lunes 6 de julio de 2009

FELICIDAD INTERMITENTE




Convencer a un hombre de mundo de que algo vale la pena no es nada sencillo, hagas lo que hagas nada será equiparable a la vez que hizo: ala delta, alpinismo, submarinismo en el Caribe, la ruta de los vino por Perú y Chile o su viaje en solitario por Austria y Hungria.

Así que cuando arrastré a Toto hasta Vilafranca del Penedès no confié en exceso en que disfrutaría, pero claro se me olvidó que contaba con dos ases importantes: el vino (los dos somos borrachos sibaritas) y el jazz (esa música que fingimos que nos gusta más de lo que nos llena en realidad).

Una amiga me había dicho que en ese pueblecito habían tenido la brillante idea de hacer un festival dedicado a la cata de vino, donde uno podía disfrutar abiertamente de su consumo y hacerse con una copa de cristal por unos módicos 7 euros, al tiempo que se podía escuchar importantes conciertos de grupos famosos de jazz de forma gratuita y te permitían hacer alguna que otra excursión por el pueblo: visita de la iglesia, del campanario, de la casa de la fiesta mayor o de las cavas.

Mi copa(como siempre el gen torpe) sólo sobrevivió a las segunda consumición, a la tercera se rompió en mil pedazos mientras todo el mundo me miraba pensando que era una borracha empedernida.

Toto se puso a reír, aclaró la suya, y manifestó abiertamente que a partir de ese momento sólo él podría seguir disfrutando del magnífico bouquet de los vinos viejos y acto seguido me lanzó las gotas de agua que quedaban en el fondo de la copa.

Y yo que estoy siempre dispuesta a la venganza, abrí bien la fuente que servía para aclarar copas y lancé un chorro enorme bien lejos con la intención de mojar a Toto que ya se alejaba tranquilamente entre el gentío. Acto seguido el mundo se paró, un viejito con el ceño frunció empezó a despotricar, a refunfuñar y a agitar su bastón y cuando le miré la cara me quise morir, toda el agua que pretendía llegar a Toto adornaba la cara arrugada del anciano que entre quejas dejaba escuchar un claro: "¡maldita borracha!"

Me hice pequeñita, ridícula y desaparecí pidiendo disculpas. En la lejanía "mi caballero andante" que había decidido no tener nada que ver con la riña, se alejaba triunfante. Ya me encargaría yo solita de lidiar con mis problemas.

Para terminar una copa a medias ¡nada que quite más rápido la vergüenza! y un insinuante concierto de jazz, en una plaza abarrotada, limitada por murallas de piedra, con gárgolas colgando de las paredes de la iglesia sin alterar su rostro al ser seducidas por la música del contrabajo, un solo de saxofón, un envidioso piano y nada de letras, sólo un mundo mejor, que se deja ver en momentos escasos, pero que me hacen sentir cuando estoy ahí, que soy feliz.
No siempre es así, ya se sabe que la felicidad no perdura, viene se va, da vueltas, nos esquiva, pero existen momentos como estos, cuando el cielo se vuelve rosado y la luz va bajando tranquilamente (el cielo sabe de grandes momentos), en el que alguien te coge la mano y te hace mirar el mundo con ojos grandes y será por la música, será por el lugar, será por el calor de verano o tal vez sea la compañía pero me río y abrazo la felicidad, y luego pienso: "bueno el lunes ya será otro día, ahora sólo tengo que pensar en disfrutar".
Me encanta ser feliz aunque uno lo sea de forma intermitente.

jueves 2 de julio de 2009

LA SOMBRA DEL ÁRBOL


Uno nunca puede llegar a ningún sitio si no tiene claro lo que quiere, ese es el principal requisito antes de ponerse en movimiento. Conformarse con ir tirando y llegar a donde sea acaba por provocar que uno quede extraviado.

El segundo requisito es que una vez se tienen claros los objetivos hay que ponerse en marcha para conseguirlos. Las hadas madrinas se extinguieron junto a los dinosaurios, así que seria bastante iluso seguir pensando en que aparecerán para conceder tres deseos.

La tercera cosa que uno debe tener en cuenta y que no es un requisito, es que a veces aquello que tanto deseamos acaba por cumplirse y resulta que no nos hace tan felices como esperábamos o que lleva un PERO bien grande, coleteando y moviéndose alegremente para recordarte que no debes quejarte si al fin y al cabo eso era lo que querías.

Parada en el camino, disfrutando de la inmensa sombra de un árbol y aguardando a que las respuestas llegaran desde alguna parte de mi interior. Finalmente tomé aire y recordé mis objetivos.

Un cartel bien grande anunciaba que debería andar unos cuantos kilómetros para llegar al deseo escrito en la madera con letras rojas. No me importó porqué iba con toda la confianza del que empieza algo y sabe que sólo depende de sí mismo.

A escasos metros del deseo apareció un abismo y el abismo me hizo retroceder y así no pude seguir hasta donde yo quería.

Volví desilusionada a la sombra de aquel árbol que tan acogedoramente me había recibido. Estuve parada (uno no tiene que lanzarse a las manos del azar sin que haya una reflexión previa). Y tras pensar y pensar, modifiqué los objetivos, poco a poco, progresivamente y así pude volver a andar ¡cuántas veces hay que caerse para tener energía nueva!

