martes, 21 de febrero de 2017

AMOR IMPULSIVO


¿Por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo?¿O era al revés? ¿Cuál es más irracional el sexo o el amor? ¿El amor se convierte en apego? ¿El apego se convierte en amor? ¿El sexo se convierte en amor? Pero amor no se convierte en sexo ¿O sí?. Helen Fisher me ha dado que pensar al hablar del amor en términos de impulso, un impulso dice, mucho más poderoso que el sexo porque: “si le pides a alguien que se vaya contigo a la cama y te rechaza, no entras en una depresión; ni te suicidas, ni matas a nadie; pero la gente sufre terriblemente, y puede hacer estas cosas tras la ruptura de una relación romántica.” 

martes, 14 de febrero de 2017

VESTIDOS A MEDIDA


A veces idealizas a las personas, les pones cualidades que deseas que tengan sólo porque es conveniente para ti, porque así encaja en la perspectiva de un mundo que has creado capaz de arrapársete bien, como si una modista te hubiera hecho un vestido respetando cada una de tus medidas.  Un vestido tan fantástico que no te lo piensas quitar nunca. Lamentablemente las personas son independientes a nuestros pensamientos.

Suelo ser así de injusta con Mito, creo que he dejado bastante claro la paciencia que acumula conmigo y lo difícil que puedo resultar a veces cuando deseo que me lea el pensamiento y haga exactamente lo que yo quiero, y olvido valorar lo que no pido pero hace igualmente. Tengo suerte. El otro día me enfade porque no quiso bailar conmigo, yo descalza en el parquet y él mirándome desde la puerta, le cogí de los brazos y le hice menearse y él medio mirándome medio mirando el móvil a penas se movió dos pasos, y la conclusión que saqué es que no quería hacer nada romántico, una catastrófica conclusión sin sentido. Luego vinieron los reproches y su invitación a mi racionalidad.

Pero vamos al hecho del principio sobre nuestro mundo y las personas, Angustias que estaba loca por tener amor, llevaba semanas relatándome los encuentros sin más con un compañero de trabajo, cuando algo nos gusta somos muy incisos con los detalles: “la forma en que me dijo que le pusiera la amiadorona significa algo, preguntó quién había de enfermera y cuando se enteró que estaba yo sonrió de una forma especial, lo vi mirándome desde el pasillo sé que le gusto…” y luego esa retahíla de fantásticas características de hombre perfecto inexistente: “ es tan guapo, tan simpático, tan amable…creo que es mi hombre ideal…” y yo como amiga escuchaba tejer los hilos de la costura de ese vestido que se había hecho a medida. Pero claro, luego llega el día en que ganas unos kilillos y el vestido no te encaja, y peor aún empiezas a notar que no te gusta. El tal hombre perfecto le pegó una bronca descomunal a Angustias por algo que ni siquiera era culpa suya, es evidente que si a alguien le gustas no querrá herirte ni tratarte mal. El vestido acabó de estallar y se quedó inservible incluso para hacer trapos de cocina, cuando aún esperanzada en que probablemente había sido un mal día e igualmente él sentía algo por ella, tras una conversación banal sobre el fin de semana él explicó como su novio (entrenador personal) le había puesto a dieta y ejercicio.

Puede que suene a historia boba, puede que forme parte de las relaciones, el amor, del espíritu san valentinero de hoy, o lo que sea, pero lo cierto es que el mundo sigue dependiendo de nuestro cristal personal, de cómo miramos, interpretamos e incluso soñamos que son las cosas, y así, a veces, ser feliz o infeliz es realmente fácil.


martes, 7 de febrero de 2017

HOY ESTÁS RADIANTE


A veces las cosas no son de otro planeta son mucho más terrenales. En ese momento me enfado conmigo misma y lo único que desearía es vivir en una realidad paralela, invento fantasías, mundos aparte en que las cosas son fáciles, sencillas y todo fluye.

Me pregunto si soy como esa señora que visitaba esta mañana, a veces se enfada conmigo cuando ve que miro con impaciencia el reloj después de estar allí más de media hora, no entiende que no es la única a la que atender, que voy con prisas, que entiendo su soledad pero no me puedo convertir en una amiga de tardes de conversaciones o de mediodías de intercambios de palabras.

