jueves, 22 de enero de 2015

PAN CON CHOCOLATE



Mito dice que merendar pan con chocolate y hacer dieta es incompatible, y  yo digo: ¡qué me quiten lo bailao! Y que tampoco especifiqué la dieta que iba a hacer. Bendito Triptófano ¡Qué sabrá él!

jueves, 15 de enero de 2015

DEVORANDO CALABAZAS


Acabo de conocer a Penélope, soy tan inculta que pensaba que se trataba de una historia acabada de publicar, pero no, la chica es una irremediable mujer moderna de los años  60, que me ha hecho concluir que lo que nos mueve a los seres humanos, siempre es lo mismo,  independientemente de la época.

Y luego están esas calabazas, no entendía porque le había puesto ese título al libro: El devorador de calabazas. No había ningún monstruo en toda la historia comiendo, digo devorando (no quiero ser infiel a la autora) esa hortaliza. Pero las calabazas no sólo sirven para hacer sopas o purés, o para pintarles una dentadura torcida en la recién adquirida tradición de Halloween. Si soy sincera, yo odio la calabaza, me parece insufrible comerme algo de la tierra, que no es una fruta, que sea dulce. Una sopa dulce se convierte en una compota. Pero a lo que iba, a nadie le gusta recibir calabazas irreales, ni en la escuela ni cuando significa otra rotura para nuestro corazón,  y sin embargo (pongamos puntos suspensivos).

¿Por qué Penélope iba a poner ese título?  pues porque creo que algunos somos auténticos devoradores de calabazas, nos encanta, esa extraña resignación, de recibir una y otra vez, esa recreación del dolor, esa insaciable necesidad de marcarse un reto inalcanzable con un estrepitoso final siempre a medias. Calabazas, calabazas y más calabazas, una y otra vez, extraños coleccionistas que cuanto más tortuoso es el rabo más fantástica puede ser la caída y la nueva forma de buscar impulso antes de ir al huerto a por más.

Sinceramente, leer el libro, siento cierta pena por Penélope, e incluso cierta identificación morbosa,  aunque ahora prefiero sólo las calabazas en puré.


Para aclarar de que hablo: Penélope Mortimier escribió un libro que se llama el Devorador de calabazas, en el libro reza la siguiente historia sobre su vida: “ Nació en 1918 en Rhyl. Fue la hija pequeña de un clérigo anglicano que había perdido su fe. Tal era su desapego religioso y su odio por el Cristianismo que solía usar el boletín de la parroquia para, entre otras cosas, celebrar la persecución dela iglesia rusa por parte de los bolcheviques. Penélope confesaría más tarde que también abusó sexualmente de ella. En 1937 se casó, tras un noviazgo de apenas seis semanas, con Charles Dimont, un corresponsal de Reuters con el que tendría dos hijas, incluida la actriz Caroline Mortimer. Tuvo, además, otras dos hijas fuera del matrimonio, fruto de sus relaciones con Kenneth Harrison y con el poeta Randall Swingler, respectivamente. Mientras estaba en cinta de una de sus hijas, Penélope conoció al escritor y abogado John Mortimer, un mujeriego reconocido, con el que se casaría en 1949. Fruto de ese nuevo matrimonio nacería un hijo y una hija. A esas alturas, Penélope era ya madre de seis criaturas de cuatro padres diferentes. Su matrimonio con Mortimer, no obstante, no constituyó un camino de rosas. En 1956, Penélope intentó suicidarse y después empezó a visitar a un psicoanalista freudiano. Cuando eso fracaso, se sometió a un tratamiento electroconvulsivo. A instancias de su médico, había accedido a abortar y esterilizarse después de quedar embarazada por octava vez. El mujeriego John, entretanto, acababa de fecundar a una de sus amantes, la actriz Wendy Craig, una aventura de la que lamentable Penélope tuvo noticia después de su esterilización. Tanto Penélope como su marido, de hecho, tuvieron frecuentes líos extramatrimoniales, que inspiraron la mayor parte de sus novelas de madurez. La pareja se divorciaría en 1971. Penélope moriría de cáncer a los 81 años en Londres”.

