martes 3 de noviembre de 2009

BIENVENIDOS A LA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE MI VIDA


(Explicación de ME QUIERO, TE QUIERO)

No he mentido ni un poquito al decir que andaba ajustando piezas: ajustando piezas con Toto, ajustando piezas con mi padre, ajustando piezas con Tico, ajustando piezas en mi nuevo trabajo y ajustando piezas en mi vida en general.
Hace dos años huí de casa con la intención de reencontrarme a mí misma y de recuperar ese pedacito que se había perdido en el camino y que hacía que tantas veces me sintiera triste, que mirara el futuro y sólo viera una interrogante enorme y una señal de stop perpetua. Sin quererlo me encontré en un lugar, más sola que al principio y sin sentirme a gusto. Rebusqué en mi interior y me dije que merecía un esfuerzo de mi parte volver a encontrar lo que yo había sido y dejar mi disfraz de sombra guardado en el armario.
Decidí dar un paso atrás, ya que dos años había sido un tiempo prudente para tratar de cumplir un objetivo incumplido y anuncié que volvería a casa, que me dejaría abrazar otra vez por los míos, dejarme mantenerme, alimentarme, cuidarme, quererme y olvidarme que las cosas allí fuera seguían teñidas de un hollín que te tiznaba también las manos y la cara.
Pero la sabiduría de mi madre (y sé que todos ya empezáis a quererla un poquito), me escucho paciente y no dijo nada, ni una sola palabra, hasta que al día siguiente me llamó: “hija, ya te he encontrado un piso, ves a verlo, seguro que te gusta, es mucho más barato y en un lugar mucho más bonito”. Esa no era mi intención, pero por no discutir accedí a sus caprichos que en realidad eran los míos.
Me despierto acariciada por un tenue rayo de luz y recuerdo donde estoy. Miro las paredes inmaculadas y piso el suelo de mármol frío mientras a tientas mis pies buscan las zapatillas cálidas que se han escondido debajo de la cama. Mi oído se agudiza las campanas de la iglesia repiquetean con alegría al tiempo que los pájaros levantan el vuelo por encima de esos árboles que descansan a los pies de mi balcón. Deshago una de las cajas donde pone platos y vasos, rebusco en el fondo la cafetera, dejo que el comedor se llene con el aroma de los cafetales de Colombia y al sentir el calor en las coanas pienso en mi madre, en que no me ha dejado dar un paso atrás, y que gracias a eso por fin, por fin me siento en casa y por fin, por fin me quiero otra vez un poquito, y por fin, por fin ahora sí que te quiero.

lunes 2 de noviembre de 2009

COMPARTIENDO SOLIDARIDAD

El CAPITÁN CLOSTRIDIUM me ha pedido ayuda, a él jamás se la podría negar, ese viejo marinero siempre está para las buenas y para las malas. ¡Cómo le voy a negar su entrada en mi casa!
Así que os dejo su articulo, en apoyo a sus amigos, sobre como están las cosas, sobre como son las realidades a veces de las políticas en nuestro país, sobre que tal vez un granito no hace nada pero que tal vez uno a uno formen una montaña.

