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EL PODER DE LAS PALABRAS


A menudo huimos de las palabras a toda prisa, quizá por vergüenza, quizá porqué tememos demasiado la reacción de la persona que tenemos delante, y entonces nos guardamos todos los sentimientos y todos los pensamientos exclusivamente para nosotros, sin darnos cuenta que al final lo que se genera es un mal entendido tras otro, interpretaciones erróneas sobre nuestra conducta o sobre nuestra forma de ser.
A veces cometes errores y tú intención es dejar el tiempo pasar, que las heridas vayan cicatrizando poco a poco, pero la verdad es que esas heridas que al principio parecían insignificantes empiezan a cronificarse y de vez en cuando te dan una punzada para recordarte que están ahí, y que debes hacer algo de forma inminente, encontrar la cura a ese pequeño dolor porqué hay algo que no ha quedado resuelto del todo.
El destino como es caprichoso, siempre de alguna manera, aunque sea rocambolesca, nos da una segunda oportunidad, en la que nosotros debemos poner toda la fuerza para está vez sí escoger bien.
Y cuando te enfrentas a esa persona a la que tenías tantas cosas que decirle y que siempre te habías guardado para ti, te das cuenta que hacía demasiado que tenías un peso atado al tobillo que necesitabas desalojar cuanto antes, traspasas parte de angustia, y sorprendentemente encuentras también un poco de empatía y de descarga en la persona que te escucha, y sólo con unas pocas palabras, luego la vida empieza a ser mejor.
Digo que empieza a ser mejor, porqué te permite empezar de cero, cerrar de alguna manera el capítulo, y seguir adelante un poco más orgulloso/a de ti mismo.
En definitiva, como dice el refrán de toda la vida: las cosas claras y el chocolate espeso. ¿para que guardarse tantas palabras no dichas? ¿para que acumular tanto rencor? ¿por qué no dejar mostrar un poquito más de uno mismo con las palabras? que al final, nuestra vida es un resumen de elecciones en la que los capítulos no resueltos siempre tienen consecuencias.

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