Entonces sucedió lo tercero: cumplí con lo deseado, pero lastimosamente adoptó la forma de ese PERO odioso, y me dejó con una alegría a medias, un poquito de satisfacción y un poquito de insatisfacción. Ya sé sabe que los satisfechos están insatisfechos y los insatisfechos están insatisfechos igual.

Me quedé esta vez en un lago, uno de aguas puras y cristalinas, donde hay quietud y hay calma, pero al que le falta algo, quizás porque no tiene esa bravura del mar que te anuncia que todo es posible, el lago sólo está. Y mientras me remojaba los pies en agua helada, pensé que por ahora las cosas no tienen que cambiar, que como el lago sólo han de estar.

Pronto volveré a la sombra del árbol, me pararé a pensar y entonces podré elegir con calma mi nuevo camino.

lunes 29 de junio de 2009

LA INCREÍBLE HISTORIA DE LAS HERMANAS DE LA CARIDAD


El lunes ha amanecido bien alterado. A las siete de la mañana ya tenía bien abiertos los ojitos mientras Toto me regañaba por haber hecho sonar dos veces la alarma. Soy de esas temibles pesadas que hacen sonar el despertador cada cinco minutos una hora antes de levantarse.
Mientras enfilaba la Ronda del Litoral he ido sintonizando los programas matutinos hasta quedarme con el de cadena Dial que prometía hacer un recorrido histórico hasta 1847 aportando nuevos datos hasta ahora desconocidos por mi siempre dispuesta ignorancia.
Una señora de voz radiofónica y al parecer de edad avanzada empieza a contar las delicias de la orden de las hermanas pajilleras de la caridad. Tratando de descifrar lo que creo haber entendido, la voz dulce de la locutora me confirma las sospechas y empieza a relatar que la orden fue fundada por una tal Esthel Sifuentes, de 45 años , que a parte de monja se dedicaba a labores de enfermería en el hospicio de San Juan de Dios de Málaga.
Resulta que la mujer, tan entregada ella a su profesión, viendo la hostilidad creciente que existía entre los hombres heridos de guerra ( de la guerra de Sucesión o hay quien dice de las guerras carlistas), pensó que una buena manera de liberar la tensión seria mediante este servicio de pajilleras, que claro tuvo una gran acogida y contribuyó a apaciguar los ánimos, al tiempo que se sumaban nuevas voluntarias para tan entregada labor.
El caso es que después de las hermanas pajilleras de la caridad, surgieron el cuerpo de pajilleras de la reina, las pajilleras del Socorro de Huelva, las esclavas de la pajilla del corazón de María y las pajilleras de la Pasionaria.
El éxito fue rotundo y así otros países como México o Brasil también adoptaron tan sana costumbre, eso sí para guardar el pudor de la dama, ésta se vestía con una túnica que no dejara ver ningún contorno femenino y un velo que guardara su intimidad.
Al final, una lee estas cosas y le entra la risa, la iglesia tan moderna ella en 1847 y tan arcaica en 2009, como siempre el mundo anda loco.

viernes 26 de junio de 2009

LA EXTINCIÓN DEL ÚLTIMO PETER PAN


Tarde o temprano tenía que suceder, demasiados excesos y excentricidades que le ponían los pelos de punta a cualquiera, y esa cara desencajada que se había convertido en una especie de goma y que mostraba claramente el estado de su alma.
No por maldad, como le sucedía a Madame de Merteuil en las Amistades Peligrosas al ser infectada por el virus de la viruela, sino por desequilibrio, desasosiego y miedo, un miedo terrible a crecer y a dejar que la vida siga su curso normal.
Como mujer que antes fue niña, puedo mirar con añoranza los días felices de la infancia y su inocencia, pero han sido los años los que me han ido permitiendo saborear cada uno de los periodos por los que voy pasando, y supongo que no lo cambio por nada, cada espacio tiene sus ventajas.
El rey del pop ha muerto, y quizás con él el último Peter Pan. Consumido por su propio síndrome dejó de aceptarse a sí mismo, de quererse. La lucha que uno inicia contra su persona es la que tiene peor desenlace ¿cómo me voy a mirar a la cara si no me soporto? ¿si no siento mis manos como mías? ¿mi piel? ¿mis ojos?...
De tanto que fue: una estrella brillante y cegadora, acabó convertido en un cometa condenado a desaparecer a media que su cola se iba apagando mientras surcaba el firmamento. El rey perdió su corona, ahora es sólo un trozo de hojalata olvidado en algún rincón de Neverland.
No me quedo sólo con lo bueno, porque de nada me vale contar sólo con una parte de la balanza cuando alguien se ha ido, esa es una de las cosas que no soporto de nuestra ironía "lo bueno que era cuando se murió", pero no puedo negar, que sobretodo Michael Jackson fue espectáculo.
Veo las imagenes es de aquel niño de 6 años adorable, que cantaba, que bailaba y desearía que jamás se hubiera perdido en el camino, los valientes, los que crecen, los que maduran, sí saben luchar contra su destino.