domingo, 2 de noviembre de 2014

LOS DOMINGOS AL SOL


Veo la escena de la película en que los rayos acarician el rostro de Luis Tosar con la cabeza hacía atrás, con ese inmenso placer del que no tiene nada pero en realidad lo tiene todo, esos lunes al sol que resultan días cada vez más contables, acumulables y cargados de resignación. 

Me gusta oír esa frase: LOS LUNES AL SOL, me lleno de placer sólo por sentir como estallan las palabras imaginando un sol enorme y radiante que me ilumina, diez mil rayos que me rodean  y yo en el centro, sólo eso es suficiente.

Hoy es un DOMINGO AL SOL, más especial porque no es un día que se asume con resignación, la diferencia con el lunes que es que a éste se le espera y se le desea. Caminamos entre campos recién arados, la mañana ha empezado fría y a poca distancia transcurre paralela la autopista y se ve una nube de contaminación que se confunde con una sana niebla. Es como estar en un espejismo, un parque natural rodeado de carreteras, a veces las cosas me resultan altamente irónicas.


En el camino, montones de huertos surcan parcelas y se confunden unos con otros, provocando un desorden de hortalizas que resulta divertido. Hombres que rondan más allá de los 60 excavan en la tierra, sin más satisfacción que la del trabajo bien hecho. Luego, a media mañana, se sientan en una mesa a compartir una botella de vino y hablar de sus anécdotas: “ ¿Te acuerdas de Manolín…?” Manolín debe haber pasado a mejor vida, pero a quién le importa, al fin y al cabo, a ciertas edades el ir teniendo perdidas se vuelve inevitable. Allí todos siguen su rutina, han pasado de trabajar doce horas por un salario, a trabajar duramente por la mera satisfacción de lo que se obtiene de tus propias manos. Antes las cosas eran más sencillas. La gente era más feliz, no nos preocupábamos tanto, había menos opciones. Esta gente Sigue pasando los domingos al sol, en el campo, con sus charlas, con sus vidas, dando un sentido que no requiere de complicados cálculos matemáticos. Le pregunto a Mito que sucederá en el futuro, quién se ocupará de esos campos, ahora que ya nadie tiene interés por esas cosas, me dice que quién sabe, tal vez de aquí a unos años nuestros gustos cambien, quizás volvamos a lo simple, a lo práctico y dejaremos de estar tan colapsados. Mientras los domingos transcurren al sol para esa gente, y los lunes, los martes, los miércoles, los jueves, los viernes y los sábados, y tengo que confesar: ahora mi padre quiere criar periquitos. Extraños consecuencias de esos días al sol que transcurren sin más expectativas y en los que esa generación jubilada antes de tiempo ha sabido reinventarse y no perder el sentido. 

lunes, 6 de octubre de 2014

LO QUE NO OLVIDO


“La gente olvida lo que dices, la gente olvida lo que haces, pero nunca olvida cómo la haces sentir.” Maya Angelou


Qué razón tienes Maya,  para lo bueno y para lo malo siempre es así. No se me grabaron recuerdos se me grabaron sentimientos. Me siento culpable por los que hice sufrir, me siento contenta por los que pude hacer un poco feliz. 

Intentamos amar a toda costa pero a veces herimos con nuestro esfuerzo.

viernes, 3 de octubre de 2014

PARA, ESCUCHA Y SIENTE

El whashington Post quiso demostrar, en 2007,  mediante un experimento que los seres humanos apreciamos el arte según el contexto.

Colocaron a un violinista en una estación de metro ataviado con una vestimenta simple, el músico empezó a tocar y la escena fue grabada en vídeo. La gente pasaba sin detenerse, entraban y salían de la estación sin prestar atención a las melodías, a lo largo de 45 minutos.

Lo curioso de todo esto, es que el violinista no era una persona cualquiera si no Joshua Bell, uno de los mejores del mundo,  sosteniendo un Stradivarius valorado en unos 3 millones de dólares e interpretando algunas de las piezas clásicas más consagradas. Unos días antes las entradas para poder disfrutar del músico rondaban los 1000 dólares.