jueves, 8 de enero de 2015

LA FABULOSA HISTORIA DE EDIPO


¿Recuerdan el síndrome de Edipo? Era esa asquerosa teoría que promulgaba Freud para pronosticar como seria nuestra vida adulta. Una competencia inaudita de los hijos hacía los padres, dispuestos a romper el amor de pareja y establecer un peligroso triángulo amoroso. La hija estaba enamorada del padre, y el hijo de la madre,  hasta que se hacían lo suficientemente conscientes de que la sociedad jamás lo permitirían y entonces todos esos sentimientos románticos quedaban enterrados en los más profundo de su ser. A veces me parece ver síndromes de Edipo demasiado cerca, como una extraña manera de entender la realidad, sin nada carnal de por medio, evidentemente, pero tan raro, tan sorprendente, que me muerdo la lengua pensando que yo a mi padre siempre lo he tenido distante, será por eso que durante un tiempo me dedique a tratar de alcanzar hombres inalcanzables, ya se sabe, buscamos el amor que no nos dan.

A veces observo demasiado, y pienso que debería mirar a otro lado, pero veo sus manos inquietas que buscan continuamente afecto, alargando los brazos, esperando que alguien la coja, si no encuentra, retuerce la sábana o araña un poco el brazo del sofá , y luego coge el anillo, ¡mi anillo de compromiso! se lo pone en el dedo, lo observa, lleva mi nombre grabado no en el suyo, y se sienta en sus rodillas y él le dice: “mi vida”, y yo no entiendo nada, no sé si son celos, celos de que el amor no sea exclusivo para mí, aunque sepa que hablamos de amores diferentes, pero tengo presente a Edipo y me duele no ser yo: su vida, su única vida, aunque quien lo lea dirá que la competencia es estúpida, que nada es comparable y que considerar a alguien tu vida es concederle demasiado valor.


Sé que a ella le ha faltado cariño, pero el mío no lo quiero compartir, no de esa manera, no es él el que tiene que cogerle la mano, ni dejarle su anillo, no, él la querrá de otra manera, le dirá: “te quiero, mama” pero mi vida, mi vida no, y yo misma me sumerjo en un pozo de amargura, ese es el problema de sentir tanto, siempre llevas los sentimientos al extremo, o más  bien tendría que decir,  que no consigo dejar de ser egoísta, aunque lo de Edipo no fue ninguna tontería y a veces me parece estar como Freud viendo lo que sucede en el diván.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

ADIÓS 2014, ADIÓS


¡Nada de balances! ¡Sólo propósitos que me guardo y algunas frases que removieron mi conciencia!:

Aléjate de toda cosa o toda persona que te aleja de tu felicidad. La vida es demasiado corta para perder el tiempo rodeándote de tontos.”

la vida es corta, vívela. El amor es raro, agárralo. La rabia es mala, sácala. El miedo es horrible, encáralo. Los recuerdos son dulces, aprécialos.”

“Las cosas buenas les suceden a aquellos que esperan …las cosas grandes les suceden a los que mueven su culo y hacen todo lo posible para que pasen.”

“la tragedia de la vida no es no conseguir tus objetivos. La tragedia de la vida es no tener objetivos que alcanzar.” Benjamin Mays

“Empieza haciendo lo que es necesario, luego lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible.”  Francisco de Asis.

Y la más importante: “¿Tiene ya todo el mundo su propósito de año nuevo? Yo tengo el mío, ¡no cambiar nunca por nadie!”  bravo Sara Dalton.

También quiero recordar a alguien que ya nos ha dejado pero que a su manera luchó por sus sueños: “ Tú tiempo es limitado, no lo malgastes viviendo la vida de otro.  No te dejes atrapar por los dogmas, que predican un tipo de vida fruto del pensamiento de otras personas. No dejes que el ruido de la opinión de otros apague tu propia voz. Y lo más importante, ten el coraje de seguir tu corazón y tu intuición, ellos son los únicos que realmente saben lo que realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.” Steve Jobs.

Y de un Steve a otro Steve (Steve Marboli), después de un diciembre negro: “En ocasiones la vida nos golpea en el culo y nos dice: ¡vamos, levanta! La felicidad no es la ausencia de problemas, es la habilidad de enfrentarte a ellos “.


Feliz 2015 a todo el mundo: con ilusión, con determinación y con la idea de que todo es posible.