martes, 17 de enero de 2017

HYGGE Y NUNCA COMPRES POR UNA PÁGINA DE INTERNET SIN TOMARTE MEDIDAS


Perdonadme que sea patética por unos instantes pero anoche  me di cuenta que a veces el pequeño chip gafe que todos tenemos instalado en nuestro cerebro decide poner el piloto por cuenta propia y toma el control, así por las buenas sin que puedas hacer nada.

Este año la filosofía hygge (comodidad, bienestar, relax…) importada de los daneses,  me ha llevado a intentar organizar las Navidad con la mayor tranquilidad posible con momentos en los que los más importante era: un tocadiscos haciendo sonar toda una colección de discos que a mi padre le regalaron por sorpresa, una infusión de canela y jengibre, la chimenea de bietanol haciéndome creer que estaba en una cabaña, y un libro, el que fuera, pero que alimentara mi mente.  Algo así como la búsqueda del bienestar, disfrutar del momento en soledad o en su versión compartida en petit comité, con una cena agradable y una conversación aún más reconfortante. Sí, visto así, el hygge mola, por eso los escandinavos son los más felices del mundo, buscan ese momento durante el día sea como sea.

Así que me negué a meterme en un centro comercial y ponerme a comprar regalos como loca, demasiado estrés y agotamiento para mis neuronas, decidí ser una chica "moderna" y hacer las compras online con autoregalo incluido, el hygge te enseña a tomarte las cosas con calma: pasear, compartir con los tuyos, jugar a juegos de mesa, pero nunca, nunca ir a un centro comercial en plenas Navidades.

El autoregalo anoche me pareció horroroso, un pijama de satén rosa que en el cuerpo de la china, que debía tener una 36,le quedaba estupendo pero que a mí me queda como si fuera una especie de botijo, vamos que en lugar de camisón me queda tipo camiseta. Mito me miraba y alucinaba con mi pijama nuevo mientras yo le sonreía y le decía: “¿a qué me queda bien?” y el pobrecito ponía cara de circunstancias y luego alguna frase de un humor tan suyo: “ qué guay tu pijama nuevo”, si no escuchara el tono no sabría cuánto me está mintiendo, y como a veces nos ponemos cabezonas, por no dar mi brazo a torcer y aceptar que el pijama no lo iba a poder usar porque no me venía, dormí enfundada en esa especie de tortura, casi sin poder respirar y claro a la que me giré en la cama, escuchamos los dos perfectamente el sonido de una costura, eso sí ninguno de los dos dijo ni una palabra.


Moraleja: una M en una página china es igual a una XS, los camisones de satén rosa tienen mucha electricidad estática (no acercarse al metal),  prácticar Hygge ayuda a ser feliz en serio (filosofía de las pequeñas cosas), también reírse de una misma aunque sea enfundada en algo que no te deja ni respirar. 

lunes, 9 de enero de 2017

NO ME LLAMES DOLORES LLÁMAME LOLA, O SIMPLEMENTE NO ME LLAMES NADA


Vamos a estrenar año, se me hace raro que esto haya arrancado ya, en medio de cientos de comilonas, kilos que se acumulan y propósitos que se repiten incesantemente para acabar en el mismo rincón de la falta de voluntad. Realmente somos altamente predecibles.

Antes de que acabara el año una de las chicas apareció por el pasillo con un traje de luces gritando para felicitarme la Navidad, me pareció que era muy feliz, aunque las ideas que nos hacemos de las cosas puedan estar altamente equivocadas.

Unos días después vino a la consulta a explicarme una pequeña historia de enfados y de etiquetas, no sabéis cuánto rechazo las etiquetas, sin embargo las necesitamos para justificarnos y dar una explicación aceptable a lo que somos. Había discutido con su pareja por algo tan estúpido como quedarse dormido mientras veían una de sus películas favoritas, le parecía muy injusto que él hubiera sido capaz de romper de esa manera “tan desastrosa” un momento tan especial: los dos bajo la manta, compartiendo una historia irreal y de repente, él había desconectado totalmente del momento.

La discusión que a veces nos hace dramatizar hasta extremos insospechados, la había llevado a una petición de divorcio y una pérdida total de papeles. Pero lejos de ver ese comportamiento infantil en el que nuestros actos se rigen por: “quiero esto, lo quiero ya y si no me lo das berreo”,  se justificó en la explicación que le había dado él: su trastorno de personalidad, seguramente un psicólogo o psiquiatra experto le había dado la correspondiente etiqueta que a partir de ese momento le había licitado para justificar cualquier acto absurdo. Yo no tenía ningún diagnóstico en mi historial pero también podía recordar algún momento en que presa del dramatismo me había dejado llevar a extremos insospechados y me había montado en el burro incapaz de aceptar que estaba siendo irracional. 