El diario relacionó todo esto con el contexto, yo creo que esto se trata más bien de nuestra “ignorancia consciente”, somos capaces de pasar por una calle sin prestar la más mínima atención, e incluso ignorar el hecho de que están atracando a una persona que tenemos muy cerca, esa frialdad se debe a que nuestro cerebro para sentir empatía necesita un poco de tiempo, mirar y contactar, pero si se pasa rápidamente a penas se involucra en la escena y da la sensación que aquello que sucede a nuestro alrededor no tiene que ver con nosotros, eso explicaría esa distancia y esa lejanía que yo misma padezco, de la que me quejo y  de la que me hago consciente, sobre los problemas que sacuden a otros y sobre los que podemos hacer poco, mi cerebro está frío sin tiempo para “para y oír” y menos para involucrarse y sentir, así toleramos grandes injusticias y permanecemos desconectados, perdiéndonos grandes cosas como el mejor de los músicos tocando de forma gratuita en un metro.

lunes, 22 de septiembre de 2014

ESCOCIA



¿Se puede estar rota sin estarlo? Sólo yo y mi enfado descomunal somos capaces de entenderlo, pero lo que siento es eso, que soy: un fragmento, una ruptura, una cicatriz alargada, una fractura astillada que no pueden sujetar las fijaciones, un pedazo, una grieta, una pieza que se pierde del puzzle dejando un enorme vacío en que sólo la imaginación es libre para completarlo.

Todo esto lleva tiempo en marcha y yo me siento cada vez más de ninguna parte ¡ lo he comentado tantas veces! ser una apátrida te lleva a sentir una desazón que te mantiene inquieta, deseando huir, buscando un hogar que no existe, con el dolor de que no se pertenece a ninguna parte y en la búsqueda inalcanzable de saber quién soy, la identidad se desintegra.

Empecemos por el principio: existen catalanes de primera y de segunda. Levantaré ampollas y muchos dirán que no es así, que todo está en mi susceptibilidad y en mi sensibilidad, pero si no fuera así mis sentimientos serían erróneos y tendría que aceptar que carecen de racionalidad, pero los sentimientos alertan, dan signos de si algo disgusta o no disgusta y yo me he sentido disgustada tantas veces… aun siendo tan catalana como los demás no me siento igual, y parte de la pena es  porque mis apellidos no son: Serra, Alaudell, Ribes o incluso Pujol antes de la mala fama.

Aún resuenan en mis oídos las voces de mis compañeros de teatro riéndose de mí por mi incapacidad de pronunciar el “jo” en lugar del “yo”, eso me llevó secretamente a evitar usar en exceso mi propia lengua. Recuerdo a mi compañera de trabajo diciéndole a un primo que resultó que jugaba con mi hermano Pepo , íntimamente, a rugby que yo era una “facha” por no declararme nacionalista, lo cual me da una idea de lo mucho que llegamos a confundir los términos. Recuerdo a una compañera enfermera chillarme sin parar y a continuación excusarse por su estado de ánimos alterado porque al día siguiente tenía que salir a formar parte de la famosa “V” de victoria. Y me recuerdo a mí misma delante de la televisión viendo esa extraña publicidad del canal autonómico declarando que teníamos que votar por nuestra libertad, en ningún momento durante mis 35 años había detectado que carecía de ella. Reconózcanlo señores, los debates no es que sean exactamente equilibrados respecto a las opiniones.

Entiendo el sentimiento que te puede llevar a sentir que formas parte de algo o no lo formas, en mi caso adoro Cataluña, pero me siento de España y ahora parece que ser “español” es un insulto después de ver cómo le gritaron a Albert Ribera, por cierto compañero de instituto de mi mejor amiga, lo tan y tan español que era y lo desagradable que resultaba. Debo ser una cosa asquerosa al parecer.

