conmovió a todo el mundo, el violín y el acordeón, se acompañó inmediatamente de las palmas y la gente que sólo estaba de paso empezó a cantar mientras sonreía llena de satisfacción: "volaré, oooh! cantare ooooooooooh!..." Pues lo dicho, esas son las cosas por las que vale la pena vivir, y por las que te das cuenta que todos tenemos algo en común, y que muchas veces nos conmovemos por las mismas cosas.
La suerte que tuve al visitar Venecia, es que por diferentes circunstancias lo hice a lo grande, pudiendo disfrutar de esas cosas que sólo en los sueños son accesibles para la gente normal, así que entrene mis cinco sentidos para poder disfrutar de cada detalle. Nuestro hotel estaba cerca del lugar donde cada año se lleva a cabo el festival de Venecia, la imagen de Nicole Kidman vestida de largo y bajando de una lancha se repetía continuamente en mi cabeza cada vez que yo misma bajaba de la embarcación que habían puesto a nuestra disposición des del hotel para hacer más llevaderos los movimientos a lo largo de las pequeñas islas. La habitación del hotel era igual que un pequeño apartamento, con su recibidor, su dormitorio, su salón para tomar unas copas, un cuartito con un tocador y al final el cuarto de baño. Por la ventana se disfrutaba la inmensidad del Adriático que chocaba continuamente contra la arena de la playa. Dicen que en ese hotel se suelen alojar las grandes estrellas, y la verdad es que el bar estaba lleno de las fotografías firmadas por los actores y actrices que habían pasado por allí, y que sólo en ese lugar he podido ver una botella de coca-cola tan exclusiva.
Venecia no se visita del todo si no decides pasar una noche en el Casino, guiñarle un ojo a la vida y esperar que te acompañe con un poco de suerte, si estás suficientemente borracho puedes llegar incluso a apostar tu reloj y reírte cuando en lugar del 16 negro sale el 7 rojo.
Cuando menos te lo esperas un puente misterioso te invita a cruzar a la otra orilla y descubrir otro restaurante con encanto oculto entre las paredes de piedra. Rialto, el palacio Ducal, Ca Pesaro, San Stae, Santa Maria de la Salut, San Simeon Piccolo, Ca'Rezzonico, el palacio Barbarigo, Fontengo de Turchi, etc, cualquiera de ellos aparecerán en un guía, pero en cuanto pisa la piedra de Venecia el visitante se da cuenta que sólo dando un paseo la ciudad es mucho más.

Un libro para Venecia: La Ciudad de los ángeles caídos (John Berendt). Películas: Casanova, El Mercader de Venecia.

Comentarios

Chely ha dicho que…
Divinos tus viajes, hoy viaje contigo a todos esos países que me regalaste en tu blog, que suerte tuviste!! El año pasado estuve en Roma, que divinidad por dios, la magia te envuelve, ver tanta historia en esas piedras.
Me alegro de encontrarte
Besitos muakk
Chely
Rebeca ha dicho que…
Gracias Chely ¡qué paciencia para leerte todo eso, xdios! Roma es simplemente genial, bueno como cada trocito de tierra.

¡Cómo me gustaríae llevarme cada uno de esos pedacitos del mundo en mi mochila!

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