martes, 28 de julio de 2015

SI EL LIMÓN TE TOCA


(La grulla en Japón representa la longevidad).

Una situación singular es aquella en que nada parece tener ni pies ni cabeza pero que tiene un sentido profundo, es inesperada, repentina y analizada con distancia parece una especie de vendaval que deja unas cuantas hojas secas para el análisis del “qué” posterior.

Un padre viene nervioso porque su madre ha muerto, la madre del padre (me da hasta la risa al escribirlo) y no quiere decirle a la hija (me refiero a la hija del padre) que la abuela (otra vez de la hija) ha muerto. Dice que la hija está muy agobiada y que padece por su salud, pero parece más bien que es el padre el que está perdiendo los papeles.

La hija se sienta en la consulta y dice que no sabe qué hace allí, que su padre la ha traído, que sólo está un poco alterada porque pensaba que hoy sería un día normal (hace una semana enterraron al abuelo materno), pero resulta que hoy tampoco ha sido normal.

Hago pasar al padre, le invito a hablar cuando se encuentren ambos mejor y lo crean oportuno y él dice:" ahora, ahora es el momento", como si quisiera asegurarse de que hubiera testigos, y le suelta la bomba a la hija y la hija lo mira seria y le dice que ya lo sabía, y él la abraza y se echa a llorar, y rebusca entre los pocos recursos que le quedan por todo lo que lleva sufrido desde hace unos días para enfrentarse al duelo.

Me parece curioso haber actuado como testigo de una intimidad sin ser de la familia, y pienso en mis duelos, los que ya llevo viviendo des de hace unos cuantos meses y la espera que nos queda y me río de las frases magistrales que dicen que hay que decir en esos casos, la verdad de la buena, es que no hay nada que decir, o al menos nada razonable.

Encontré unas tarjetas en Internet que escribió una chica con cáncer para ayudar a los que no tenemos nada razonable que decir a no meter la pata, y evitarnos soltar esas cosas tan típicas que se dicen y que no ayudan nada. Sus tarjetas pintaban palabras como estas:  “ni se te ocurra decirme que sientes mucho que esté enferma y  has encontrado un tratamiento fantástico y curativo leyendo Internet” “cuando la vida te traiga limones ( es una traducción literal) no te hablaré de aquella amiga de mi prima que murió de limones.”a veces me pregunto si mi tía opina lo mismo, si pase lo que pase espera que no abramos en exceso la bocaza.

Vuelvo al padre, a la hija, y a la madre-abuela que murió, estamos tan poco preparados para la muerte que cada uno usa sus propios recursos, un padre que buscaba el apoyo de una enfermera para no tener que enfrentarse solo a dar una noticia dura, y una enfermera que no sabe hablar de limones y que hubiera preferido no tener que hacerlo nunca, pero cuando el limón te toca, te toca, ya no puedes cambiarlo por una naranja, pero yo les dije: “Es un proceso normal, los limones se caen y luego la vida continua, es cuestión de tiempo, daros tiempo.”


sábado, 21 de marzo de 2015

LAS GUERRAS, EL CUERPO Y SU COMPLEMENTARIA MENTE


Qué paso cuando cambié de idea...

Dice mi médico que las mujeres tenemos muchas tonterías en la cabeza, que el estrés no tiene nada que ver con los embarazos, si no, ninguna mujer se embarazaría durante las guerras y sin embargo lo siguen haciendo, sin parar. Mente y cuerpo van por separado y si existe algo físico, el nivel de estrés no va a curarlo ni a empeorarlo, eso sí la actitud ante todo en la vida te ayuda a llevarlo todo mejor.

Nunca he estado más en desacuerdo con algo. Táchenme de feminista pero los hombres jamás comprenderán nuestra sensibilidad, eso de sentir que las cosas no son simples porqué sí.

Huele a incienso por todos lados, y veo cuarzo  y extraños cuadros con mensajes de agradecimientos. Nos ha abierto la puerta sin a penas saludarlos, sólo ha asentido y automáticamente nos ha dejado que tomáramos asiento mientras ella se iba a hacer otras cosas. Me pregunto si nos pone a prueba.

Cuando ha llegado nuestro turno no se ha preocupado por el motivo de la visita, sólo ha indagado sobre mi dieta, mis motivaciones, mis relaciones familiares y mis deseos, mis verdaderos deseos. Me ha mirado muy seria y me ha pedido que piense bien si quiero estar con Mito, si él no cumple su parte del trato por qué habría de cumplir yo la mía (quiero casarme y él no quiere). Él no ha dicho nada, se ha reído, pensando que ¡qué sabía aquella china occidentalizada que nos estaba dando lecciones de la vida!

