martes, 16 de febrero de 2016

CADENAS QUE SÍ/NO QUEREMOS ROMPER


"Nos conocimos hace muchos años ya. Demasiados. Al principio he de reconocer que me dabas miedo, de hecho, mis primeros contactos contigo fueron muy tímidos y con un cierto sentimiento de estar haciendo algo prohibido. Poco a poco fuimos estrechando nuestra relación hasta volvernos inseparables. Hemos vivido muchos momentos juntos, más de la mitad de mi vida la he compartido contigo. Has estado presente en los acontecimientos más importantes, y cuando has faltado, te he buscado desesperadamente. Pero creo que ha llegado el momento de decirnos adiós. Por una parte con tristeza, sé que me va a costar rehacer mi vida sin ti: Tomar un simple café sin tu compañía, buscarte en los malos momentos, disfrutar de una buena comida sin tu presencia, tomar una cerveza y no tenerte entre las manos, salir del trabajo, tras varias horas sin verte, y prescindir de ti.
Pero me he dado cuenta de que tu "amistad" conlleva muchos peligros, quizás los años me han dado la madurez y las perspectiva necesaria para ser consciente de esos peligros que antes relativizaba. Así que a partir de ahora, porque quiero disfrutar de quienes me quieren muchos años y que ellos disfruten de mí, tengo que decirte adiós y espero que para siempre.”
Reflexionaba sobre estas palabras con ojos como platos, convencida de que algún amante de aquellos que no merece la pena encontrar se habían cruzado en la vida de aquella pobre mujer, a la que leyendo las frases se le atragantaban los sonidos y necesitaba hacer pausas para convencerse de que la decisión era firme. Incluso yo misma notaba los ojos empapados por el sentimiento que parecía desprenderse de semejante despedida. La realidad era otra, un amor más letal, pero sin cuerpo ni personalidad.

Me llevé las manos a la ropa y acaricié mi tarjeta identificativa, el uniforme me demostraba que el contexto no hablaba de desamores, o tal vez sí, la gestora del grupo lo había llamado un mal amigo, algunos habían pasado con él más años que con sus parejas y parecía que la tristeza les inundaba al ver que se acababa. Aprendemos a darle un valor irrenunciable a cosas que son capaces de perjudicarnos y creemos que la felicidad no es posible fuera de ellas. Pensaréis que exagero pero los discursos de aquel grupo y sus creencias me confirmaron que era así: consideraban que no fumar era aburrido, como sí los no fumadores estuvieran condenados a la más terrible de las tristezas. El tabaco incapaz de hacer nada por sí mismo, se había convertido en el eje de sus vidas hasta el punto de escribirle una carta de despedida en la que estallaban sentimientos que se podrían equiparar al duelo por alguien muy querido. Respeto las adiciones de cada uno, pero me sorprenden las excusas elaboradas que creamos para justificarnos, y esas necesititis que Santandreu tanto subraya, necesititis que sin quererlo a veces nos llevan al abismo. 

miércoles, 3 de febrero de 2016

LA NOVELA CON MÁS AUDIENCIA DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

Visto el panorama político sólo me queda el humor (el humor del Jueves para ser más concreta), esto promete, promete y mucho.




En efecto, la marmota Phil, augura 6 semanas más de desgobierno en España.


El Jueves lo tiene claro, estos son los que van a gobernar España.




viernes, 29 de enero de 2016

HECHOS INCONEXOS


La noticia no es de hoy, si no del principio de la semana, pero me ha resultado cuanto menos curiosa.

No la conocía o tal vez sí, al fin y al cabo, intercambiamos el mismo espacio físico y el mismo aire al respirar, aunque ella ni siquiera se diera cuenta de mi presencia y yo no pudiera evitar mirar las fotos horripilantes de sus carteles con niños deformados y me dijera a mí misma cómo una gallega había podido acabar en aquella parte del mundo, resignada a librar una batalla silenciosa como Gandhi, con poco efecto, pero con una presencia que removía conciencias.  Seguramente su gorro contra rayos electromagnéticos la hacía inmune a todo. Al menos, a todas las conspiraciones que pudieran venir desde la Casa Blanca,  conspiraciones que su mente había ido dibujando y sospechando durante años, igual que cuando le quitaron la custodia de su hija.

Y de repente ya no está, Conchita Picciotto un buen día dejó de estar parada delante de la casa presidencial vendiendo piedras de la paz y agitando carteles contra el “no a la guerra”. Yo en aquellos años también tenía una mente turbulenta, Washington se había convertido en el último sueño de una mujer que pretendía ser romántica, probablemente también ya más cerca de la paranoia y del insano juicio que nos provoca la falta de experiencia. Paseando junto alguien con el cual existía ya más distancia que otra cosa, pero agarrada a la esperanza de que él dejara que la historia empezará de nuevo, tan perfecta como yo quería que fuera. Y sabéis qué, que como Conchita tampoco está, ni tampoco estaba, las dos vivíamos en un sueño poco real, las dos habíamos decidido que la intemperie nos fuera marcando la cara, de formas distintas, ella más físicamente, y yo más mental, pero ahí estábamos intentando provocar un cambio, el cumplimiento de un deseo, el suyo por si no ha quedado claro, primero fue recuperar a su hija, luego que pararan las guerras. El mío abandonó esa lucha hace tiempo, entendiendo que hay causas más importantes y respetando que a ella le diera todo el sentido a su vida.

He intentado recuperar aquel momento, aquella foto que le hice a Conchita desde la distancia, intrigada por sus diminutas formas y la santa paciencia, y lo extraño, es que han desaparecido los recuerdos de aquel viaje, de aquel desencuentro que me hizo abrir tanto los ojos. No recuerdo si borré las fotografías, sólo que la desaparición de Conchita me ha recordado, que desde aquel día, jamás he vuelto a perder el tiempo, y que ahora si llueve me pongo a cobijo.

A veces hechos inconexos provocan estallidos en tu mente.


jueves, 28 de enero de 2016

LAS COSAS QUE NO ME DIRÍAS SI NO TE HUBIERAS EQUIVOCADO


La tecnología lo ha cambiado todo, venga a maldecir el corrector que se empeña en cambiarme las palabras y en hacer ininteligibles mis frases y hoy me ha dado un vuelco el corazón.

Angustiasy yo íbamos a quedar y como siempre pretendíamos fijar nuestro punto de encuentro en esa plaza de terrazas en que la gente comparte largas charlas a los pies del Ayuntamiento.

Tecleaba “nos vemos en la plaza de la Vila”(para los no catalanes, es el equivalente a la plaza del pueblo), y hubiera contestado con un simple icono de dedo levantado, si no hubiera releído la frase: “Nos vemos en la plaza de la vida”.

Pues sí, ahí nos encontramos siempre desde el día que nos cruzamos, quien sabe si para verme reflejada y aprender, para enseñarte, o para ambas cosas.  


La plaza de la vida con los bancos de los encuentros y las palomas de las idas y venidas, las farolas que te alumbran el camino y esos sentimientos que van volando a medida que sopla suave un viento que te impulsa porque parece salir del corazón. Ahora sólo puedo decir: ¡bendito corrector! Sabía muy bien lo que decía.