lunes, 31 de marzo de 2014

HISTORIA DE UNA AGONÍA


¿Y sin nuestros médicos? ¿Y sin nuestra Sanidad? A veces parece que morimos y otra que todo sigue igual, aunque sabemos cual es el futuro: hacer el sistema menos justo porque los recursos son limitados, y los bolsillos distintos. 

lunes, 24 de marzo de 2014

LOS ZAPATOS JUNTO A LA ORILLA


Supongo que a veces una serie de coincidencias te hacen dar vueltas a lo mismo. Primero fue haber elegido para leer El señor de las moscas, cierto que la historia no me impresionó porque la forma en que los personajes llegan a la violencia no me pareció que siguiera un hilo argumental coherente, aunque sí me quedó claro ese mensaje en el que recalcan que en ausencia de normas nos volvemos asesinos despiadados y la empatía y la compasión se convierten en meros sustantivos sin ningún significado. Luego el conflicto de Ucrania, no hace falta ir muy lejos para recordar la Guerra Fría y lo fácil que es desaprender lo aprendido. Luego fue el viaje a Budapest y la visión de ese monumento de los zapatos que seguían el curso del Danubio y que escenificaban como habían sido atados con cuerdas pares de judíos, junto a la orilla. Se disparaba a uno y el otro era arrastrado al fondo del río por el peso del cuerpo ya muerto, donde se ahogaba. Cruel, terrible, inexplicable. Luego mi interés por seguir indagando sobre el Holocausto para acabar sumergida en el conflicto de Palestina, sin acabar de entender al final, quienes eran realmente los buenos o los malos. Y luego esas imágenes de dos adolescentes peleándose, una le golpeaba la cabeza a la otra contra la acera deseando casi que muriera,  tuve que girar la cabeza para no vomitar. Siempre le he tenido miedo a la violencia. Pepo dice que se encuentra dentro de cada uno de nosotros, que tal vez, encerramos pequeños Hydes, reprimidos constantemente por el bien de la sociedad. Quizás Shakespeare tenga razón: “Si las masas pueden amar sin saber por qué también pueden odiar sin mayor fundamento.” 

domingo, 16 de marzo de 2014

EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO



“…A veces me imagino que hay un montón de críos jugando a algo en un campo de centeno y todo eso. Son miles de críos y no hay nadie cerca, quiero decir que no hay nadie mayor, sólo yo. Estoy de pie, al borde un precipicio de locos. Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo el que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardián entre el centeno…”

El guardián entre el centeno, J.D.Salinger


Estamos sentados en un avión y se me caen las lágrimas al finalizar el libro, Holden me ha conquistado con su sueño de no ser más que un guardián entre el centeno. A veces pienso que si no aceptas el sistema, sus formas, sus rígidas normas, sus comportamientos…lamentablemente te condenas a ser infeliz. Y pasa, pasa constantemente, pasa cada vez de una forma más clara. 

martes, 14 de enero de 2014

AUTÉNTICAMENTE MEDITERRÁNEO




Pasifae se enamoró con locura del toro blanco que Poseidón había regalado, a su esposo Minos, el rey de Creta.
Para poder consumar su amor, se introdujo en el cuerpo de madera, diseñado por Dédalo, de una vaca, y así nació el Minotauro.
Y esta leyenda que nació en Creta y viajó por el Mediterráneo, y mojó las playas de otro país, es la que descubrí un día de diciembre, en un pueblo costero de Cataluña cuando el sol jugueteaba entre olas y nubes ,intentado decidir a cuál seguir, mediante la escultura enorme de un toro de bronce con una mujer en su interior, adivinó que Pasifae. Inscrito en su pedestal rezaba la unión que existe entre los pueblos mediterráneos y en especial de Vilanova i la Geltrú y Creta.
Y en estos días en que hay quien apuesta más por las desuniones que por las uniones, me preguntó que significa ser Mediterráneo, que nos hace diferentes y tan especiales, y me quedó con Serrat y esa canción melancólica que me reafirma que todos los que estamos a los pies del Mare Nostrum, del mar para mí en el punto justo, ni demasiado bravo ni excesivamente tranquilo, que acaricia la arena como él sólo sabe, que me persigue queriendo borrar mis huellas sobre la arena, que me pone el corazón contento y la sal en la punta de la lengua,  y me susurra en cada devenir de las olas, que  lo queramos o no lo queramos nos parecemos, nos identificamos, con un sentir que sólo conoce el auténticamente Mediterráneo.

No voy a entrar en consideraciones políticas, eso lo dejo para otro día, hoy me quedó con lo básico, con quitarme los zapatos para sentir mis pies descalzos en la tierra húmeda, mirar al horizonte, y darle la razón a lo que está ahí escrito: “La nostra ciutat banyada per la mateixa mar que banya Creta es reconeix en la civilització Mediterrania.” (Nuestra ciudad bañada por el mismo mar que baña Creta se reconoce en la civilización Mediterránea). 

http://youtu.be/JgdeWUJEPR4