No hace mucho me dijo: “ya te lo encontrarás, ya veo que tú eres de esas que abandonas a sus mayores, pero te harán lo mismo, ya veo que no quieres escucharme, vete, vete.”, y todo eso con tanta rabia, que me hizo preguntarme porque tenía que soportar ese tipo de reacciones, ella no me conoce, probablemente yo tengo mucho más  información de su vida: sé lo que come, como respira, duerme e incluso aunque suene extraño como y cuando va al lavabo. Y también conozco el lado más profundo, sus relaciones y su depresión crónica.

Hoy me ha abierto la puerta con una sonrisa, tenía uno de esos días buenos, me ha dicho: “por fin está aquí la niña.” Niña de casi 40 años he pensado, pero dejemos que a los 90 me sigan viendo juvenil. Luego zalamera me ha dicho que estaba guapa, antes de entretenerme con más de media hora de conversación vacía. Ella misma se sincera y reconoce que si me hubiera abierto la puerta ayer, la cosa hubiera sido distinta, un péndulo en su cerebro insistía en ir de un lado para otro haciéndole sentir una ansiedad que conoce, conoce profundamente, supongo que en esos momentos lo que se manifiesta es la rabia. Casi se me echa llorar en el portal  mientras trataba de despedirme, y aun así, hoy me ha dado las gracias, hoy no era día de enfadarse conmigo, si no de quererme.


Pues así debo ser yo: días de gloria y de pena, los de pena los empiezo a disimular cada vez más, los de gloria parecen ser los que siempre se manifiestan. Pero cuando vuelve esa pena me siento extraña, muy extraña, incapaz de pensar, de razonar, de pensar, de valorar lo que tengo y por suerte, por mucha suerte, es un ratito, justo el ratito en que abro los ojos, vuelve otro día y siento diferente. Aunque ella no lo crea, la entiendo mucho más de lo que piensa. 

martes, 31 de enero de 2017

ADRENALINA


Mi defecto profesional sólo puede pensar en Adrenalina en términos de parada cardíaca, sin embargo, siempre me ha sorprendido ese tipo de personas que arriesgan su vida para conseguirla de forma más natural.

Mito y yo estuvimos en Niagara en octubre, no son las cascadas más altas del mundo, pero sí de las más caudalosas, como si millones de bañeras estuvieran volcando su agua a la vez.  Mientras yo pensaba en la película de Marilyn Monroe, en la que ella planea asesinar a su marido con la ayuda de su amante justo en aquel lugar, la lluvia torrencial y el cielo gris hacían que las cascadas aún fueran más impresionantes, diría que sentía cierto pavor. Por eso me sorprendía que durante tanto tiempo, gente diversa hubiera intentado batir records lanzándose por aquel camino de agua, que impactaba con fuerza sobre la superficie y levantaba espuma embravecida que parecía engullir y no dejaba ver el fondo. Algunos había tenido éxito, como una profesora viuda metida en un barril que había salido ilesa de la caída, pero otros tantos habían muerto, y es curioso, pero la vieja frase: “lo único que no tiene remedio en la vida es la muerte”, cobraba un significado aterrador.

Luego empecé a ver documentales de Werner Herzog y la vulcanología me llevo a saber de Maurice y Katia Krafft, dos vulcanólogos casados y  famosos por ser capaces de fotografiar y filmar volcanes en erupción a escasos 30 cm de la lava hirviendo. Los dos murieron, un día, sin más, en el monte Unzen en Japón, cuando un flujo piroclástico los atrapó, Maurice había dicho: “Nunca tengo miedo porque he visto tantas erupciones en 23 años que aunque mañana muera, no me importaría.”

Tal vez Maurice tuvo mucho tiempo de disfrutar y murió haciendo algo que le gustaba pero que era sumamente arriesgado, tal vez se trata sólo de “pulverizar nuestros límites” como reza una famosa bebida energética, pero yo amo la vida y no acepto arriesgarla, perderla, morir por el Everest, gracias a los que sí lo hicieron el hombre se demuestra cada día que es capaz de casi todo, sin embargo, tal vez sea moral cristiana, impregnada sin querer en la infancia, la que me vuelve rabiosa y me hace no entender a quién quiere arriesgarse a perder la vida.