viernes, 2 de diciembre de 2016

YO TAMBIÉN QUIERO SEXO

Jo també vull sexe! (DOCUMENTAL COMPLETO EN ESTE ENLACE)




El ser humano es altamente complejo, compuesto de pequeñas partes de articulación

divina (por ser algo que se sale de lo convencional) y en la que algunas de
esas partes aparecen ocultas para uno mismo sin entender su influencia sobre
otras. Dicho esto, no quería hablar de misterios, sino de una de las facetas
importantes de nuestra vida: la sexualidad.  


Mito y yo vimos este reportaje hace muy poco, del programa “Sense ficció” (sin

ficción) titulado: “Jo també vull sexe!” (Yo también quiero sexo). Hablaba de
personas con diversas discapacidades, perdón, creo que el término correcto que
ahora se usa es: diversidad funcional, lo que me recuerda como jugamos con las
palabras para que suenen menos ofensivas aunque signifiquen lo mismo.


Estas personas reclamaban su derecho a tener sexo y las dificultades para

conseguirlo. Estoy de acuerdo en que todos nos queremos sentir amados, todos
tenemos derecho a sentir placer, a gozar, a disfrutar. Sin embargo, se creó una
extraña ambivalencia en mí y un cierto rechazo, que no sé si es lícito o no,
por lo que necesito muchas opiniones contrapuestas al respecto. En el
documental aparecían personas con parálisis cerebral y se explicaba como muchas
veces, en el caso de los hombres, tienen erecciones, que hay madres-padres que
se ven obligados a “aliviar” a sus hijos con la consecuente culpa que eso les
genera. Perdonad que me horrorice. Así que se ha creado la figura de las
asistentas sexuales, personas que satisfacen esa necesidad a cambio de dinero,
otra ambivalencia, no por lo que hagan con su cuerpo en eso cada uno es libre,
si no por el esfuerzo durante todo el documental de justificar que lo suyo está
muy alejado de la prostitución aunque cobren igual a cambio de sexo, y no haya
ninguna relación personal a posteriori, el peso lo ponen en la obra social que
realizan, y a mí perdónenme pero es que me parece lo mismo.


Por último, mi última contradicción. Reclamaban que esa figura fuera financiada por la

Seguridad Social. No estoy de acuerdo, si se trata de prioridades, me parece
que esta no está a la cabeza, incluso tengo mis dudas serias de que deba ser
así.

Creo que hay mucho debate, mucha reflexión, mucha necesidad de poner en orden mis

ideas, lo único que tengo claro, es el derecho a tener sexo, y menos claro

cuales han de ser los medios para tenerlo. 

martes, 29 de noviembre de 2016

LA FRAGILIDAD DEL SER


A veces las cosas explotan sin más, no hay nada que suceda realmente pero una casualidad te lleva a otra y a otra y al final, parece que esas normas no escritas que la gente llama casualidades, en realidad actúan de forma invisible, como si fueran un reto, algo por lo que atreverse, algo por lo que recapacitar, algo en lo que parece que lo único prudente es seguir firme en la misma decisión y esperar, esperar pacientemente, a que el tiempo pase y todo se vuelva a equilibrar.

Así me he sentido durante dos días, intentando leer señales que parecían querer darme un mensaje, una conversación que me traslada a hechos que en parte había olvidado, que en parte se reproducen, una llamada a la calma, a replantear el motivo por el cuál he llegado a este punto.

A Doctorcita, y es un nombre muy cursi y que no me gusta, la conozco hace muy poco, pero a través de una conversación estúpida empezamos a tirar del hilo, y el hilo tenía varios nudos bien atados que se extendían a través de una enorme red, sí la vieja frase de que el mundo es un pañuelo, y al deshacer los hilos parece que nos hemos hecho medio amigas, porque resulta que la conozco mucho más de lo que pensaba.

Y me ha parecido simplemente curioso: las casualidades, la leve inestabilidad al acordarme de muchas cosas, la vuelta a la calma…la sensación de que nada puede cambiar, nada, si mantienes la mente fría y el corazón sereno. 

El mundo es simplemente una realidad emocional. Primero vi la tormenta y luego el oasis.  Y al final me río de mí misma por dar importancia a cosas que no tienen ninguna, me lo dicen los ojos verdes donde me miro.

Curiosa fragilidad del ser en que ni siquiera un hecho, puede ser una palabra, un objeto…lo pueden llevar a extraños caminos en los que el corazón palpita nervioso y no sabe definir la causa.



miércoles, 23 de noviembre de 2016

DONDE SOLÍAMOS GRITAR



Desde que mi tía murió pienso mucho en ella, sé que le hubiera encantado estar en mi boda, que me hubiera organizado la ceremonia y yo a regañadientes hubiera tenido que aceptar porque era mi madrina. Desde que no está,  pienso en lo dramática que es la muerte, no porque me aterre si no porque arrebata las cosas  cuando más confiada está una de que, esas mismas cosas,  no van a cambiar.