Pero tal vez lo que más rabia me da de todo esto, es que fuera del sentimiento, porque cada uno es de dónde le da la gana, y a mí nadie me quita esa emoción que me eriza la piel al escuchar El Cant dels Segadors o al ver a Pau Casals ante la ONU, o al tener una ciudad como Barcelona y el abrazo de los Pirineos entre miles de delicias. Es que en realidad a los políticos no les interesaba la independencia, les interesa ahora como una forma de levantar una pequeña cortina de humo, de desviar la atención, 1.800.000 personas ,cifra arriba cifra abajo, es capaz de salir a la calle para pedir el derecho a votar y, entre ellos, muchos la autodeterminación, pero ese millón, casi dos, no es capaz de armar una revolución por la ola de recortes, por la precariedad, por lo mal que están las cosas,  seguimos expectantes mientras otros se llenan los bolsillos, hay cada vez ricos más ricos y pobres más pobres, y mientras tanto promesas de que estaremos mejor en el futuro si conseguimos ser única y exclusivamente catalanes, pues saben que les digo, que de todos los funcionarios del Estado los únicos que tampoco hemos cobrado la paga este año hemos sido los catalanes, y que por mucho que digan, por si alguien no se ha enterado,  tenemos cedida la autonomía en: educación, sanidad y seguridad, lo cual parece insuficiente e invita a que tal vez deberíamos buscar culpables un poco más cerca.  Aunque claro, tampoco defenderé a este Gobierno que hace oídos sordos y ojos ciegos a este conflicto, que siempre dice que “no” y “no” a Cataluña, que si bien nosotros tenemos canal autonómico, ellos tienen varias televisiones públicas y periódicos, donde el tira y afloja sigue día a día, haciendo malos y buenos a cada uno de los bandos en función de quien firma, que mi prima de Madrid se puso las manos a la cabeza y nos preguntó qué tal andaban las cosas, preocupada por si los tanques se habían impuesto y el derecho a expresar lo que cada uno pensaba había dejado de existir. Y mientras tanto nos enteramos de miles de millones en Suiza, de un llamado ex excelentísimo Pujol y no pasa nada, porque saben nunca pasa nada, nada, nunca.

Y mientras yo sigo indignada, peleada con mi vida, con mi padre que con acento andaluz dice que él es catalán y punto, que se debe a la tierra que le da de comer, lo otro es pasado y que si España no nos quiere que se olvide de nosotros, que es la única manera que tiene de asegurarse la pensión, volvemos a lo de la cortina de humo, y mi madre que nunca tuvo acento andaluz se pelea con todas su fuerzas y dice que hay que luchar por la unidad de España, y mi hermano no dice ni sí ni no pero sé que será sí  porqué lleva a San Jordi tatuado en toda la espalda y la Senyera en el brazo, y yo digo: vale votemos, que pase todo esto pronto y podamos ponernos con cosas más importantes que son las que tocan, y dividida por los sentimientos y enfadada por los desplantes ocasionales del Centro, y por sentirme una maldita catalana de segunda, que ha nacido aquí, pero que se siente acomplejada y a la que le da igual hacer historia en una cadena humana o en una “V” gigante,  sólo puedo sentir: rabia, rabia y más rabia.

Pausa, escribo esto y miro por la ventana, en el balcón de enfrente una Estelada rodeada de plantas de marihuana, es la única de 13 balcones ¿de verdad está tan desequilibrado el sí y el no? En casa 2  contra 2, en el trabajo 3 no y una sí…será ¿qué de verdad, hay una minoría o mayoría silenciosa cómo dice por ahí? Me trasladó a Escocía, sea como sea han ganado, no son independientes pero han conseguido ventajas y al final todo se remonta a aquel fatídico día en que alguien dijo no al Estatut y el gobierno decidió alimentar el sentimiento nacionalista, no nos engañemos, nada ha sido espontáneo.

En fin, esto continuará, veamos a donde nos lleva, de momento a mí a no saber realmente quién soy ni a que pertenezco,  un simple y pequeño daño colateral en una crisis económica.