Me ha puesto a dieta, me ha recomendado ejercicio (cree que estoy demasiado blanda, una gelatina diría yo, tal y como me recuerda mi hermano Pepo), mayor autoestima y menos luchar conmigo misma aludiendo a esa frase mítica de “tu cuerpo es lo único que tienes, trátalo bien”, me ha dicho que busque lo que de verdad me motive y que abandone de una vez los sueños incumplidos de mis padres que han hecho de mí alguien continuamente insatisfecha, que elaboremos un pacto de mejora entre Mito y yo para aumentar aún más nuestra armonía y que me ahorre durante tres cuatro meses el dinero que me piden los médicos convencionales. Todo esto en dos horas de visita.


Así que puede que no haya dicho nada de lo que nos pasa pero he entendido a la perfección que en las guerras reales, los niños, tal vez, sean la única esperanza de que las cosas cambien, por tanto, la mente quiere que el cuerpo avance. Aquí hay una guerra conmigo misma y primero hay que firmar tratados de paz para que la cosa funcione, por mucho que la medicina de siempre aún se esfuerce por creer que cuerpo y mente van por separado. Otro ejemplo más de ese enorme ombligo donde nos miramos. 

lunes, 16 de febrero de 2015

MI IDEA DE LAS APARICENCIAS


Si lloras fuerte nadie lo sabe. Sólo tú y yo. Mi narcisismo y tu parentilización tampoco nadie lo conoce. Sólo tú y yo. Has dicho que era sólo una broma de la psicología, nada que se ajuste a la realidad. Y mientras me deshacía en llantos por mi infancia traumática tú no entendías nada, nada del perdón y de la obstinación a seguir demandando que me acepten, y ese perdón que me hace comportarme tan bien con los demás y tan retorcidamente mal contigo. Pero volvemos al principio, nadie lo sabe, sólo tú y yo, y guardamos el secreto, el secreto de las apariencias, del mar en calma, nadie oye mis gritos, ni tu desesperación, y todo sigue como nada, y cada vez nos sale mejor la sonrisa, pero dentro todo se convierte en arena, miles de granos que se esparcen y es imposible encontrarlos todos para volverlos a juntar. Y cuando estoy a punto de rendirme, me convences con frases como esta: “ Cuando el amor no es una locura no es amor”. Lo único que temo es volverme realmente loca.


Reflexiones sobre lo que parece y no es en una supuesta pareja. 

jueves, 29 de enero de 2015

ONSEN


En julio cruzamos medio mundo hasta Japón, supongo que tenía ganas de: sushi, zen, manga japonés y de confirmar que mis ideas preconcebidas eran ciertas.

En Japón es costumbre ir a los Onsen, son una especie de baños públicos que tienen una particularidad: el fin no es limpiarse si no relajarse. Te obligan a lavarte primero sentado en un tamborete echándote cubos de agua para luego sumergirte completamente desnudo en las aguas calientes. Dicen que lo de estar desnudo tiene que ver con favorecer la igualdad, despojado de todo, cada uno de nosotros acaba siendo igual al de al lado.

Confieso que entré emocionada en esos baños, hasta que vi diez cara orientales curiosas que observaban mis más que evidentes rasgos occidentales y agachaban la cabeza mostrándome la gran educación que profesan en todo momento.


Igualmente respiré profundamente y  tiré para adelante, encontrándome con toda la piscina para mí, fue un onsen a medias,  pero onsen al fin y al cabo.

El que no lo pasó tan bien fue Mito que se negó a quedarse a solas con una especie de luchador de sumo y lo encontré esperándome con la mandíbula apretada tras veinte minutos de sufrimiento en la antesala (los baños de hombres están separados de los de mujeres) mientras yo le ofrecía una sonrisa airada. 

Mira que lo quiero, pero a veces me hace pensar que le da demasiada importancia al cuerpo, ¡cómo casi todos! lejos de ser una cosa bella a veces parece el causante de nuestra vergüenza ¡y no! ¡no, no! A mí que me condenen pero este cuerpo serrano ¡bajo el prisma de veinte ojos rasgados o no! está firmemente dispuesto a creer que eso del onsen funciona y que bueno, lo del cuerpo, la piel, el color, mis ojos almendrados, es sólo  una cuestión secundaria. Creo que con tanto rechazar nuestro cuerpo dejamos de amarnos y yo para ser fiel a los no propósitos del año, he dicho que os voy a querer, que le voy a querer pero sobretodo que me voy a querer muy MUCHO . AMÉN.