La enfermedad se ha convertido en una constante en los últimos años en mi familia y todas ligadas con el cáncer, y eso me ha creado la idea que si un día ellimón me toca a mí, no voy a querer hacer ningún tratamiento si se trata de una medida paliativa, que enfrentaré los días lo mejor que pueda y luego se acabó.

Mi padre ya lo tiene claro, se ha pasado más de un mes ingresado en un hospital por culpa de uno de esos tratamientos que casi lo matan  por la aparición de una complicación de tipo infeccioso. Si no hubiera sido fuerte creo que el desenlace hubiera sido totalmente distinto. Y ahora me mira a los ojos y me dice que no está dispuesto a más tratamientos, y yo qué le digo, yo no le digo nada, sólo que descontamos segundos juntos.

La doctorcita (otro día hablaré de ella con más calma) y yo atravesamos el campo buscando una casa que no encontramos donde vamos a ver a uno de nuestros pacientes. Es mediodía y estamos fatigadas después de tantas visitas, a lo lejos se ve una casa enorme. Yo corro con los tacones mientras las púas de los cardos se me enganchan a las piernas mientras cargo con el maletín y el material de exploración, me he quitado el pijama para salir a la calle y debo tener una pinta muy extraña.

Cuando por fin alcanzamos la casa, hacemos sonar el timbre que con un sonido ronco parece romper la quietud de esa casa en medio del campo. Doctorcita refunfuña y yo repaso mentalmente que debemos conocer de la paciente.

Una mujer mayor encorvada se acerca a la verja y nos sonríe, abraza a Doctorcita porque ya hace tiempo que se conocen, a mí no me ponía cara, las enfermeras somos bastante invisibles para la sociedad, le sonrió y deja que pasemos a sentarnos en su salón recargado de fotos.

Repasamos su historia, una infección reciente con un ingreso y una sorpresa en forma de patata en uno de los pechos que ya tiene metástasis. La mujer ni se inmuta, al revés, deja soltar una risilla sarcástica para demostrar que está de vuelta y hacer notar que no hemos descubierto nada nuevo, ella lo sabía hace tiempo y entonces se sincera, sabe de años que el tumor está allí pero ha guardado fieramente su secreto para no molestar y para que no la molesten, si no la hubieran ingresado nadie lo hubiera descubierto,  el tumor es suyo y ha decidido que no quiere hacer nada, sólo que la mate lentamente, considera que ha vivido lo suficiente y que le ha llegado la oportunidad de no ser una carga, ella ya ha puesto sus propios remedios para calmar el dolor y nosotras, nosotras, no tenemos absolutamente nada que decir.


Salimos de la casa y vuelvo a correr a través del campo, pero esta vez por otro motivo, esta vez pensando en la valentía, en la valentía que quiero para mí, en lo de acuerdo que estoy con ella, y en que ahora mismo lo único que quiero es vivir, vivir pensando en los días, no pasándolos, contándolos y descontándolos en un calendario, vivir estando viva, y vuelvo a pensar en mi tía y sé que sufrió, mucho, muchísimos y me regaño por haber querido salvarla sin que hubiera solución y quiero gritar, gritar al vacío y que toda la rabia que ahora siento salga y se pierda por el precipicio. 

lunes, 21 de noviembre de 2016

VOLVER






Volver….y me viene a la mente continuar la frase “con la frente marchita, las nieves del tiempo blanquearon mi sien “y sentir que “es un soplo la vida, que veinte años no es nada”.
No han pasado veinte años desde la última vez que escribí, pero todo ha sido tan rápido y tan intenso que por momentos me siento vieja, vieja de espíritu, gastado por las batallas, pesado en su proporción, pero aún dispuesta a seguir aprendiendo y creciendo. 

No sé por qué he perdido ciertas buenas costumbres, dejar de acudir aquí, a mi rincón favorito, al que en un acto sorprendente, me devuelve una visión totalmente distinta del mundo.
Vamos tan acelerados, que la pausa para reflexionar y pensar ha dejado que gane la vez el impulso instintivo de “sea lo que sea”. Y así voy sumando días, pasando horas, buscando sin hallarme, temblando cuando miro hacia dentro, “con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez, tengo miedo al pasado que vuelve…”, y ni siquiera sé confesar por qué. 

Mito y yo estamos en nuestra propia caverna, somos distintos pero iguales, hemos decorado todo con flores y se ve la luz entrando a raudales, pero a veces me echo de menos, echo de menos a alguien que fui, a alguien que sigue en mí, pero que sólo es capaz de salir a través de las letras, alguien que quiere VOLVER.