Tal vez no es el papel que me corresponde pero la regañé por etiquetar las cosas, por darles nombres que no eran, por ponerse límites a ella misma, por no intentar ser diferente y ser más feliz, porqué ahora el diagnóstico lo era todo, el motor de su mini mundo y las categorías me llevaron a las identidades tan complejas que no se sustentan por una sola etiqueta. 

viernes, 30 de diciembre de 2016

INVENCIBLE


Empecé el año eligiendo un mantra que debía repetir a diario, en realidad por si el primero no me funcionaba me quedé con dos: “Me siento cada día mejor en todos los sentidos” y “tengo un don y tengo que aprovecharlo”, al respecto del segundo me he estado esforzando todo el año por encontrar realmente aquello que se me da bien y la verdad, no lo  tengo claro, pero sigo leyendo el libro de Ken Robinson encuentra tu elemento”, por si algún día descubro mi pasión y transformo mi vida. Sobre el primero creo que me ha ayudado muchísimo a cumplir mi primer objetivo del año.

Mis objetivos del 2016 fueron: encontrar la paz interior, recuperar mi energía, sentirme realizada (hacer otra carrera, otro máster…), vivir experiencias interesantes y aprender cada día cosas nuevas, ser más saludable (hacer deporte, dejar de comer compulsivamente…), no tener problemas económicos, reír mucho, ser buena en algo (mediante un intento frustrado de redactar un libro que me aburre hasta mí) y tener un hogar acogedor y bien decorado.

Y ahora que se acaba el año, creo que no tengo ganas de cambiarlos, que los tengo a medias pero me he esforzado porque se cumplieran.

2016 ha sido un año muy duro: enfermedades de padres y madres, intentos frustrados de ser madre, cambios de trabajo…pero también ha habido cosas muy buenas: amigas que se casan, bebes que vienen a conocer este mundo, viajes que me han llevado a enamorarme de Santander, Córdoba, Teruel y Canada; y mi boda con Mito, que sorprendente fue un día muy feliz, de los más felices de mi vida y en el lugar que yo quería, en la casa de mi abuela, donde hay magia,  porque allí cada uno de mis primos y yo hemos dejado nuestra infancia, una infancia probablemente bastante feliz, y donde entre los pasillos alargados aún me parece sentir a mi abuela que me enseñó que la vida hay que lucharla y que sólo una cosa te puede dar tanta fuerza para sobrevivir a la tristeza: el amor, amó tantos a sus hijos que era invencible.  

Yo no soy invencible como ella, pero tengo lo más importante en la vida: amor, amor de mi familia, de mis amigos, de mi pareja y así cuando balanceo como cada diciembre el año, me doy cuenta que a pesar de lo que yo creía 2016 no ha sido malo, sólo me ha hecho más fuerte.


Feliz 2017.

jueves, 22 de diciembre de 2016

TRAS LA SOMBRA ALARGADA ESTABA EL CIPRES


Que poco conscientes somos de las cosas hasta que alguien nos hace reflexionar sobre ello. Mientras devoraba una tostada frente a mi taza de Mr. Wonderful , de fondo escuchaba las noticias, sé que va contra todas las normas del Karma empezar el día con mensajes negativos, pero yo no puedo evitar sentir cierta curiosidad por lo que pasa en el mundo, eso sí, después de haberme repetido frente al espejo, tras una buena ducha, las 100 afirmaciones positivas que me aseguran que el día va a ser perfecto. 

Así que la noticia me llegó como un pequeño rumor: un periodista asesina a su esposa…y luego mi cerebro, ya sensibilizado, decidió aparcar el evento a un simple “acto más de violencia machista”. Como si lo que había sucedido no fuera lo suficiente importante, tan acostumbrados como estamos a: asesinatos, robos, guerras, incomprensión ante el comportamiento humano, a veces ni siquiera somos capaces de asombrarnos ante ello.

Pero la noticia en sí era tan machista como el propio acto y a esta conclusión me llevaron las reflexiones de Ada Colau, salvando ciertas discrepancias que tengo con ella, en este tema le doy toda la razón: “Un hombre ha asesinado a una mujer en Barcelona. No digo 'su' mujer aunque estuvieran casados, porque precisamente el hecho de considerarla 'suya' ha sido, en este caso, el injustificable motivo de este horrible crimen. Resulta que el hombre era conocido, un periodista famoso. La mujer era médica en un ambulatorio de barrio. Los primeros artículos de prensa se llenaron de datos sobre la biografía de él. Nos explicaban su vida profesional, sus logros, sus apariciones públicas y opiniones políticas, también nos daban detalles de su enfermedad, de su reciente operación. De ella ayer no sabíamos ni el nombre, porque los primeros titulares hablaban de 'su esposa', y siempre de forma pasiva, como objeto directo de oraciones en las que el sujeto era él, el asesino. Que él la hubiera matado parecía algo secundario porque la noticia era que él, alguien importante, había muerto…habrá tiempo para los matices, habrá tiempo para los detalles de interés periodístico, pero la noticia que hoy debe interpelarnos, la que debemos exigir por rigor y por justicia, es esta: 'La doctora Victòria Bertran ha sido asesinada por su marido'". Hoy lo importante no es él, sino ella, y el injusto sufrimiento de su familia, amigos y compañeros de trabajo, a quienes esta ciudad acompaña en su dolor.”

Y que razón tiene, nos perdimos en lo que no importaba, y olvidamos a Victòria, compañera del mundo sanitario, y lo dicho si Ada no hubiera escrito yo ni siquiera me hubiera dado cuenta.