lunes, 16 de febrero de 2015

MI IDEA DE LAS APARICENCIAS


Si lloras fuerte nadie lo sabe. Sólo tú y yo. Mi narcisismo y tu parentilización tampoco nadie lo conoce. Sólo tú y yo. Has dicho que era sólo una broma de la psicología, nada que se ajuste a la realidad. Y mientras me deshacía en llantos por mi infancia traumática tú no entendías nada, nada del perdón y de la obstinación a seguir demandando que me acepten, y ese perdón que me hace comportarme tan bien con los demás y tan retorcidamente mal contigo. Pero volvemos al principio, nadie lo sabe, sólo tú y yo, y guardamos el secreto, el secreto de las apariencias, del mar en calma, nadie oye mis gritos, ni tu desesperación, y todo sigue como nada, y cada vez nos sale mejor la sonrisa, pero dentro todo se convierte en arena, miles de granos que se esparcen y es imposible encontrarlos todos para volverlos a juntar. Y cuando estoy a punto de rendirme, me convences con frases como esta: “ Cuando el amor no es una locura no es amor”. Lo único que temo es volverme realmente loca.


Reflexiones sobre lo que parece y no es en una supuesta pareja. 

jueves, 29 de enero de 2015

ONSEN


En julio cruzamos medio mundo hasta Japón, supongo que tenía ganas de: sushi, zen, manga japonés y de confirmar que mis ideas preconcebidas eran ciertas.

En Japón es costumbre ir a los Onsen, son una especie de baños públicos que tienen una particularidad: el fin no es limpiarse si no relajarse. Te obligan a lavarte primero sentado en un tamborete echándote cubos de agua para luego sumergirte completamente desnudo en las aguas calientes. Dicen que lo de estar desnudo tiene que ver con favorecer la igualdad, despojado de todo, cada uno de nosotros acaba siendo igual al de al lado.

Confieso que entré emocionada en esos baños, hasta que vi diez cara orientales curiosas que observaban mis más que evidentes rasgos occidentales y agachaban la cabeza mostrándome la gran educación que profesan en todo momento.


Igualmente respiré profundamente y  tiré para adelante, encontrándome con toda la piscina para mí, fue un onsen a medias,  pero onsen al fin y al cabo.

El que no lo pasó tan bien fue Mito que se negó a quedarse a solas con una especie de luchador de sumo y lo encontré esperándome con la mandíbula apretada tras veinte minutos de sufrimiento en la antesala (los baños de hombres están separados de los de mujeres) mientras yo le ofrecía una sonrisa airada. 

Mira que lo quiero, pero a veces me hace pensar que le da demasiada importancia al cuerpo, ¡cómo casi todos! lejos de ser una cosa bella a veces parece el causante de nuestra vergüenza ¡y no! ¡no, no! A mí que me condenen pero este cuerpo serrano ¡bajo el prisma de veinte ojos rasgados o no! está firmemente dispuesto a creer que eso del onsen funciona y que bueno, lo del cuerpo, la piel, el color, mis ojos almendrados, es sólo  una cuestión secundaria. Creo que con tanto rechazar nuestro cuerpo dejamos de amarnos y yo para ser fiel a los no propósitos del año, he dicho que os voy a querer, que le voy a querer pero sobretodo que me voy a querer muy MUCHO . AMÉN.

jueves, 22 de enero de 2015

PAN CON CHOCOLATE



Mito dice que merendar pan con chocolate y hacer dieta es incompatible, y  yo digo: ¡qué me quiten lo bailao! Y que tampoco especifiqué la dieta que iba a hacer. Bendito Triptófano ¡Qué sabrá él!

jueves, 15 de enero de 2015

DEVORANDO CALABAZAS


Acabo de conocer a Penélope, soy tan inculta que pensaba que se trataba de una historia acabada de publicar, pero no, la chica es una irremediable mujer moderna de los años  60, que me ha hecho concluir que lo que nos mueve a los seres humanos, siempre es lo mismo,  independientemente de la época.

Y luego están esas calabazas, no entendía porque le había puesto ese título al libro: El devorador de calabazas. No había ningún monstruo en toda la historia comiendo, digo devorando (no quiero ser infiel a la autora) esa hortaliza. Pero las calabazas no sólo sirven para hacer sopas o purés, o para pintarles una dentadura torcida en la recién adquirida tradición de Halloween. Si soy sincera, yo odio la calabaza, me parece insufrible comerme algo de la tierra, que no es una fruta, que sea dulce. Una sopa dulce se convierte en una compota. Pero a lo que iba, a nadie le gusta recibir calabazas irreales, ni en la escuela ni cuando significa otra rotura para nuestro corazón,  y sin embargo (pongamos puntos suspensivos).

¿Por qué Penélope iba a poner ese título?  pues porque creo que algunos somos auténticos devoradores de calabazas, nos encanta, esa extraña resignación, de recibir una y otra vez, esa recreación del dolor, esa insaciable necesidad de marcarse un reto inalcanzable con un estrepitoso final siempre a medias. Calabazas, calabazas y más calabazas, una y otra vez, extraños coleccionistas que cuanto más tortuoso es el rabo más fantástica puede ser la caída y la nueva forma de buscar impulso antes de ir al huerto a por más.

Sinceramente, leer el libro, siento cierta pena por Penélope, e incluso cierta identificación morbosa,  aunque ahora prefiero sólo las calabazas en puré.


Para aclarar de que hablo: Penélope Mortimier escribió un libro que se llama el Devorador de calabazas, en el libro reza la siguiente historia sobre su vida: “ Nació en 1918 en Rhyl. Fue la hija pequeña de un clérigo anglicano que había perdido su fe. Tal era su desapego religioso y su odio por el Cristianismo que solía usar el boletín de la parroquia para, entre otras cosas, celebrar la persecución dela iglesia rusa por parte de los bolcheviques. Penélope confesaría más tarde que también abusó sexualmente de ella. En 1937 se casó, tras un noviazgo de apenas seis semanas, con Charles Dimont, un corresponsal de Reuters con el que tendría dos hijas, incluida la actriz Caroline Mortimer. Tuvo, además, otras dos hijas fuera del matrimonio, fruto de sus relaciones con Kenneth Harrison y con el poeta Randall Swingler, respectivamente. Mientras estaba en cinta de una de sus hijas, Penélope conoció al escritor y abogado John Mortimer, un mujeriego reconocido, con el que se casaría en 1949. Fruto de ese nuevo matrimonio nacería un hijo y una hija. A esas alturas, Penélope era ya madre de seis criaturas de cuatro padres diferentes. Su matrimonio con Mortimer, no obstante, no constituyó un camino de rosas. En 1956, Penélope intentó suicidarse y después empezó a visitar a un psicoanalista freudiano. Cuando eso fracaso, se sometió a un tratamiento electroconvulsivo. A instancias de su médico, había accedido a abortar y esterilizarse después de quedar embarazada por octava vez. El mujeriego John, entretanto, acababa de fecundar a una de sus amantes, la actriz Wendy Craig, una aventura de la que lamentable Penélope tuvo noticia después de su esterilización. Tanto Penélope como su marido, de hecho, tuvieron frecuentes líos extramatrimoniales, que inspiraron la mayor parte de sus novelas de madurez. La pareja se divorciaría en 1971. Penélope moriría de cáncer a los 81 años en Londres”.