miércoles 28 de octubre de 2009

ALGUNOS HOMBRES INÚTILES


Esto no es un ataque personal contra los hombres ¡para nada! ¡disfruto, me encantan, me enamoran y me derrumban los individuos del sexo contrario! Este es sólo un ataque personal contra algunos hombres inútiles.
Un hombre inútil es aquel que en lugar de crecerse contra la adversidad, gimotea y se derrumba, se queda esperando que su maravillosa esposa le solucione la vida hasta en las decisiones más simples y olvida a menudo que tiene dos manos, dos piernas y un gran cerebro para hacer esas cosillas.
Mi padre es de esos inútiles (y que conste que lo digo con todo el cariño del mundo), pero nunca ha tenido que hacer ningún esfuerzo más allá de su trabajo gracias a la devoción incansable de mi madre. Ahora que tiene pintada una “ele” enorme en la barriga desde que la semana pasada su cirujano, aficionado al punto de cruz, se decidiera a abrirlo en canal y revolverle un poco las vísceras, su punto de inutilidad ha llegado a los extremos.
“tu madre trabaja mañana ¡alguien me va a tener que curar!...ya sé, le diré que salga del trabajo a la hora del desayuno y venga a casa a curarme!” , es algo bastante común en mi padre olvidar, por ejemplo, que su hija es enfermera, “¡Ni hablar! ¡cómo vas a hacerla salir del trabajo sólo para eso, ya vendré yo y te curo!”, agacha la cabeza y se resigna.
Llega el día siguiente, entro en la casa que ha sido mi casa durante 23 años, empujo la puerta y escucho una voz agónica: “¡Aquí, arriba, corre!”. Subo las escaleras de dos en dos. Mi padre esta tumbado en su cama, con su barriga al aire (igualita a la de Homer Simpson), la faja abierta a los lados, la sábana a los pies, la mirada tristona, el cuello torcido, rígido para evitar cualquier movimiento, con cara de sufrimiento y esperando desde hace 4 horas que lo cure: “¿qué haces?” “esperarte” “¿pero por qué no has esperado a que llegara para ducharte?” “ me dije ya vendrá, ya vendrá...y aquí me he quedado (trata de darme pena y hacerme sentir culpable por la hora a la que me he presentado), encima dije que me pasaría por el bar (algo parecido al bar de Moe pero lleno de tertulianos que juegan al domino) y ahora no voy a poder ir!”. Le miro con desaprobación ¡cómo puede haberse quedado en esa postura durante 4 horas, sin moverse ni un ápice, esperando y esperando a que alguien le resolviera como siempre la papeleta! Podría haberme llamado y decirme que quería salir, podría haber tenido paciencia.
Redibujo la cicatriz como el zorro con una gasa untada de povidona yodada y lo miro y me digo por qué mi madre sigue preparándole la ropa, sirviéndole la comida, recogiendo sus desastres, haciendo sus trámites y por qué él no se da cuenta de lo consentido que está, supongo que mi cerebro responde que se trata de amor, del amor de verdad.
Es igualito a Homero con su afición insana por la comida calórica, sus pantalones a la cadera en lugar de la cintura mostrando una parte de su anatomía nada agraciada, su barriga enorme, su simpleza en ocasiones y la compañía incansable de mi madre para resolverle todos los problemas.Dicen que las mujeres siempre buscamos hombres parecidos a nuestros padres en nuestras parejas, yo digo que mi madre también me hizo un poco inútil a mí y que sería un error por mi parte. Y también me digo que la culpa es nuestra, es fácil acostumbrarse rápidamente a la comodidad y convertirse en inútil, ¿para qué molestarse si sabes que alguien se encargara siempre de facilitarte la vida? Eso sí, los hombres inútiles, dan tantas cosas por sentado, que casi siempre se olvidan de dar las gracias por la suerte que les ha tocado.

viernes 23 de octubre de 2009

LA DUCHA COMUNISTA


A pesar de la sonrisa que se me ha pintado en los labios al ver al presidente de una nación hablando de esa manera, en el fondo, sé que tiene algo de razón. Mi lado derrochador me llena de pereza cada vez que tengo que pensar en la ecología. Los problemas del mundo siempre nos parecen lejanos, como meras ideas que le dan, a los que gobiernan de que hablar, aunque las campañas basadas en el poder de los pequeños gestos están cargadas de razón.
En estos días en que mi estado de nervios ha pasado a ser un continuo revoltijo en mi estomago, he puesto el tapón en la bañera y la he cargado con tantos litros de agua como cabían, he regulado la temperatura para que esté bien templadita y he echado chorros y chorros de un jabón con aroma a lavanda, espliego y romero. Sumerjo mi cuerpo y dejo de respirar bajo el agua una y otra vez, disfruto con la espuma, y en cuanto noto que el agua se enfría vuelvo a abrir el grifo para devolverle esa temperatura cálida. Creo que he pasado más de una hora ahí, dejando que la piel se me arrugue como un garbancito y teniendo cada vez más pocas ganas de volver a la rutina y al ajetreo del mundo.
Miro a Chávez hablar indignado: “¡es que hay gente que hasta canta en el baño!”, rememoro mi recital de Rocio Durcal bajo el chorro de la ducha la semana pasada, al final podía oír ligeros golpecitos en la pared a modo de súplica. No sé que tienen las duchas pero siempre son la mar de inspiradoras a la hora de buscar el minuto de gloria que todos ansiamos.
Si Hugo me conociera seguro que me prohibía la entrada al país: “señora aquí tenemos la ducha comunista, los baños están totalmente cronometrados, tres minutos totales: uno para mojarse, otro para enjabonarse y el tercero para aclararse” “¿y qué hay de mi suavizante en el pelo? ¿el tiempo de pasarme el guante de crin? ¿untarme con el peeling corporal? ¿Hacer uso de la cuchilla? ¿la mascarilla reparadora?” “¡he dicho 3 minutos! ¡qué clase de comunismo es ese que nos lleva al desperdicio!”
Venezolanos entiendo la sequía por la que estáis pasando, pero se acabó esa alegría de las duchas cantarinas y esos momentos de pasión desbordada en el jacuzzi para los amantes, porqué sí, Chávez también se ha metido con eso, con los placeres de la gente rica, y es que uno no puede ser comunista si todos no tenemos exactamente 3 minutos para la ducha, aquí los bienes se reparten por igual.
Hago examen de conciencia y me prometo ahorrar agua, aunque la ducha de los 3 minutos me parece una apuesta un tanto arriesgada ¿qué van a hacer con los que se excedan en medio minuto? Eso sí, contratar un avión y bombardear las nubes para que caiga la ansiada lluvia y se mitigue la sed a Chávez ya no le resulta tan preocupante.